Pasajeros con problemas de salud tienen prioridad en vuelos de repatriados

Josefa Escobar, venezolana con ciudadanía portuguesa, llegó para atenderse una leucemia en el Hospital Universitario de Coimbra

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Delia Meneses

La escasez de insumos que mina la salud de los pacientes con enfermedades crónicas obliga a los portugueses radicados en Venezuela a salir del país en busca de atención médica. La vulnerabilidad de la red hospitalaria impone una ruta de regreso urgente a Portugal, la tabla de salvavidas para quienes libran su propia batalla contra una enfermedad que pone cuenta regresiva a la vida.

Es el caso de Josefa Escobar, una venezolana con ciudadanía portuguesa que, al igual que otros pasajeros desembarcados en Lisboa el pasado 7 de octubre —durante el último vuelo de carácter especial organizado por el Consulado de Portugal en Caracas— expuso motivos de salud para salir del país.

Con su salud amenazada por una leucemia contra la que lidia desde hace al menos 14 años, Josefa, quien hace vida en el estado Miranda, cuenta que debió dejar Ocumare del Tuy para cumplir con un protocolo médico anual, una rutina que a diferencia de otros años debió aplazar a inicios de 2020 por fuerza de la pandemia que paralizó las conexiones aéreas y los servicios médicos a escala mundial.

Su caso no es una isla. De los 295 pasajeros que desembarcaron el 7 de octubre en Lisboa, buena parte de ellos debió alegar razones de salud, motivos legales y familiares para dejar Venezuela. Algunos, temporalmente. Otros, quizás de por vida.

«No vengo de paseo a Portugal, llegué para retirar un tratamiento médico que debo tomar de por vida para evitar el progreso de mi enfermedad», cuenta Escobar. Para ello, debe acudir a una junta médica en el Hospital Universitario de Coimbra, donde le suministran el tratamiento de alto costo.

«Hace un tiempo podía conseguirlo en Caracas, en Badan, un banco privado de medicamentos, que vende tratamientos oncológicos, pero la escasez de insumos, el encarecimiento de los fármacos y la crisis del país me imposibilitan el acceso a mi tratamiento en Venezuela. Aunque lo quiera comprar, no podría hacerlo», asegura.

Su arribo a Portugal, al igual que muchos, es una historia de persistencia, pues cuenta que debió inscribirse en una lista de espera en la Agencia Atlas, a donde acudió para asegurarse un puesto en el vuelo promovido por las autoridades de Portugal y que desde Venezuela tuvo una connotación de humanitario.

De momento, su prioridad no deja de ser su salud. Josefa, quien tiene residencia en Aveiro, cuenta que al igual que ella otros pasajeros desembarcaron en Lisboa en busca de atención.

«Tengo que tomar tres comprimidos diarios de Hydrea, que es un compuesto indicado en el tratamiento de ciertas enfermedades de la médula, y que no me puede faltar».

Escobar recoge el sentir de la mayoría de los pasajeros al calificar como una sorpresa desagradable el tener que pagar 100 euros en el aeropuerto de Lisboa por una prueba para descartar el virus del Covid-19. «Nos cayó muy mal, las personas estaban muy molestas, nadie tenía conocimiento de la prueba de Lisboa. Gracias a Dios, yo y mi esposo la pudimos pagar, pero había familias que no tenían los recursos para costearla. Debieron habernos informado ese pormenor con antelación. Además todos traíamos nuestra prueba de Venezuela».

Josefa llegó en el tercer vuelo de carácter especial organizado por las autoridades de Portugal, y el primero operado por la aerolínea TAP. Está previsto, para finales de octubre, un cuarto vuelo destinado a repatriar portugueses, ya que existe una lista de 490 personas inscritas en el Consulado General de Portugal en Caracas, de las cuales 210 son oriundas de Madeira.

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