Poco margen de ganancia, el riesgo de emprender en Portugal

Poco margen de ganancia, el riesgo de emprender en Portugal

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Entre los aspectos a estudiar para emprender un negocio se cuentan las necesidades del mercado, los costos y el temperamento de unos consumidores exigentes

Julio Materano

Madeira, una región en cuyas entrañas lleva inscrita la costumbre del cliente fijo, se presenta como un destino complejo para los venezolanos que emigran con una arraigada cultura de negocio, una experiencia de años que convalida la habilidad para emprender en una tierra donde todo se vende, pero que en gran medida se torna inútil al otro lado del mundo, en la también conocida como la Perla del Atlántico, donde los márgenes de ganancias son minúsculos, los ingresos se cuentan por céntimos y la ley le pisa los talones a los comerciantes con los impuestos por pagar, las fiscalizaciones y sanciones.

Al margen de la fidelidad a las marcas, que se instaló en la isla con el progreso del mercado y la diversificación de los productos, existe una realidad que los lusovenezolanos están obligados a explorar para materializar un negocio, indistintamente del ramo. Entre los aspectos a estudiar, destacan algunos connacionales versados en el área, están las necesidades del mercado, los costos y el temperamento de unos consumidores exigentes, acostumbrados a las ofertas de artículos y de servicios.

Yoela Hernández, una venezolana radicada en Portugal, se dice detractora de las inversiones innecesarias en la isla. Considera que en esa nación conviene ser empleado en lugar de comerciante. «Sale mejor», sentencia en un foro digital de venezolanos. La otra alternativa, dice, es realizar trabajos por cuenta propia, para lo cual se requieren recibos verdes. De ser el caso, el prestador de servicio está obligado a facturar, declarar impuestos y cancelarlos, con la excepción del primer año de gracia.

Portugal, un país con una economía ralentizada y los sueldos más bajos de la Unión Europea, libra una batalla contra la migración de su población, que huye en edad para eludir la falta de oportunidades laborales. Con un ordenado que apenas supera los 600 euros por mes los jóvenes se acercan con reservas al mercado local donde los puestos, de hasta 23%, se comen las ganancias. A propósito de ello, hay quienes arman grupos para prestar servicios de jardinería, ofrecer trabajos de plomería y hasta de albañilería, un área donde incursionan los venezolanos, quienes se ven forzados a compartir el mercado con brasileros y personas de otras nacionalidades.

A la pregunta de cuánto capital se necesita para emprender un negocio en Portugal, hay quienes consideran que existe un monto prudencial que va de 30 a 40 mil euros, indistintamente del ámbito. Sin embargo, el monto inicial podría variar según el sector económico.

Fernando Marcal, un lusovenezolano residenciado en la tierra de Camões, sostiene que en Portugal los negocios no son como en la Venezuela de bonanza petrolera, la de mayor progreso. «Si ganas dinero, hay que llevar todo al día. Es importante tener un buen contador, es mi caso. He sabido de gente que se salta la norma, pero si las autoridades lo detectan, la multa es grande», sostiene el comerciante y se lamenta de no tener experiencia en panadería, puesto que, a su juicio, se perfila como un buen negocio y más si se produce con ayuda de un pastelero venezolano versado en la producción de dulces.

Yoela Hernández insiste en que el margen de ilegalidad es muy estrecho. «Si creen que aquí pueden evadir impuestos, se equivocan. Hay que andar derechito para salir adelante», advierte. Hay quienes ponen sobre la mesa la dificultad para articular un equipo eficiente de trabajo. «Es muy frustrante trabajar los siete días de semana durante todo el mes y los ingresos no te dan ni para ganarte sueldo mínimo sino para cubrir las cuentas por pagar: los gatos de servicios, alquiler y para la reposición de mercancía», se lamentan.

En Venezuela, donde algunos connacionales resisten a la crisis, el espiral de la inflación llevó al BCV a incorporar este junio tres nuevos billetes al cono monetario. Con la aún vigente familia de billetes, que entró en circulación en agosto de 2018, el Ejecutivo le quitó cinco ceros al bolívar, pero las piezas se devaluaron en 10 meses. El título de mayor denominación, que era el de Bs. 500, ahora lo ocupa el de Bs. 50.000. Sin embargo, este último no compra ni dos kilos de queso.

El BCV sorprendió a la población a finales de mayo al publicar cifras del desempeño económico, que no se divulgaban desde 2015. En los indicadores el organismo admitió cinco años de contracción del Producto Interno Bruto (PIB) y dos en hiperinflación. Las cifras en rojo exponen una caída de -17,0 % en 2016 y -15,7 % en 2017.

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