La imagen de esta semana muestra la Plaza de los Restauradores, ubicada en capital de Portugal, Lisboa y pertenece a Horacio Norvais. El lugar conmemora la liberación del país del dominio español en 1640. En el retrato se puede observar como centro de impacto visual al obelisco y delante de él mismo, tres vehículos que datan de la década de 1940.

Su principal característica es el obelisco en el centro de la plata. Las figuras de bronce del pedestal representan el triunfo y con una palma y una corona, la libertad. Los nombres y fechas que están grabados a los costados del obelisco son las batallas de la Guerra de la Restauración.

El proyecto del monumento es de autoría de António Tomás da Fonseca, y las estatuas alegóricas (Independencia y Victoria), de Simões de Almeida y Alberto Nunes.

Algo de historia

La Guerra de la Restauración Portuguesa fue una sucesión de enfrentamientos armados entre el reino de Portugal y España, exceptuando el Principado de Cataluña. Esta confrontación comenzó con el levantamiento por la Restauración de la Independencia del 1 de diciembre de 1640 y culminó con el Tratado de Lisboa de 1668, firmado por Alfonso VI de Portugal y Carlos II de España, en el cual se reconoció la total independencia de Portugal. La revolución de 1640 puso fin a un período de seis décadas de dominio de la Casa de Austria sobre Portugal.

El espacio de tiempo entre 1640 y 1668 se caracterizó por enfrentamientos habituales entre Portugal y España, tanto pequeñas disputas como graves conflictos armados, de los cuales muchos de ellos fueron ocasionados por disputas de España y Portugal con potencias no ibéricas. España participó en la guerra de los Treinta Años hasta 1648 y en la guerra franco-española hasta 1659, mientras que Portugal participó en la guerra luso-neerlandesa hasta 1663.

La guerra estableció la Casa de Braganza como nueva dinastía reinante de Portugal, en sustitución de la Casa de Habsburgo. Esto puso fin a la llamada Unión Ibérica.

Portugal y sus colonias recobran la independencia del imperio español, excepto Ceuta y Hermisinde que no reconocen a los Bragança y tras el Tratado de Lisboa de 1668, pasa a la corona de Castilla.

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