«Hay que reinventar a Venezuela desde la humildad»

«Hay que reinventar a Venezuela desde la humildad»

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Lusovenezolanos se congregaron en Madeira para orar por su país, para compartir vivencias, temores y esperanzas

Delia Meneses

Fue un espacio para el reencuentro, para el desahogo y la catarsis. También hubo tiempo para orar tomados de la mano, para compartir vivencias, temores y esperanzas. La concentración, organizada por el movimiento cívico Lusovenezolanos por la Verdad, reunió, frente a la Asamblea Regional, en Funchal, a un poco más de un centenar de personas, un número modesto si se consideran las cifras de las autoridades madeirenses, que ya registraron la llegada de más de 7 mil emigrantes desde 2016 debido a la crisis en Venezuela.

«Los últimos acontecimentos relacionados con el apagón, nos hicieron pensar. En un solo día, quince niños murieron en los hospitales. No podemos permanecer indiferentes y estamos aquí para mostrar al mundo que estamos preocupados», afirmó Lidia Albornoz, 50 años, miembro del grupo que promovió en Madeira la iniciativa llamada «Una vela para Venezuela», que tuvo lugar simultáneamente en varios países.

La manifestación fue liderada por lusovenezolanos que ya viven en la isla hace más de 15 años. “Decidimos reunirnos en esta ocasión y entregar información sobre la crítica situación de Venezuela a los diputados.

«Es importante sentir la proximidad del poder legislativo en Madeira», dijo Enrique Vieira, 42 años, quien leyó un manifiesto entregado al Vicepresidente de la Asamblea Regional de Madeira, Miguel de Sousa.

Al diputado, quien hizo acto de presencia en la actividad, le pidieron solidaridad tanto para los lusodescendientes que están en Venezuela como para los que viven en Portugal. «Los 8 mil que ya están aquí deben sentirse en casa, son importantes para nosotros», afirmó De Sousa.

«Los venezolanos se sienten extranjeros en su propio país. Tienen la sensación de estar perdidos, a la deriva. Dejaron de vivir para convertirse en zombis», alertó Vieira en el documento.

La invitación fue a orar por Venezuela y por el mundo. En la concentración también hubo espacio para aconsejar a los lusodescendientes que están llegando a Madeira.

«No se aislen ni se encierren, busquen amigos, conversen. No es fácil comenzar de nuevo, es de las cosas más difíciles que hay. A mí muchas veces me dieron la espalda y me la apuñalearon también. Pero no desistan. Si nos cierran una puerta, tocamos otra. Los venezolanos muchas veces estamos acostumbrados a la cultura de lo inmediato, pero el llamado es a no desmoralizarnos ni perder la fe. Apoyemos a nuestra familia que está en Venezuela», dijo Albornoz.

Durante el encuentro, Mailin Goncalves, quien llegó hace año y medio a Madeira, reconoció que la diáspora reciente está integrada por personas que tienen mucho dolor por dentro. Sin embargo, resaltó sus logros, su inventiva y capacidad de trabajo.

«Somos profesionales y estamos haciendo cosas que no sabíamos que podíamos hacer. Descubrimos que podíamos hacer más cosas de las que habíamos estudiado. Cuando hacemos estos encuentros siento que no estamos solos. Me encanta encontrar un venezolano en cada esquina de la isla, me ayuda a sentirme como en casa. Tengan fe».

Isabel Barbosa, una joven nacida en Maracay, estado Aragua, recordó, en un discurso sentido y cargado de lágrimas, que todo mal tiene su fin. «Tenemos que rezar, pedir perdón, la oración es muy importante».

Oswal llegó a Madeira hace ocho meses y trabaja como mesonero. Se refirió a la necesidad de honrar a Venezuela en el exterior «tratando a los demás como quisiéramos ser tratados. Siendo amables, sonriendo, levantándonos temprano, dejando la soberbia a un lado. Ahora que soy mesero me doy cuenta de lo triste que es servir a alguien y que esa persona no te dé las gracias».

Se habló de la necesidad de cumplir normas y reglas, esas que en el país de origen muchas veces se incumplen. «Hay que reinventar a Venezuela, hacerla de cero, no reconstruirla, sino reiventarla», dijo Vieira.

La representante de Venexos, Aura Rodríguez, resaltó la importancia de tener una buena actitud y de ser humildes. «Tenemos mucho que ofrecer pero también mucho que aprender. Hay que ponerse la mano en el corazón y dar lo mejor que cada uno tiene».

Recordó que, en los dos primeros meses de 2019, Venexos Madeira ha enviado 350 kilos de alimentos y 68 kilos de medicinas a Venezuela. «Es poquito pero es una ayuda que puede cambiar la vida de aquel que la recibe».

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