Portugueses embestidos por la crisis venezolana

Portugueses embestidos por la crisis venezolana

0 72

Lejos de alentar una visión fatalista de país, de alimentar aquel engendro bicéfalo en el que se nos ha convertido Venezuela, existe una realidad que le tuerce el pescuezo a la ficción y que supera, por sus cuatro costados, el curso de cualquier circunstancia política. Aun cuando hay marcos universales que ayudan a decodificar la causa de la catástrofe humanitaria, es difícil predecir el desenlace de un gobierno de carácter totalitario en torno al cual se han adelantado algunos finales: la renuncia voluntaria de su líder, la entrega del poder por coacción o el camino de la negociación, por mencionar las versiones manidas.

Pero al margen de cualquier escenario épico, fundado en pronósticos optimistas que pontifican la entelequia de la salida súbita, la emergencia humanitaria es totalizante, avanza desenfrenada y sus consecuencias, reales, saltan a la vista de todos. La crisis no discrimina, no conoce de fronteras y embiste a quienes  padecen la escasez de alimentos, medicinas y el colapso de los servicios, incluida la comunidad portuguesa, integrada por 300.000 personas oriunda de Madeira, según cifras oficiales.

En medio de todo el escenario de caos, hay portugueses con medidas cautelares de presentación y prohibición de salida del país, como los 34 gerentes de supermercados a quienes Nicolás Maduro acusó en 2018 de orquestar la “guerra económica”. También hay historias como la de Alfredo José Félix Rojas,  un portugués que asiste tres veces por semana a la Unidad de Diálisis Care en la avenida Rómulo Gallegos, de Caracas, para preservar su vida. Alfredo, al igual que  los venezolanos, no puede costear su tratamiento contra la insuficiencia renal crónica que padece y ruega ayuda para recibir atención médica y adquirir las pastillas que necesita. “Para mí sería de gran ayuda conseguir los medicamentos para poder asegurar mi vida ante esta difícil situación económica que vivimos en Venezuela”,  rogaba con desespero al Consulado de Portugal en Caracas, a través de un correo electrónico.

La imagen de una Venezuela agrietada, con la herida abierta y la población enardecida, dispuesta a seguir en la calzada, es probablemente la mayor muestra de desconcierto en un país que reclama, al unísono, condiciones para la vida. Del secuestro de los servicios, la hiperinflación y el cierre técnico del sistema sanitario no hay quien se escape. Y aunque las reyertas entre la GNB y los manifestantes no han cobrado la vida de personas de origen portugués, a mi juicio, resultan egoístas las declaraciones del Secretario de Estado de las Comunidades Portuguesas, José Luis Carneiro, quien afirmó recientemente que “los portugueses están bien protegidos en Venezuela”.

Sus declaraciones, que tal vez eran un forzado llamado a la calma de Portugal, un país con miles de connacionales en la tierra de Bolívar, perdieron vigencia pocos días después cuando el propio funcionario envió sus condolencias a los familiares de Alfredo Fernández de Abreu, el dueño de una panadería en Los Teques que fue interceptado por delincuentes y asesinado en su vivienda. El comerciante, cuyo corazón fue atravesado por un proyectil, recibió amenazas de hombres armados que abordaron su camioneta y lo trasladaron a su residencia, donde lo sometieron para robar varias joyas y dinero. La conmoción por el asesinato provocó lamentos entre los lusovenezolanos, quienes han sido el blanco predilecto de grupos armados.

Lo ocurrido demuestra la vulnerabilidad de una comunidad que sufre por igual el zarpazo de la inseguridad y el desgobierno institucional que se impone en Venezuela. No es verdad que sus connacionales estén protegidos, como lo dice el Secretario de las Comunidades Portuguesas. Y aunque no han muerto personas por fuerza de la represión militar, sobreabundan los casos de madeirenses que viven con una sentencia de muerte tras el diagnóstico de una enfermedad crónica en un país donde faltan las medicinas para lidiar con las dolencias.  Si algo han demostrado los portugueses en Venezuela es su rol activo en la construcción de la sociedad y su capacidad de integración. Fueron ellos quienes revitalizaron el comercio del país y trajeron innovaciones y son ellos quienes hoy también se niegan a trancar sus santamarías.

La lectura irreal de una Venezuela en calma, donde, insiste Portugal, algunos parecieran tener licencia para eludir la crisis, es tal vez la forma más egoísta de mirar al país. Pues hoy todos son, de una u otra forma, víctimas, una situación que se evidencia en todas las dimensiones de la vida. Que no se olvide que muchas de esas personas que, según el Gobierno portugés, están a salvo, llevan la grieta del exilio. Son familias que dejaron a sus familias para iniciar de nuevo. Son emigrantes, hijos de dos tierras y dolientes de un país que le dio una segunda oportunidad. Después de todo, algunos viven el duelo por partida doble y ahora se retornan a su tierra de origen.

SIMILAR ARTICLES

0 2

NO COMMENTS

Leave a Reply