Pasajeros varados en Madeira se ven en la necesidad de buscar trabajo

A la sanción de 90 días impuesta conta la TAP, cuyo plazo se cumplió el pasado 17 mayo, ahora se le suman las restricciones impuestas por la pandemia

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Julio Materano

Ahora que en Europa la mayoría de los países se las arregla para avanzar con el desconfinamiento, el vendaval tras la escalada de la pandemia no deja de ser una metralla de incertidumbre para los portugueses, varados en Madeira, que pretenden retornar a Venezuela.

En la isla, donde la comunidad lusovenezolana se asienta con mayor vigor, algunas familias  dicen no tener fecha de retorno a casa. Lo que en muchos casos fue planeado como una visita relámpago terminó por convertirse en un viaje sin fecha de caducidad.

La falta de presupuesto para pagar los servicios básicos, cubrir la comida y toda la gasolina que no estaba prevista, ha truncado los planes familiares al otro lado del Atlántico. Es el caso de José Luis Gonçalves, un lusovenezolano nacido en Valencia, que después de 15 años regresó a Madeira para reencontrarse con sus tíos y primos.

Su viaje se matizó de vacilación en febrero cuando el gobierno de Maduro sancionó a la TAP, la aerolínea portuguesa con la que había volado hasta la tierra de sus padres y con la cual había fijado su regreso a Venezuela. Gonçalves dice que aún no sale del asombro por todos los contratiempos conjurados por su primer viaje en familia.

Llegó en diciembre a Portugal para marcharse la última semana de febrero. Entonces creía que era el mejor viaje de siempre. Esta vez, a diferencia de la última vez, llegaba con dos hijos y una esposa que anhelaba pasear por el archipiélago.

Pero todo cobró cierto aire de incertidumbre y desespero cuando llegó la pandemia y a la familia, que se resguardaba en una propiedad de sus padres, le empezó a faltar el dinero para ir al mercado. Entonces todo era ambigüedad, medidas sin fecha de caducidad y saludos distantes. Con un viaje de casi medio año encima, han tenido que vivir de aportes familiares.

Su caso no es una isla en este mar de incertidumbre donde algunos se encuentran a la deriva. La ausencia de respuestas de parte de TAP y las medidas a medio camino fuerza a algunos a incursionar en el campo laboral, mientras pasa la crisis. Pedro Abreu, un lusovenezolano dedicado al ramo de la ferretería en Maracay, que llegó a Portugal el 15 de febrero, está dispuesto a emplearse en cualquier área. Al igual que su esposa, que siendo administradora, busca capitalizar un empleo como repostera, un área en la que se ha formado en Venezuela. La espera en el país ibérico le ha consumido buena parte de su presupuesto y dice que le urge un empleo.

«TAP prometió hacerme un reembolso, por lo cual debía esperar un mes. Pero ha pasado más tiempo y aún no he recibido una respuesta certera», agrega este ingeniero industrial, quien no descarta atender mesas en la isla. «De momento, creo que me veré obligado a estar un tiempo más, mientras se hace efectivo el reembolso y reanudan los viajes aéreos», afirma.

Hace más de dos meses que Abreu debía estar en Venezuela, pero todo ha jugado en su contra. Tanto Abreu como Gonçalves  se saben parte del saldo negativo que deja una reyerta que tiene origen en la política interna de Venezuela y que salpica a quienes se desplazan entre Caracas, Lisboa y Funchal.

Martha Gouveia, una venezolana con ascendencia portuguesa que llegó en enero a la isla para visitar a su madre de 87 años, asegura que vive un destierro impuesto.

La medida, tomada el 17 de febrero por las supuestas irregularidades que se habrían producido en el vuelo procedente de Lisboa que trajo de vuelta a Venezuela al líder opositor Juan Guaidó, mantiene en vilo a cientos de usuarios que destinaron todo su presupuesto a la compra de un pasaje que, sin saberlo, los conduciría a tierra de nadie: el limbo a donde fueron embarcados quienes reclaman a TAP Air Portugal el reembolso de un boleto que jamás pudieron usar por fuerza de las sanciones.

David Pinho, quien regenta una agencia de viaje en Caracas, asegura que las medidas impuestas contra la TAP ocasionaron pérdidas millonarias a quienes se dedican al ramo. «Cuando se anunció la medida, tuvimos que endosar boletos a nuestros pajeros para que pudieran llegar a sus destinos. Muchas agencias tuvieron que pagar dos veces un boleto para responder a sus clientes y la devolución, prometida por la compañía aérea portuguesa, nunca llegó», critica.

Según el portavoz de la agencia Viajes Pinho, existe una suma importante de dinero en el limbo que algunos dan por perdida. En su caso, que es considerado el segundo vendedor de los destinos Porto y Lisboa en Venezuela, el monto atribuido a la pérdida ronda  los 70 mil euros. «La gran pregunta es cómo vamos a recuperar el dinero de los boletos. Ahora mismo hay una gran discusión  en la Asociación Internacional de Transporte Aéreo por esa situación», agrega.

El diputado al parlamento Regional de Madeira por el PSD, Carlos Fernandes, cuestiona la respuesta del Gobierno frente a los reclamos de la comunidad en Venezuela. En una intervención realizada en el hemiciclo de Madeira, el legislador lusovenezolano sostuvo que la suspensión de los vuelos por 90 días, aparta a una de las mayores comunidades portuguesas en América Latina. «La segunda mayor comunidad portuguesa está sin conexiones aéreas con su tierra».

A todo el drama, que empaña la imagen de la TAP en Venezuela, se le suma la escasez de combustible, la incertidumbre jurídica en el país y el desconcierto político en el país. Sin embargo hay quienes aguardan en listas de espera para ir a Portugal. Se especula que TAP podría incluir a Curazao como un lugar de escala para abastecer de combustible a sus aviones una vez que se retomen las operaciones en Venezuela.

Con más de 100 pasajeros por resolver, Pinho espera que la situación se normalice a finales de junio para estrechar los plazos de espera. Pese a la paralización de las operaciones de TAP, Pinho asegura que algunos de sus clientes debieron salir como repatriados a Portugal, cuatro de  ellos en un primer vuelo y luego, otros siete de Maracay, en un segundo vuelo promovido por el Gobierno Portugués en la nación suramericana. «Algunos de los repatriados que entraron a Europa por Madrid tuvieron que viajar en autobús hasta Lisboa y algunos demoraron tres días en llegar a sus destinos», advierte.

El usuario Pedro Gonçalves asegura que muchas familias que tenían años sin ir a Portugal quedaron atrapadas en Madeira, con gastos por resolver. «Centenares de personas quedaron varadas». En su caso, los problemas vienen por partida doble. «Al presentarse todo el inconveniente político con TAP decidí adquirir unos nuevos boletos por Estelar, pero tampoco pude salir del país, esta vez por la pandemia. Mi esposa, que sí pudo viajar, logró salir dos días antes de que se decretara la cuarentena».

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