Pintor de Cagua se despide de Madeira con una exposición

Pintor de Cagua se despide de Madeira con una exposición

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Douglas González Flores cursará estudios de artes en España donde espera profesionalizarse

Julio Materano

La marcha escurridiza de una espectadora fortuita en la sala, una rauda como el resto de quienes visitan el salón, precipita la parsimonia a tierra. Douglas González, el autor de las obras en exhibición, parece un manojo de nervios. Cruza sus brazos, los divorcia y entrecruza, a la velocidad de un parpadeo, sus dedos. Habla con detalles de su trabajo. Bate las manos mientras lo hace, agita su mirada efusiva. Y en segundos, está de nuevo con los brazos atados sobre su pecho. Se paraliza. Es una metralla de reflejos y de dictámenes de verdad, como uno de sus cuadros, quizás el más dramático: «Reflexo»— así, en portugués—que retrata el valor de los bienes materiales y de las ideologías por encima de la vida, un derecho que algunos insisten en someter a debate.

La espectadora que no tarda en sumergirse en esa pieza, antes se posa frente al retrato en blanco y negro de Diana de Gales, la princesa del pueblo. Pone su atención sobre la corona, una tiara con acabados de vidrio molido, que juntos dan relieve a la joya que acapara miradas. Esta pieza al igual que otras es imponente, sublime y sobria al mismo tiempo. Tal vez sea, junto con Cristiano Ronaldo, uno de los retratos más universales pintados por González, el joven de 21 años que llegó a Madeira, oriundo de Cagua, estado Aragua, en busca del sueño europeo, una pretensión de vida con la que aspira ayudar a su familia y con la que además anhela profesionalizar su arte.

Douglas tiene año y medio fuera de casa. En Madeira ha preparado pizzas y ha sido almacenista de frutas y verduras. Con una disciplina férrea se ha dedicado también a crear. 17 cuadros componen la exposición que desde el 7 al 14 de octubre se exhibe en la sala de la Secretaría de Turismo y Cultura de la Región. Ahora quiere viajar a España para estudiar y materializar su arte, que es también su sueño más recurrente, uno que se traza con acrílico y pincel.

«Llegué a esta isla con un primo, con el deseo de que las personas conocieran mi potencial y, a pesar de algunas dificultades, en mi búsqueda me topé con experiencias que me enseñaron que son más importantes las personas con las que crecemos espiritualmente, que el crecimiento material», sostiene.

Hoy, Douglas, quien incursionó en el óleo y el caballete precozmente, cuando apenas tenía cinco años de edad, tiene una máxima de vida. Cree que en las ocasiones de necesidad es cuando surgen las mejores ideas, como la exposición que lleva su nombre, una muestra que es el debut y la despedida de un artista joven que supo cautivar a más de uno. Incluso a la familia de Cristiano Ronaldo, a cuyo hermano Hugo Aveiro, le pintó, por encargo, un cuadro junto a sus hijos y esposa.

Fue tal vez la suerte en la que le devino su intento de llamar la atención de CR7, el madeirense más universal, a quien lo homenajeó con una pintura que retrata tres generaciones: Cristiano Ronaldo junto a su padre Dinis Aveiro y su hijo Cristianinho. Aquella pieza lo hizo noticia. Apareció en las emisiones estelares y las principales páginas de los impresos por pintar al astro del fútbol con su familia. Le tomó una semana acabarlo. Douglas recuerda que su estrategia fue pintar frente al Museo CR7 para llamar la atención, una estrategia que le dio resultados. Su mayor sorpresa ocurrió un día en el que Nuno, el primo de Cristiano y administrador del museo, lo hizo pasar al recinto para ver su obra. Aquello fue, recuerda Douglas, con un trago amargo, una burla.

«Dijeron que Cristiano tenía el ojo torcido, prácticamente que estaba tuerto. Y empezaron a reirse. Recuerdo que, cuando hice el cuadro, me cansé de medir el boceto para que todo saliera bien. Fue un momento muy desagradable porque se burlaron de mi trabajo en mi cara», recuerda. Sin embargo, logró su cometido. Aun cuando no pudo darle el cuadro personalmente a Cristiano Ronaldo, su obra adorna una sala de juegos del crack del balonpié, en su casa de Madeira.

El mérito de Douglas, que ha sido el único artista en pintar al deportista frente a su museo. Fue un logro importante que le deparó una nueva oportunidad, el encargo del retrato de la familia de Hugo Aveiro, un cuadro por el que solo le dieron 200 euros, de al menos 2000, el monto estimado del trabajo.

En Madeira ha desarrollado la paciencia, la disciplina y la constancia. «Al boceto del cuadro de Cristiano, su padre y su hijo, le dediqué dos o tres horas diarias, tenía que quedar perfecto o casi perfecto. Luchaba con el sueño y me levantaba temprano para dibujar antes de ir al trabajo. Cuando me paraba tarde y no podía hacerlo sentía que era un día perdido».

A Douglas no solo le ha ayudado madrugar, también contar con el apoyo de su entidad patronal, el supermercado São Roque, donde ha conseguido el auxilio para conciliar sus anhelos laborales y artísticos. Su jefe le prohibió asumir horas extras en el negocio para que pueda dedicarse a su sueño: ser reconocido como un artista.

Es una herencia que recibió de su papá, nativo de Catia, quien de niño dibujaba a figuras como Bruce Lee o el Che Guevara y vendía los diseños para comprarse cosas. A Douglas, en cambio, lo iniciaron en el mundo de las pinceladas cuando tenía 5 años para mantenerlo ocupado y atenuar sus constantes travesuras.

A este artista de calle lo crío su tía y una prima, ambas asumieron los roles que dejó su madre de forma prematura al fallecer en un accidente de tránsito cuando él tenía 8 ochos. En las lides artísticas, su padre fue su primer crítico.

«Siempre soñé con este día, con mi primera exposición, por la cual luché y lloré tanto. Si crees que llorar te hace un hombre más débil, entonces estás equivocado. Llorar te hace humano. Yo pensé que había alcanzado mi objetivo, pensé que era autosuficiente, hasta que entendí que no sabía nada y que todavía tengo muchas preguntas y mucho por aprender. Fue en ese momento que comprendí que mi sueño estaba tomando forma, la búsqueda del conocimiento se apoderó de mí, por lo que he decidido continuar mis estudios. Esta exposición, que inicialmente tenía como objetivo una satisfacción personal, ganó ahora un nuevo propósito: invertir en mis estudios y compartir todo mi potencial con el mundo».

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