Tomar agua del chorro sale caro

Tomar agua del chorro sale caro

0 213

El panorama venezolano, donde las familias cuestionan la calidad del servicio, cuando lo reciben, contrasta con lo que ocurre en Portugal donde tomar del grifo no supone un riesgo para la salud

Julio Materano

En una Caracas donde los acueductos escupen sedimento y el agua que falta en los hogares se desparrama en las calles de aceras corroídas, la historia de la capital sin servicio cobra el matiz de un cuento inverosímil. Para quienes se plantan en contra de la crisis en una urbe moteada de huecos, Caracas, que es espejo del país, queda resumida en el fracaso de sus servicios: las fallas de agua y de transporte que se mimetizan con la imagen de una metrópolis afantasmada y de luces oxidadas.

En medio de todo el desconcierto político que sacude la nación, el acceso al agua no deja de ser un asunto urgente. La situación, denuncian funcionarios desde el Área Metropolitana, afecta entre 60 y 80 % del país y se torna cada vez más totalizante. Según la última Encuesta Nacional de Hospitales, presentada en 2018 por Médicos por la Salud, el suministro falla en al menos 69% de los centros y ello frustra los planes quirúrgicos.

El panorama venezolano contrasta con lo que ocurre en Portugal, al otro lado del charco, donde algunas familias ni siquiera almacenan el líquido en su refrigeradores y las jarras parecen dispuestas solo para jugos. El pasmo me vino cuando en mi primera salida en la isla de Madeira, donde resido actualmente, visité una casa de familia y, después de repasar lo queda de país, pedí algo de agua para calmar mi fatiga y me dieron, sin mayor disimulo, del chorro.

Aquello me pareció una vergüenza, una falta de pulcritud y de sutileza. Todo al mismo tiempo. Pero esa tarde comprendí, súbitamente, que había dejado a Venezuela atrás, que estaba en Portugal y que la gente tiene por costumbre tomar directo del chorro, sin que eso perjudique su salud.

Después del sorbo insaboro guardé silencio, tal vez por algunos minutos, y recuerdo que entonces solo hablé para confirmarme lo que me parecía impensable en mi país: «Claro, es que aquí la gente toma del chorro», me dije entre dientes para aplacar mi mortificación, para domar el fantasma de la enfermedad. Tal afirmación, confieso, retumbó en mi mente. Ahora, quizás el mayor reto sea no fruncir el ceño al pensar que tomo el agua de mi país: turbia, espesa de tanto sedimento y pestilente.

En la Venezuela de chorros estériles abundan quienes parecen tomarle el pulso a un servicio moribundo. En las comunidades más empobrecidas algunas familias duermen con las llaves abiertas para despabilarse con cualquier hilo de agua y recogerlo en cuanto contenedor haya: en las ollas que están por fregar, los tobos plásticos de fondos agotados y seguramente cualquier objeto cóncavo cuya función no parece otra distinta a la de ser un reservorio en la Caracas árida; como las botellas de refrescos, los calderos escamosos y los viejos utensilios domésticos.

En Caracas cada vez son más cortos los ciclos de abastecimiento. Y el racionamiento no se circunscribe a los barrios de los municipios Sucre y Libertador, también afecta a las zonas residenciales por igual. Con casi 50% menos reserva en 31 de los 62 embalses que hay en el país, según cifras oficiales, la imagen de Hidrocapital, la estatal hidrológica, con el agua hasta el cuello es tal vez la analogía más inapropiada para describir la crisis de una empresa que se ahoga en una ciudad donde escasea el servicio.

De los 19.000 litros por segundo que debería recibir la ciudad, solo ingresan 14.000, aproximadamente. Hidrocapital flaquea y deja entrever su mayor dificultad: el déficit de recursos que pasma cualquier proyecto para rescatar embalses como La Mariposa y Lagartijo, ahogados por la bora.

A diferencia de Venezuela, donde el agua es prácticamente gratis y el estado engaveta los montos de producción, en Europa es un servicio caro, es verdad, pero no deja de tener mérito el acceso oportuno. Y la calidad es incuestionable. Está a disposición de todos. Hay bebederos públicos, en los paseos y los turistas, sedientos, son los principales usuarios, al menos en Madeira donde la actividad representa 90% de los ingresos de la isla, de acuerdo con cifras oficiales. Y aunque no abundan los baños públicos, los manejados por restaurantes y otros establecimientos tienen agua disponible. Es la norma en una ciudad concurrida por viajeros que persiguen el calor del verano en cualquier época del año.

En Europa el líquido tiene doliente. Las familias son conscientes del alto costo y hacen lo posible para optimizar el recurso en casa. El tiempo de las duchas es corto, algunas aguas residuales se destinan al riego de cultivos y es difícil encontrar un bote en la calle. Y de ocurrir, tal vez sería noticia, como la lámpara caída en el centro de Funchal, que captó la atención de los redactores de uno de los medios impresos más importantes de esa ciudad.

Un galón de agua mineral puede costar hasta 2 euros. Pero las facturas por el servicio aumentan puertas adentro. Una familia con 5 miembros, con hábitos de ahorro, cancela por lo menos 20 euros por mes, un monto conservador que permite hacer un mercado, con proteína animal, para una semana.

De acuerdo con informes oficiales, en Portugal el precio promedio de un metro cúbico de agua para el consumo doméstico sobrepasa los 2 euros. Es quizás el costo más bajo si se compara con otros países del viejo continente, donde el metro cúbico supera los 7 euros, como ocurre en Dinamarca.

En Francia, por ejemplo, el costo ronda los 3,5 euros y en Reino Unido supera los 4. Entre las naciones que prestan servicio a precios inferiores destacan Italia, cuyo metro cúbico de agua cuesta 1,5 euros, y España, que tiene un valor parecido al de Portugal, donde el costo varía según el municipio.

Por eso, es natural encontrar concejos con diferentes tarifas, lo cual depende, en gran medida del servicio de saneamiento. Los más sensibles al tema, creen que es necesario controlar el consumo per cápita, con la aplicación de nuevos aumentos, una política que tiene más detractores que defensores.

Según la dirección Regional de Estadísticas de Madeira (DREM), en 2017 la isla registró un incremento de la captación del recurso así como el consumo. Ese año, agregan las autoridades, la captación subió de 60.274 a 61.135 por metro cúbico. Mientras el consumo pasó de 26.140  por metro cúbico a 26.571.

Hoy Caracas, donde los portugueses son la comunidad europea más numerosa, es más que una ciudad de viviendas en caos. El colapso del servicio no solo entra por la puerta de hogares dispuestos a cargar tobos para bañarse. El problema es todavía más profuso y desemboca en el terreno institucional. Las clínicas, escuelas, hospitales y oficinas son el testimonio más lúcido de una crisis en cuyo nombre se inscribe la escasez.

El problema exige medidas de supervivencia que rompen el código social. A estas alturas hay quienes lavan su ropa en sus lugares de trabajo, se mudan de ciudad para atenuar el problema o trasladan garrafas en el transporte, incluido el Metro, para lidiar con los quehaceres.

SIMILAR ARTICLES

0 95

0 80

NO COMMENTS

Leave a Reply