Psicólogos aconsejan crear rutina en casa para mantener la salud mental

Psicólogos aconsejan crear rutina en casa para mantener la salud mental

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El psicoanalista William Dos Santos se pone a disposición para atender, vía online, y de manera gratuita y personalizada a quienes padezcan las secuelas de la pandemia y el aislamiento social

Julio Materano

Cuarenta días y cuarenta noches. Es lo que según la Biblia duró el Diluvio Universal, una catástrofe que obligó al protagonista de aquel acontecimiento, Noé, a permanecer en casa. En su caso, un arca hecha de madera. Sin ser esta exactamente una inundación, no es difícil imaginar que la obediencia en aquello de mantenerse a salvo podría ser una analogía de peso para recrear la importancia de acatar la cuarentena, una medida sanitaria, sobre la que además pesa un Estado de Emergencia que, en el caso de Portugal, no se decretaba desde el derrocamiento de la dictadura de Salazar.

Pero la medida, que tiene a detractores —y partidarios­— atrapados en casa, se ha convertido en un dictamen de encierro para quienes han sido testigos de cómo se desbaratan sus rutinas, hábitos de trabajo, estudio y de entretenimiento por fuerza de la pandemia que barre cualquier rastrojo de cotidianidad a su paso. Ahora todo parece condenado al aislamiento, la reclusión y el recogimiento.

Tener que despedirse, súbitamente, de sus labores profesionales como gerente de un afamado café en el centro de Funchal le ha costado a José Alberto Gouveia, un lusovenezolano retornado hace siete años a Madeira, días de insomnio. Un cuadro al que le suma el agotamiento mental y una profunda sensación de incertidumbre que, dice, lo fatigan en el confinamiento.

«Lo de nosotros, como muchos establecimientos en la isla, es un emprendimiento familiar», dice Gouveia, y pide resguardar el nombre de su local. «Apenas­ —agrega— tenemos dos empleados adicionales a mi esposa e hijo, y no sé qué va a pasar cuando acabe la cuarentena. Lo que estamos viviendo ahora es predecible, es evidente que la economía se detuvo. Lo realmente importante es cuánto tiempo nos tomará recuperarnos de la crisis por el COVID-19», remata. Gouveia, quien se dice curtido en aquello de emprender en una isla como Madeira, subordinada al turismo, es poco optimista. Y vaticina, por los cuatros costados, un panorama lúgubre.

Sostiene que su preocupación, al igual que muchos miembros de su familia, se exacerba con en aislamiento en casa. A excepción de quienes trabajan en supermercados, farmacias, establecimientos de salud y en instituciones de seguridad, en Madeira, y en buena parte del mundo, están restringidas las actividades sociales y económicas al mínimo. Según datos extraoficiales, se calcula que cerca del 80% de la economía está paralizada y con ello, la población confinada estrictamente al ámbito doméstico.

Qué hacer

Para la psicóloga lusovenezolana Betania Costa Basílio, quien es egresada de la Universidad Bicentenaria de Aragua, las personas son seres de costumbres, que requieren de rutinas para conservar una óptima salud mental, por lo que recomienda establecer una hoja de ruta con actividades domésticas para realizar en casa.

«Lo primero que debemos hacer es cuidar de nosotros mismos en medio de la pandemia. Hay mucha información y es fácil abrumarse frente a esa situación. Un consejo importante es dosificar el acceso a las redes sociales y a las noticias. Debemos comprender el riesgo de la pandemia y para ello hay que estar informados, pero también debemos tener la capacidad de discriminar qué me hace bien y qué no», recomienda.

Algunos especialistas han decidido donar su tiempo para atender casos concretos de ansiedad o desórdenes emocionales desencadenados por el virus y el aislamiento en casa. Como lo ha promovido William Dos Santos, un psicoanalista lusovenezolano, que, en medio de la crisis, dedica dos horas de su día para atender gratuitamente a personas que lo requieran. Para esta labor se vale de las redes sociales y de las nuevas tecnologías a través de las cuales establece contacto con los afectados.

El voluntariado, que realiza con cita previa, busca aplacar el malestar que asalta a quienes se dicen agobiados por el trance sanitario. Dos Santos, quien es especialista en Psicología Clínica y master en Psicoanálisis, pone a disposición su teléfono (+351) 96 644 76 56 y su cuenta de Instagram @psicologofunchal para brindar atención en línea. Para el también doctor en Psicología de la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil), el estar encerrado en casa por largos períodos aumenta el clima de conflicto entre los miembros familiares. Lo recomendable, reitera el experto, es mantener la normalidad, establecerse una rutina, filtrar la información y procurarse ratos de desconexión.

