Parlamentario madeirense nacido en Venezuela aspira a un tercer período

Parlamentario madeirense nacido en Venezuela aspira a un tercer período

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Roberto Rodrigues llegó a Madeira hace 30 años, oriundo de Petare. Desde entonces ha sido diputado municipal y vereador en Cámara de Lobos y ha completado dos ciclos en la Asamblea Legislativa de Madeira

Julio Materano

Con un cargo de peso en el Parlamento Regional de Madeira, Roberto Rodrigues, hasta ahora el único diputado local nacido en Venezuela, entró a la política por la puerta más inusitada. Su incursión fue quizás por el camino menos partidista, probablemente el más tardío. No porque le fatigaran los problemas de su entorno, sino por la escogencia de un terreno de formación ajeno para los discípulos de la política, al menos en Venezuela: el Movimiento Scout. Como exmiembro entusiasta de los campamentos al aire libre, no es disparatado asegurar que sus primeros pasos fueron una expedición por las entrañas de una isla que estaba en plena mudanza, que apenas se descolgaba los atavíos de la dictadura de Salazar.

Roberto Rodrigues, quien ahora aspira a un tercer período como parlamentario, llegó de Petare a la tierra de su padre a los 17 años de edad. Lo hizo con el trueno de El Caracazo instalado en la memoria familiar. El aturdimiento de aquel estallido social, ocurrido en febrero de 1989, fue el verdadero detonante de su despedida de Venezuela. El cambio de país en la antesala de su adultez no solo le devino en una vida tranquila , también le deparó su debut en la política local como dirigente de la Juventud Popular del CDS.

Con el reconocimiento que logró capitalizar en la comunidad de Cámara de Lobos, donde fue jefe del primer grupo de Scout,  más tarde consiguió hacerse espacio en la escena social. Su arribo a la Madeira más agreste, que entonces lucía como un bosque de grúas mecánicas dispuestas para construir lo que todavía no se había hecho, despertaron su asombro por el bloque y el cemento, una admiración que supo conjugar con su gusto por el grafito y el papel, dos herramientas con las que solía dar rienda suelta a su pasión por el dibujo. Porque, hay que decirlo, Rodrigues también es arquitecto. De ahí su pasmo por las edificaciones espigadas, su inclinación por el diseño y las construcciones formidables que aspiran a la eternidad.

Con una maestría en Arquitectura en la Universidad Autónoma de Lisboa y otra en Ordenamiento de Territorio, Rodrigues tiene todo el criterio técnico para aportar luces a la anémica industria agropecuaria de la isla. A diferencia de su padre, quien fue comerciante durante toda su vida, su vocación parece venirle de la calle. Tres años en las filas más pueriles del CDS fueron escuela y punto de partida para su carrera en la administración pública, una actividad prolífica que en 2004 lo puso en la contienda política para ser electo como diputado municipal en Cámara de Lobos, donde se hizo con una curul.

Su gesta fue el resultado de un trabajo minucioso, seguramente de años, en el que logró implantar su partido para ganar adeptos entre las comunidades sencillas. En 2008 fue electo «vereador» (una especie de concejal)en ese mismo municipio. Y en 2011, cuando los partidos atendieron el llamado para las elecciones regionales, su nombre formó parte del cuadro de gobierno postulado por su tolda para la Asamblea Legislativa de la Región Autónoma de Madeira, integrada por casi medio centenar de parlamentarios. Fue el séptimo representante del CDS en la lista de 9 escaños que obtuvo el partido.

En 2015, cuando hubo nuevos comicios regionales, hizo nuevamente parte de la lista del partido. Pero quedó fuera de los 7 escaños que se anotaron y solo pudo integrarse al hemiciclo con la salida de un colega. El CDS era entonces la segunda fuerza de poder en el parlamento. Tenía derecho a presidir una comisión, en este caso la de Ambiente y Recursos Naturales y tal vez quien mejor que Rodrigues parece moverse como pez en el agua.

Han sido precisamente los temas más neurálgicos de la economía de la isla, una región arrimada al regazo del turismo, los que ha tenido que debatir. «El turismo es importante para la isla, pero hay áreas de la economía que han dejado de aprovecharse «, dice. Su lectura no es casual. Una de las áreas en detrimento es precisamente la agricultura, cuyos balcones de cultivos, algunos centenarios, han desaparecido de la geografía urbana.

«Estos espacios que son las mesetas cultivadas, que se visualizan desde las vías rápidas de Madeira, no son solo lugares de siembra, también forman parte de la imagen, del panorama turístico que brinda la isla», postula. Rodrigues explica que esos balcones, construidos con roca y concreto, también tienen una función práctica: evitar los deslizamientos de terrenos. Y considera necesaria su recuperación.

«Con los muchos fundos europeos que se construyeron a finales del siglo pasado la gente dejó el campo y se marchó a la ciudad. Ahora no hay quien siembre», advierte y retrata con una estadística oficial la preocupación. En Madeira la agricultura, la pesca y las actividades agropecuarias apenas suman 2% del Producto Interno Bruto. Mientras en otras regiones como Açores, suponen un tercio de su economía, según sus estimaciones. Su propósito, dice, es rescatar y salvaguardar la capacidad productiva de una isla que otrora fue el granero del continente.

«Somos una isla con 250 mil habitantes. Tenemos un problema de escala. Hay que reconocer que las condiciones económicas no son las más atractivas y difícilmente las grandes marcas quieran poner sus industrias acá, no tenemos espacios para ellas. No hay escala. Aquí no te ganas mucho dinero en poco tiempo». En cuanto a los alcances de la comisión que preside en la Asamblea Regional, esboza uno no menos importante: el Gobierno Regional ha dado los primeros pasos para sustituir la flota de pesca. Un logro que se arroga el CDS por su presión desde la comisión.

En torno a la promoción y el apoyo a lo hecho en casa, dice que desde hace varios años se han aplicado ciertas políticas para priorizar el consumo de artículos locales en cantinas sociales, colegios y hospitales. La idea es llevarlo a escala regional, como lo ha hecho las Canarias y Açores. Pese a todo el esfuerzo, el turismo no deja de ser el gran motor de la economía, un escenario que, a juzgar por la tibieza del Gobierno Regional para dinamizar la economía, permanecerá invariable durante los próximos años. «Anteriormente mandábamos tomate, lechuga y pepino al continente pero la logística para movilizar la producción está monopolizada. No hay transporte marítimo».

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