Un barbero que despeina las redes sociales

Un barbero que despeina las redes sociales

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Gustavo Ibáñez no solo ha cosechado fama en Instagram con sus videos humorísticos, también destina parte de su tiempo y dinero para apoyar causas sociales, promover emprendedores y creativos

Julio Materano

Hay oficios de ciencia, de vocación y destreza como la Medicina. Y los hay también de urgencia, de auxilio personal, como la barbería, que sin ser la cura de un bolsillo roto, malogrado por el ahogo económico, es un alivio, un remedio sin regulación contra un país envilecido. Este último es precisamente el oficio de Gustavo Ibáñez, uno práctico que en su camino a Portugal se le convirtió en balsa y salvavidas de un anhelo recurrente: vivir en un país normal, donde sus días no fuesen un naufragio de probidad.

Con dos años en Madeira, Gustavo es tal vez una de las caras visibles de un oficio que si no es el primero de la diáspora criolla, es el de mayores adeptos. El oficio relámpago.  Cuántos venezolanos, sin ser rapabarbas de oficio, han dejado el país con la pretensión de ganarse la vida con tijera y navaja. Tal vez sea una cuestión difícil de responder. Lo que sí parece obvio es que para Gustavo, quien se hizo fígaro en sus últimos días en Venezuela, ha sido su golpe de suerte.

Cambió su postura rígida, y la bienvenida parsimoniosa, detrás de una recepción de hotel sin estrellas por una cámara profesional y una computadora, sus principales aliados para agitar las redes sociales. Fue durante siete años recepcionista de un hotel en Chacao, donde aprendió a lidiar con un público escurridizo.

A sus 34 años, presume de una vida hinchada de ganancias, y no precisamente económicas. Este  influencer, quien desarrolló una marca personal en Madeira, no parece un simple barbero. Es uno altruista que destina parte de su tiempo y dinero para apoyar causas sociales, promover emprendedores y creativos que ven en la isla una oportunidad de crecimiento, un trabajo cuyo esfuerzo estriba en su cuenta de Instagram.

Él no solo ha cosechado fama en redes sociales, también el reconocimiento de su proyecto de vida que congrega su gusto por el buen aspecto personal, la pasión por el humor y el trabajo caritativo. Todo junto en un mismo lugar: @vzlabarberpor, un perfil que es la sínteses de una marca personal que se alimenta del ingenio criollo y que ha calado entre los connacionales en la isla.

Su mérito le viene de su habilidad para manejar con un conocimiento empírico las redes sociales, un mundo desconocido para él antes de llegar a Madeira. En sus videos, que en realidad tienen mucho de parodia y homenaje a la comunidad portuguesa en Venezuela, Gustavo retrata la idiosincracia de una población que prefiere tomar agua en recipientes de mermelada en lugar de usar los vasos que reposan por décadas en la vitrina del comedor, la caja fuerte donde yace la cristalería familiar. El también humorista deja en evidencia al prototipo de familia lusa que atesora los comedores y las vajillas como activos domésticas y penaliza su uso en casa.

En la hora de trabajo, este hombre habla con sus clientes mientras agita la máquina y remueve con destreza todo el cabello. Quizás sea su empatía lo que le ha sumado seguidores en Europa.

En medio del duelo que deviene con la mudanza de país, Gustavo ha logrado construirse un propósito, uno que tiene a Venezuela como eje central. Porque este barbero se dice parte de la diáspora con propósito. Nació en Caracas y vivió buena parte de su vida en Propatria, pero su cadencia andina delata sus primeros años de vida en El Vigía, estado Mérida, cuyo gentilicio parece haberse instalado, inalterable, en su carácter. Este creativo llegó del oeste de la capital venezolana en septiembre de 2016.

Dice que vino para eludir la inseguridad y sobre todo para escapar de un Estado que imponía la trama de la «revolución» en las aulas. «Mi esposa, que era docente en una escuela del Distrito Capital, veía con preocupación cómo el Gobierno los obligaba a adoctrinar a los niños. Y como padre de un bebé, que en ese entonces tenía un año, estábamos desesperados. No queríamos eso para él ni para el resto de los alumnos cuyas madres no tenían que darles de comer. Nos vinimos huyendo del estado de miseria».

En Madeira pudo emprender una barbería en la comunidad de Boaventura, donde recibe a la clientela más asidua. Cambió el bullicio de Propatria por la quietud de un asentamiento, de camas heladas, que parece enquistado en el siglo pasado. «Los primeros días cuando abrí mi negocio no recibía a ningún cliente. Entonces me iba de casa en casa con un espejo, que tenía la bandera tricolor, y una maleta con todas mis herramientas de trabajo. Fue así como pude ganarme la confianza de la gente, de otros venezolanos y locales».

Con 5.738 seguidores en Instagram, una hazaña en una isla de 250.000 habitantes,  la cuenta de Gustavo duplica con creces la población de Porto Moniz, que no suma los 2.500 residentes. Si decidiera juntar toda esa gente, tal vez podría fundar su propia freguesía. Fuera de cualquier metáfora, asegura que ha convertido @Vzlabarberpor en una marca familiar en la que participa el menor de sus tres hijos, quien ha ganado popularidad en las redes donde es conocido como «El patrón». Gustavo, al igual que muchos padres que dejaron hijos en Venezuela, sueña con traerse a los dos primeros que aún residen en el país.

En una edición de la Fiesta de São Martinho, un evento en homenaje a la comunidad venezolana, realizado por Venecom, este fígaro de corazón hidalgo logró realizar un potazo a favor de Bianca, una pequeña con un tumor maligno quien dependía de las donaciones para cumplir su tratamiento en Venezuela. «Es mi contribución con la comunidad. La idea es sumar esfuerzos para tender la mano a quien más lo necesite».

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