«Descansar no está mal, pero también hay que ser consciente de lo importante que puede ser establecer una rutina de actividad física, de ocio y de entretenimiento», dice. En este punto, recomienda actividades sencillas como ordenar la biblioteca, limpiar el closet, discriminar la ropa que no esté en uso y disponerla para regalar. Limpiar la casa, dice, no está de más.

«Todos tenemos ciertos niveles de ansiedad y es normal, pero cuando se está sin hacer nada aumentan los síntomas. Es un buen momento para desempolvar los juegos de mesa. También se puede aprovechar para retomar el contacto, vía telefónica, con familiares y viejas amistades», concluye.

A propósito de las recomendaciones para mantener una buena salud mental, Betania Costa Basílio, quien tiene una Maestría en Psicología de la Salud en la Universidad de Aveiro, enfatiza que la Orden de los Psicólogos dispone de una guía de orientación básica de cómo actuar frente a la emergencia sanitaria.

«Es importante apartar, como máximo, dos momentos del día para consumir noticias. Luego se debe continuar con la jornada. Es necesario establecer una planificación diaria para organizarnos. Sin una rutina clara nos perdemos», advierte. A su juicio, es vital comprender el riesgo de lo que estamos viviendo y saber pedir ayuda cuando sea necesario.

«Si una persona está en riesgo o tiene limitaciones y necesita ayuda para acceder a medicamentos, comida o productos de higiene personal debe pedir colaboración». Indica que para los ancianos que permanecen sin acceso a las comunicaciones el desafío es doble. Acaban por adoptar decisiones que los ponen en riesgo, como ir al café, visitar a la vecina o exponerse fuera de casa.

En torno a los adultos con demencia o enfermedades mentales, Basílio señala que la desconexión de la realidad les impide tener una noción del riesgo. «Es consabido que cuando las personas  permanecen aisladas por mucho tiempo tienden a desarrollar cuadros de ansiedad, problemas de insomnio o malestar. En el caso de los adultos que atiendo, como parte de mi trabajo en una casa de reposo, me preguntan por qué no reciben visitas. Los que están más conscientes saben que llevan días sin ver a sus familiares».

Además de los adultos existe otro grupo etario que plantea grandes retos a la hora de cumplir con el aislamiento social. Y son los niños en edad escolar que, según advierten los psicólogos, pueden sentirse tristes, ansiosos y confusos. Con la alteración de la rutina, algunos se vuelven más dependientes de sus padres y tienen dificultades para ir a la cama.

En medio de la coyuntura, expone Basílio, algunas familias de emigrantes retornados de Venezuela han experimentado cuadros de ansiedad, pues se cuestionan la crisis generada por la pandemia, un acontecimiento que, en muchos hogares, está precedido por una historia de migración forzada, aupada por la búsqueda de oportunidades de estudios, empleo, bienestar y seguridad.

La psicóloga, quien llegó a Madeira en 2014 movida por la pretensión de bienestar, pone sobre la mesa un tema que trae escozor y recuerdos vívidos a los latinos, especialmente a los venezolanos. Se trata del Estado de Emergencia o Excepción que, inconscientemente, algunos asocian con grandes acontecimientos políticos. «Esta Emergencia nada tiene que ver con lo que estamos acostumbrado los venezolanos y eso es un choque. No son problemas detonados en el seno de la política lo que estamos viviendo. En Madeira vemos a la gente reclamar porque no lo comprende y piden una solución».

En el caso de quienes llegan de Venezuela son más conscientes del recogimiento y eso, dice la especialista, está asociado a situaciones estresantes, de ansiedad. Aun cuando no posee cifras, asegura que en países como España la cuarentena amenaza con acabar matrimonios y relaciones de pareja. «En Wuhan, según reseñaron los medios, se incrementaron los divorcios después de la cuarentena», dice y recomienda apelar a los recursos internos: amor propio, empatía para ponerse en los zapatos del otro y madurez para «arroparse hasta donde nos llegue la cobija».

Sostiene que hay gente que se resiste a permanecer un rato consigo mismo, lo cual se debe al bombardeo de estímulos externos: la música del vecino, el ruido de la calle. «Nos da miedo hacer una introspección para ver qué debo cambiar, cuáles son mis puntos frágiles y mis fortalezas». La especialista desestima a quienes han romantizado el encierro con el argumento del reflorecimiento de la naturaleza.

«Lo que sí es verdad es que muchos padres ahora son conscientes de cuántas veces se despiertan sus hijos. Tienen margen para interactuar y compartir con ellos. Es importante una planificación con los niños, intentar hacer trabajo de estimulación constante, arte, darles mucho cariño, expresarle apoyo y motivarlos con actividades de su interés».

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