“Que predomine la fraternidad y no el afán de protagonismo”

“Que predomine la fraternidad y no el afán de protagonismo”

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El Padre Alexander llama a ser solidarios pues nadie es tan pobre que no tenga una palabra de aliento o un gesto de amor para dar en esta Navidad

Delia Meneses

Al párroco de la Misión Católica Portuguesa en Caracas, Alexandre Mendonça, le gusta sentirse uno más dentro de su comunidad, un hermano de camino, por eso prefiere que lo llamen “Padre Alexander”, en español y sin mayores formalismos. Es el guía espiritual de los lusovenezolanos desde hace 30 años, un grupo que también ha sido alcanzado por los rigores de la crisis económica y social de Venezuela.

Cuando se acerca la Navidad, el también ecónomo de la Arquidiócesis de Caracas, llama a ser solidarios “porque nadie es tan pobre que no tenga una palabra de aliento y un gesto de amor para dar”.

El canónigo de la Catedral de Caracas piensa que los lusovenezolanos, como gente de fe, deben trabajar por mantener viva la llama de la esperanza, sobre todo en esta época del año y recordó la importancia de vivir el Adviento, retomando las bellas tradiciones venezolanas de este tiempo.

Una de ellas es el pesebre en cada hogar, que hecho con cariño e ilusión, no es una simple tradición, sino es poner en las casas el misterio completo de la Navidad: Jesús nace en un pesebre, rodeado de animalitos y pastores.

Otra invitación es a participar en las misas de aguinaldos, animadas con esos cantos que llenan de sentido fraterno, de alegría contagiosa y de compartir sereno. Pero esto no es suficiente. Las tradiciones deben estar acompañadas por la preocupación por los demás.

En el ambiente de los clubes portugueses, el Padre Alexander pidió continuar atentos a las necesidades de los más vulnerables dentro de la comunidad. Además de apoyar a los ancianatos de Maracay y el Padre Joaquim Ferreira, ubicado en Los Anaucos.

“Que tengamos un corazón que sobrepase la razón. Se requiere apoyar a los geriátricos, visitar a los ancianos sobre todo en esta época y coordinar ayudas contactando previamente a la Academia del Bacalao, las Damas Portuguesas de Beneficencia o la Misión Católica Portuguesa”, dijo el también director de la Casa Sacerdotal.

Para el Padre Alexander es necesario pasar de las palabras a los actos, por eso hace un llamado “a seguir trabajando con fe y esperanza porque Dios no se muda. La gloria de Dios en el cielo es la paz en la tierra.  Mi deseo en esta Navidad es que el niño Jesús nazca en el corazón de todo aquel que le ama y que su luz disipe todo signo de oscuridad, injusticia y sufrimiento”.

Ayúdenos a quedarnos

En los tiempos duros que corren, el sacerdote está consciente de su misión: ser la voz de los que no tienen voz y estar cerca de la gente. “Que las personas sean recibidas con cariño, porque vienen necesitadas de una sonrisa, de una mano amiga y de una postura afectiva y efectiva, necesitan ser acompañadas en sus reales, auténticas y difíciles necesidades”.

 Asegura que no es un extranjero en Venezuela, la tierra que lo adoptó hace 50 años. “Yo amo a Portugal, pero mi vida está aquí”. Por eso exhorta a los miembros de la comunidad portuguesa a que predomine la fraternidad, que se den la mano los unos a los otros como amigos, apartando el afán de protagonismo.

“Son muchos los problemas y todos la estamos pasando mal, por eso debe prevalecer la unión y no la intención de sobresalir o destacar. Nuestro deseo no es irnos sino que Venezuela se encamine y se recupere”, dijo el sacerdote, quien recientemente exhortó a las autoridades portuguesas que visitaron el país a que ayuden a los venezolanos a quedarse en su tierra.

El sacerdote agradece al Gobierno central y regional de Portugal el apoyo que han brindado a los portugueses frente a la dura situación política, social y económica de Venezuela. “Siempre están atentos a nuestras necesidades, solo basta recordar la tragedia de Vargas. Por esa receptividad, en la última visita que hizo al país el Secretario de Estado de las Comunidades Portuguesas y su comitiva, les pedí, desde el corazón, que nos ayuden a permanecer en Venezuela, pues hay muchos que queremos continuar aquí”, dijo Mendonça, quien nació el 19 de octubre de 1954, en San Pedro, Funchal y llegó a Venezuela siendo un adolescente a los 12 años.

Ligado a los sectores populares

A los 26 años, este madeirense ingresó al seminario Interdiocesano “Santa Rosa de Lima” de Caracas. “No fue fácil dejar padre, madre y hermanos para irme al seminario y cumplir mi periodo de formación. Pero poco a poco se va sintiendo la satisfacción de estar en lo que uno quiere y servir al llamado de Jesucristo”.

El 16 de julio de 1988, festividad de la Virgen del Carmen, con 33 años de edad, fue ordenado sacerdote por el Cardenal José Alí Lebrún Moratinos, en la parroquia “Nuestra Señora del Rosario” de Antímano.

Asumió sus primeros trabajos pastorales en Petare, específicamente en el sector Campo Rico, situación que lo vincula a sectores populares, ya que allí estuvo durante quince años. Igualmente sumó a sus responsabilidades el de capellán de la Zona 7 de la Policía Metropolitana, y luego en capellán general.

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