Entre 1948 y 1983 se registró un aumento en la cifra de portugueses que vinieron a hacer vida en Venezuela

Corría el año 1948 y Venezuela vivía procesos de grandes cambios políticos. Tras ser derrocado Rómulo Gallegos y forzado a exiliarse, se constituyó una junta formada exclusivamente por sus antiguos aliados militares en el golpe de 1945, quienes asumieron el poder de forma inmediata. Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Luis Llovera Páez eran los nuevos hombres al frente de la política criolla.

Una época en la que, los portugueses llegaban de forma individual pero en gran número a Venezuela. Según algunos testimonios recabados por Antonio de Abreu Xavier en su libro “Con Portugal en la maleta”, ya en 1948 algunos portugueses eran dueños de “pequeños merenderos en cuya parte posterior se alojaban hasta 8 paisanos”. Desde finales de este ano, las condiciones económicas brindaron posibilidades de ascenso para todos y, quienes traían sus ahorros desde Curazao, asentaron sus negocios en Caracas aprovechando el éxodo a la ciudad.

Muestra de ello es el nacimiento, en 1949, de Central Madeirense: un abasto establecido en la avenida San Martin al oeste de Caracas, que pronto ampliaría sus horizontes con un segundo local en la avenida Presidente Medina.

Así, según cifras oficiales, para 1950 se registra un aumento de 10.510 portugueses establecidos en Venezuela. Los cambios en la política migratoria estaban a orden del día y pronto, con la llegada de Marcos Pérez Jiménez al poder y la política de Puertas Abiertas, se facilitaría la entrada de lusos al país, por lo que el consulado venezolano en Lisboa se encontraba siempre lleno de personas, en su mayoría hombres, solicitando visas para Venezuela

Para esta época, según relfeja de Abreu Xavier, el diario O Século de Portugal reseñaba en sus página los costos promedio de la emigración por individuo: papeleada oficial 16.000 escudos; pasaje en tercera clase 7450 escudos; carta de llamada a Venezuela 450 escudos; para un total de 24000 escudos.

 

Un barco y una nueva vida llena de trabajo

Para la década de los 50, vapores como el Americo Vespucci, Antoniotto Usodimare, Argentina, Francesco Morosini, Jagiello, Luciano Manara, Misr, Rabello, Oranjestad y Urania trajeron pasajeros al puerto de La Guaira provenientes desde Portugal.  Continuaría el auge de los barcos los dos años siguientes con la incorporación del Andrea Gritti, Auriga, Castel Felice, Urania II, Castel Bianco, Franca C, Napoli, Willemstad y el Serpa Pinto. En 1954 la compañía Colonial de Navegación incorporó el Santa María y el Vera Cruz, en competencia a los buques Boskoop, Castel Verde, Conte Biancamano, Ana C, Franca C, Federico C, Verdi, Irpinia, Auriga y Torrente.

El valor del trabajo demostrado por los recién llegados lusitanos, implantaba una nueva dinámica en la creciente economía venezolana, a tal punto que Ernesto Ché Guevara, a su paso por Caracas, escribió en su diario del viajero: «Los negros, los mismos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño, han visto invadidos sus reales por un nuevo ejemplar de esclavo: el portugués. Y las dos viejas razas han iniciado una dura vida en común poblada de rencillas y pequeneces de toda índole. El desprecio y la pobreza los une en la lucha cotidiana, pero el diferente modo de encarar la vida los separa completamente; el negro indolente y soñador, se gasta sus pesitos en cualquier frivolidad o en «pegar unos palos», el europeo tiene una tradición de trabajo y de ahorro que lo persigue hasta este rincón de América y lo impulsa a progresar, aun independientemente de sus propias aspiraciones individuales».

Así, en el año 1955, el número de lusos alojados en pensiones disminuía, mientras se registraba un incremento de los radicados en casa de pieza de administración familiar o en locales de trabajo. Para esta época, los coterráneos se reunían los días domingo para preparar sus platos tradicionales, mientras las mujeres mostraban las flores y plantas traídas de Portugal que habían plantado en latas de galleta.

