Rompiendo nuestras cadenas

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João Gonçalves Vieira

jogagovi@gmail.com

Cuando Platón escribió el mito de la caverna, nunca pensó la trascendencia filosófica y psicológica de este mito a lo largo de diversos contextos de la humanidad.  Platón describe que hay unos hombres encerrados en la profundidad de una caverna. Ellos están sentados y encadenados a sus espaldas a un muro, sin la capacidad de mirar hacia atrás. Están siempre forzados a mirar una de las paredes de la caverna.

Detrás de ellos, por encima de sus cabezas, está un muro y una hoguera que ilumina las paredes de la cueva. Entre el muro que los encadena y la hoguera hay otros hombres que caminan y llevan consigo objetos que sobresalen por encima de la pared del muro y reflejan sus sombras en la pared. Estas sombras son las que contemplan los hombres encadenados. Si uno de ellos fuese liberado de sus cadenas, la nueva realidad le proporcionaría confusión, estrés y molestia. Tendría que decidir si regresar a la cueva, para liberar a sus compañeros y estos podrían juzgarlo mal, o salir de ella y ver la realidad de las cosas. Mucho se ha escrito de esta alegoría de la caverna, de mi parte solo quiero resaltar tres aspectos.

Las Sombras representan nuestras distorsiones de la realidad, la mentira, el autoengaño seducido que vivimos en lo cotidiano. Las sombras proyectadas en la cueva, son parte de nuestro inconsciente personal y son adquiridas por las experiencias individuales que cada uno acumula en su vida. Estas van moldeando nuestra personalidad y manifiestan nuestras inseguridades miedos y frustraciones. Una de las formas de identificar estas sombras es a través del lenguaje verbal y corporal. Si soy el tipo de persona que ante cualquier situación soy indiferente, puede ser una señal de apatía o depresión y esto da como resultado la coacción. Debo ser consciente que soy el único responsable de generar esta apatía y debo buscar ayuda profesional para resolver eso. En la medida que entiendo cuáles son mis demonios internos (mis temores, inseguridades y traumas del pasado), los podré convertir en mis aliados para transformarlos en energía psíquica positiva para lograr mis metas en la vida.

Las cadenas. Estas bloquean nuestro avance cotidiano, porque realizamos muchos análisis de nuestra realidad y tenemos pocas acciones. En consecuencia vivimos un ciclo de apego tóxico estresante que nos resta vida.  La teoría del apego, formulada por Bowlby, Hazan y Shaver, muestra la necesidad humana de formar vínculos afectivos, en los cuales recurrimos a ellos, cuando aparecen situaciones de sufrimiento o estrés.  El apego es una forma de crear fuertes lazos afectivos con determinadas personas y zonas de confort de un pasado. Es una manera de explicar a veces porque sufrimos emocionalmente con expresiones como la tristeza, la ira, el aislamiento social o la separación indeseada. El apego tóxico en las relaciones interpersonales, puede generar una angustia, que busca que la persona sea rescatada y liberada de un peligro emocional que padece. Por otro lado, Bowlby plantea que el mecanismo de miedo a los extraños es una forma de supervivencia natural que adquirimos de forma innata desde el momento que somos bebés. Dado que los estilos de apego se expresan a lo largo de la vida, es comprensible que jueguen un rol importante en las relaciones de pareja, por ser vínculos que favorecen la intimidad y el cuidado mutuo. Las personas con mayor seguridad en el apego pueden tener experiencias amorosas más felices, amistosas y de confianza.  Las personas con mayor ansiedad en el apego serán más propensas a experimentar desconfianza, celos y obsesión extrema.

