Proponen reactivar la Biblioteca Simón Bolívar

Proponen reactivar la Biblioteca Simón Bolívar

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Son más de cien libros y objetos típicos que estuvieron a cargo de la valenciana Elizabete de Andrade, quien durante años organizó las exposiciones del 5 de Julio en Madeira

Delia Meneses

Desde que llegó a Madeira, hace 40 años, Elizabete de Andrade no volvió a Venezuela. Sin embargo habla y escribe con soltura tanto el castellano como el portugués. Nació en el Hospital Central de Valencia en el año 65 ciudad donde vivió su infancia. Siendo una adolescente emigró con su familia a la Región Autónoma y su formación académica transcurrió en las aulas del liceo Jaime Moniz. Pronto destacó por sus habilidades para el dibujo y su gusto por las artes, al punto que la escuela le asignó la responsabilidad de organizar las exposiciones para promover la cultura de otros países: Inglaterra, Francia, Alemania, Perú y, por supuesto, Venezuela.

Andrade recuerda con alegría esa época cuando, siendo una adolescente de 14 años, el Consul Genaro, que en aquel momento estaba al frente del Consulado de Venezuela en Madeira, le pidió que se hiciera cargo de un grupo de libros, afiches, instrumentos musicales y otras piezas típicas de Venezuela. Estos objetos se utilizaban cada 5 de Julio en una exposición conmemorativa de la Independencia del país sudamericano que se realizaba todos los años en la Quinta Magnolia, en Funchal.

Corría la década de los 90 y, con la ayuda de las autoridades consulares, la Secretaría Regional de Turismo y algunos lusovenezolanos, se inauguró la Biblioteca Simón Bolívar, con unos cien títulos. Fue un acto que no pasó desapercibido pues Mario Soares, en ese momento primer ministro, se hizo presente en la inauguración e incluso aportó nuevos libros. El mandatario también tenía curiosidad de conocer a la niña de 14 años que había tenido bajo su cuidado esta colección, recuerda Elizabete su encuentro con Soares.

Con el tiempo la biblioteca amplió sus alcances y fue rebautizada como: Simón Bolívar y culturas extranjeras pues integró textos sobre Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Sudáfrica y Alemania. Tanto Andrade como otros lusovenezolanos que participaron en la iniciativa abogan para que esta biblioteca pueda ser reactivada en algún momento y reabierta al público. Actualmente, los libros se encuentran en el Archivo Regional de Madeira.

Hoy, Elizabete de Andrade retoma una de las actividades que más disfruta hacer: la organización de exposiciones. Regresa a la Quinta Magnolia, que reabrió sus puertas el pasado primero de agosto, luego de los trabajos de rehabilitación integral que mejoraron sus jardines, sus áreas deportivas y el espacio infantil, tras una inversión de 2,8 millones de euros.

Es un espacio público emblemático de Funchal que la valenciana conocía de cerca desde hace varias décadas cuando colaboraba con la profesora María do Carmo Santos, una de las personas que más promovió la divulgación de la cultura venezolana en la isla. «Santos realizó un trabajo muy importante en la Quinta Magnolia en la biblioteca de lengua extranjeras», reconoció recientemente el presidente del Gobierno Regional, Miguel Albuquerque.

Desde la emblemática Quinta Magnolia, Andrade continuará promoviendo las manifestaciones culturales de la isla y las foráneas. Esta lusodescendiente también está al frente de una escuela de samba (Fura Samba). «Cuando llegué de Venezuela el género de la salsa no era bien visto, por eso opté por este ritmo brasilero», cuenta la única integrante del Carnaval madeirense que todavía desfila desde la primera edición de esta fiesta, hace 40 años.

Estudió Diseño Técnico y ha trabajado en el área de la arquitectura pero su sensibilidad por los temas culturales y sociales le ha permitido involucrarse en múltiples proyectos. En el barrio de Nazaré (Funchal), donde vive, Andrade es voluntaria de la asociación Olho-te. Allí promueve las artes escénicas y plásticas con los niños de la localidad. «Al ser un barrio necesitamos velar los unos por los otros. Mi propósito es educar a través de las artes en una zona donde hay problemas de alcohol, droga y discriminación hacia los gitanos, una comunidad que hace vida en Nazaré y que se caracteriza por ser muy cerrada. Este grupo ya fue más significativo en la isla, pero muchos se han ido por la falta de empleo».

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