PSD apuesta por Carlos Fernandes para llegar a los venezolanos

PSD apuesta por Carlos Fernandes para llegar a los venezolanos

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Es el rostro joven del partido social-demócrata, llegó a Madeira en el 2017 con un camino hecho en el campo político y quiere ser la voz de sus coterráneos en el Parlamento regional

Julio Materano

Con 28 años y una carrera política incipiente cosechada en la Venezuela más convulsa, Carlos Fernandes, un lusovenezolano que arribó a Madeira en 2017 tras un agrio espisodio de acoso gubernamental, es ahora una de las fichas más nuevas del Partido Social Demócrata (PSD), una significativa en el tablero regional donde están echadas las cartas para las elecciones de la Asamblea Legislativa de Madeira, pautadas para el 22 de septiembre.

Con un discurso congregacionista, el número 10 de la lista del PSD, egresado como abogado de la Universidad Santa María en 2016, promete no quedarse en palabras y pontifica la necesidad de articular un círculo de emigración regional, en cuyo radio estarán los diputados que los representen en el parlamento local, la institución encargada de legislar y de elegir al presidente de la región. Fernandes se presenta como el portavoz de la comunidad venezolana en la isla, que fácilmente ronda 10% de sus 250 mil habitantes.

Y enarbola, convencido, la bandera de la reconciliación en una región donde algunos nativos resienten el retorno de los madeirenses y sus hijos. No es su caso. En realidad, cuenta que llegó solo a la isla. Sus padres y sus tres hermanos, todos profesionales universitarios, aún hacen vida en el estado Miranda, donde su familia tiene una panadería y ejerce el comercio.

«Si hay algo que ha demostrado el PSD como organización política es la responsabilidad y su sensibilidad con las comunidades madeirenses», sostiene el aspirante a diputado, quien militó en las filas de Primero Justicia, en Venezuela. El exdirigente juvenil de la tolda aurinegra en el municipio Acevedo, en Miranda, postula el protagonismo que han asumido los venezolanos en la economía de la isla, donde se emplean como mesoneros, ayudantes de cocina, personal de mantenimiento y en otras áreas. Con una madre de São Roque y un padre oriundo de Santa Cruz, dice que tiene toda la licencia para trabajar por Madeira.

Su papel dentro del partido no es inédito, pero sí de gran peso en un momento en el que la región está llamada a cambiar su política, dominada, en gran medida, por el descrédito y la tibieza de sus residentes. Los resultados de las elecciones del Parlamento Europeo, realizadas este año, son elocuentes. Allí el PSD obtuvo 37.15% de los votos versus 44.35% en las elecciones Asamblea Legislativa de Madeira, realizadas en 2015.

A propósito de ello, Fernandes cree que es necesario mudar el modo de relacionarse con quienes retornan a Madeira. Se trata de un reto que asumieron sus predecesores Yaneth de Sousa y Rui Gouveia, dos lusodescendientes que le abonaron el terreno en el parlamento. Porque Fernandes no es el primer representante criollo de los social-demócratas en la isla. Entre 1996 y 2000 Yaneth de Sousa debutó, por el PSD, como la primera venezolana en ocupar una curul en el hemiciclo regional, una hazaña que estuvo secundada por Rui Gouveia, quien asumió dos periodos consecutivos entre los años 2004 y 2011.

Ahora su reto es mayor. Fernandes está llamado a poner los temas de la comunidad sobre el tapete. Pero, a juzgar por los comentarios en redes sociales, su candidatura también tiene algunos detractores. Están quienes los descalifican por asegurar que su actuación de cara a Nicolás Maduro fue esquiva. A todo ello, el dirigente responde con una experiencia de vida que se asemeja más a un dictamen de persecución: «como coordinador de la Juventud de Primero Justicia en la parroquia Acevedo de Miranda, fui testigo y víctima del hostigamiento», dice, mientras hace un repaso de los casos de persecución que empezó con «Los Morochos».

«Entendí que mi vida corría peligro, que estaba en riesgo y sentía el acoso en mi entorno», confiesa. Varios compañeros de partido, entre ellos «Los Morochos de Primero Justicia», como Maduro se refirió a José y Alejandro Sánchez en cadena nacional de radio y televisión, fueron acusados de orquestar un plan de violencia premeditada contra la Dirección Ejecutiva de la Magistratura en Chacao, en abril de 2017.

Además de ser la cabeza de las filas juveniles de uno de los partidos más críticos contra Maduro, en diciembre de 2013 Fernandes fue candidato a concejal en su localidad, donde perdió por 400 votos. También tuvo un papel importante en la Secretaría Política del Partido y en la directiva regional en la Juventud de Primero Justicia. La violencia en el país, las violaciones a los derechos humanos y el incremento de presos políticos fueron las señales más lúcidas para dar un alto a su carrera como político en el país. Una razón que lo llevó a Madeira, la tierra de sus padres donde se acercó a las filas del PSD, cuando trabajaba en la barra de un bar, donde antes se encargaba de lavar los platos.

Movido por su inquietud política se zambulló de cabeza en un partido que, dice, está en la calle. Quizás sea su perfil lo que lo catapultó a la primera línea de combate del partido, pues Fernandes llegó a Madeira formado. Cuenta que vino contagiado de ese trabajo social que poco se hace en la isla. Su sagacidad y su temperamento lo llevaron a codearse con las altas figuras de una organización, que, a juicio de algunos, le saca provecho a la diáspora. «Soy una persona que se mueve, que le gusta hacer actividad de calle, escuchar a la gente y eso es vital para ser espejo de quienes buscan visibilizar su entorno», se defiende.

De los más de 10 mil lusovenezolanos que han ingresado a la región en los últimos años, pocos tienen inclinaciones políticas. Y Fernandes tal vez vino con un camino hecho, en el momento indicado, con un rostro simpático que puede oxigenar el partido. «Nos corresponde a nosotros que sea una candidatura que se transforme. Las comunidades madeirenses son una realidad viva y están llamadas a participar en las elecciones», dice. Y lanza su oferta como diputado: luchar por las equivalencias académicas, el reconocimiento de los profesionales que llegan de Venezuela con un talento inexistente en la isla.

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