 

Y vieron florecer la democracia

Rómulo Betancourt, ante la ola de rumores con la que se encontró al llegar al poder en 1959 y reconociendo la relevancia de las comunidades extranjeras radicadas en el país, solicito a Alejandro Hernandes de la Asociación Pro Venezuela hacer un llamado a respaldar la banca nacional y acabar con la campaña de rumores. Es así como el 14 de marzo de 1960 sale al aire para calmar la ola de xenofobia que invadía al país desde la caída de Marcos Pérez Jiménez. Calmada la situación, los portugueses se asentaban y construían en Caracas los primeros edificios de las barriadas populares donde se instalaron; tal es el caso de los inmuebles Coromoto y Víctor en el barrio El Peaje de la Cota 905 (1961), o edificaciones en urbanizaciones como el 23 de enero, Sarría, Propatria, Prados de María y El Cementerio, entre otras. La presencia lusa en el interior del país cada vez era mayor.

El mayor repunte de portugueses en Venezuela está comprendido entre los censos de 1961 y 1981: la proporción indicaba que de cada 9 extranjeros en el país, 1 venía de Portugal. Esto, debido a la depresión económica lusa y el temor al reclutamiento masivo de tropas para la guerra colonial en África.

Con una presencia cada vez mayor,  en 1967 el Banco Portugues do Atlántico viraría sus ojos hacia Venezuela y se convertiría en el intermediario para las transferencias de los montos operativos consulares. En 1972, una comitiva de 60 comerciantes, industriales y financistas, pisó tierras venezolanas para conocer a la potencial clientela. Poco después comenzaron a instalarse en el país sucursales de bancos portugueses interesados en captar inversionistas.

Los negocios lusos seguían en crecimiento y es así como nacen Excelsior Gama, Supermercados El Prado, Automercados Luvebras  y Supermercados Unicasa. Para 1973 se crea un Directorio de la colectividad.

El censo venezolanos de 1981 registró la presencia de 93.029 lusos en tierras criollas. Sin embargo, según explica de Abreu Xavier, “Si el efecto multiplicador se aplica al resultado de los censos portugueses y venezolanos de los años 1980 y 1981, se podría decir que entonces la comunidad lusa estaba entre los 400.000 y 450.000 individuos”.

Este tercer período culmina en 1983 con la extensión de las visitas a Portugal, hasta convertirse en una modalidad de vida por temporadas. Una época marcada por el cambio político en Portugal y la crisis económica venezolana, que llevaría a muchos a regresarse a su país natal y, a tantos otros, a luchar más que nunca por Venezuela.

 

Editor - Jefe de Redacción / Periodista sferreira@correiodevenezuela.com Egresado de la Universidad Católica Andrés Bello como Licenciado en Comunicación Social, mención periodismo, con mención honorífica Cum Laude. Inició su formación profesional como redactor de las publicaciones digitales “Factum” y “Business & Management”, además de ser colaborador para la revista “Bowling al día” y el diario El Nacional. Forma parte del equipo del CORREIO da Venezuela desde el año 2009, desempeñándose como periodista, editor, jefe de redacción y coordinador general. El trabajo en nuestro medio lo ha alternado con cursos en Community Management, lo que le ha permitido llevar las cuentas de diferentes empresas. En el año 2012 debutó como diseñador de joyas con su marca Pistacho's Accesorios y un año más tarde creó la Fundación Manos de Esperanza, en pro de la lucha contra el cáncer infantil en Venezuela. En 2013 fungió como director de Comunicaciones del Premio Torbellino Flamenco. Actualmente, además de ser el Editor de nuestro medio y corresponsal del Diário de Notícias da Madeira, también funge como el encargado de las Comunicaciones Culturales de la Asociación Civil Centro Portugués.

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