Libertad: Cuando el prisionero queda libre, experimenta una sensación ambigua; su decisión va estar precedida por la noción del tiempo, sus emociones y el razonamiento que establezca para obtener el éxito de su respuesta.  Esta ambigüedad emocional y racional abre la oportunidad para que el tiempo lo seduzca y lo siente en el sofá del conformismo. Muchas veces en nuestras vidas creemos ser maduros cuando en realidad lo único que hacemos es quedarnos “cómodos” con nuestras “creencias, amigos y familia”, en nuestra zona de confort. Pensamos que somos responsables, pero en realidad somos cobardes porque no fuimos capaces de arriesgarnos por la luz de un nuevo proyecto, o apostar por la persona que nos dedica tiempo. Esta procrastinación (postergar para mañana lo que puedo hacer hoy) tiene un precio: la pérdida de la oportunidad y la disminución de tu felicidad.

Al igual que el prisionero de la cueva, debemos aprender a cerrar ciclos en la vida. Es doloroso, pero necesario, con el fin de dejar libre el apego a un pasado que nos dejó un aprendizaje,  pero que nos ata a un presente, que no nos deja avanzar. Debemos aprender el arte de desprendernos, dado a que lo que no dejas ir, lo encadenas, lo cargas y te pesa; lo que te pesa hunde, y lo que te hunde te mata.

Idealizamos muchas veces alternativas de vida (pareja, hijos, estudios, trabajo o casa ideal) que en algunos casos, no se concretan en nada, y terminan siendo lo que menos esperábamos. El universo se encargará de enviar personas por alguna razón. Esta amistad comenzará sin pedirla, y se convertirá en experiencias inolvidables. Estas nuevas amistades que nos ofrece el destino, abrirán oportunidades, para dejar libre ese apego que te encadena. El dar apertura a una persona en nuestro círculo social, está marcada por ser una experiencia distinta y de desconfianza, que hace que nos aferremos a un miedo paralizante que nos regresa a nuestra zona viciosa de confort.

José Saramago, escribió:  …“ ya éramos ciegos en el momento en que perdimos la vista, el miedo nos cegó, el miedo nos  mantendrá ciegos”.  Esta apertura implica romper patrones; requiere enfrentar con ayuda de verdaderos profesionales tus apegos, sombras y mecanismos de defensa que marcan esta ceguera emocional. Es necesario apostar por la madurez y la valentía de expresar nuestros sentimientos. Nunca ofrezcas indiferencia, a quien te ofrece ayuda y está pendiente de ti, porque los actos y emociones que no se expresan, no mueren; son enterrados vivos hoy  y salen para recriminarnos en los peores momentos del mañana.

Confía inteligentemente y ten paz en medio de la tormenta. En un principio no va ser fácil porque debes enfrentarte al principal enemigo que eres tú. Ten en cuenta lo siguiente: Primero: Trabaja en tu autoconocimiento, autoestima e independencia. Segundo: Planifica y coloca fecha a tus metas trazadas.  Tercero: Juzga menos a las personas y acéptalas más. Cuarto: Establece un círculo de “amigos y família” que realmente aporten acciones positivas, y no que te reduzcan a la misma rutina desgastante de siempre. Quinto: Deja el pasado tóxico atrás, y quédate con el presente. Quédate con la persona que a pesar de estar ocupada, está pendiente de ti. Permanece, con el que te regala una sonrisa en medio de tu adversidad. Con el que haga un espacio y tiempo en tu vida; que a pesar de tus sombras y apegos está en el silencio siempre a tu lado. Quédate con la persona que en los tiempos difíciles, aprieta tu mano más fuerte, y te impulsa hacia adelante.  No importa que tan ocupado estés, atiende a la gente que te aprecia y escribe, porque todos los momentos son fugaces en la vida y nada nunca se repite. Sabia es la frase que dice: Una amistad muere cuando cualquiera de los dos deja de llamar. No tengas miedo de volver a empezar. Es una oportunidad para construir algo mejor de esta vez.

La vida es un libro. En la medida que vas pasando las páginas descubres nuevos capítulos. A veces olvidamos que las páginas anteriores están escritas por nuestras sombras, fracasos y miedos, que no permiten ver las hojas de tu verdadero Yo.   De ti depende tener el control de tu vida para romper las cadenas de tus apegos y aprovechar el tiempo y  la libertad  de saber perder, aprender y amar.

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