María Salome se enamora a los 12 años de edad de Macuto a primera vista, y toma como suyo este pedacito de tierra venezolana

El lunes 3 de diciembre de 1968, Venezuela amanecía con las esperanzas en “el cambio” prometido por Rafael Caldera, quien había sido electo Presidente de la República horas antes. Casi al unísono, encallaba en el Puerto de La Guaira el barco Santa María, proveniente de Portugal con cientos de inmigrantes que traían como equipaje cientos de sueños, esperanzas y algunos recuerdos que los impulsarían a trabajar duro cada día por este país.

Entre los tripulantes, se encontraban María Salome Calaça Moreira y sus tres hermanas, que venían a encontrarse con sus padres y el único hijo varón de la familia, quienes habían arribado al pueblo de Macuto un año antes para establecer un negocio familiar. El clima y la alegría de las familias vecinas hicieron que María, con apenas doce años, se enamorara enseguida del lugar y que nunca sintiera deseos de salir de allí. Meses antes corría por las calles de Caniça, su pueblo natal, con total libertad y seguridad, y aunque lo mismo no sucedía en Macuto siempre existía la oportunidad de jugar en paz con los amigos de la cuadra, incondicionales desde el primer momento.

La primera navidad de la familia Calaça Moreira en tierras varguenses transcurrió entre la alegría de encontrarse juntos de nuevo y una mesa llena de platos portugueses como el bacalao y leitão, mezclados con un nuevo sonido para los oídos de las jóvenes niñas lusas: las parrandas y aguinaldos de Macuto.

Poco a poco la tradicional caza de ballenas de Caniça, el pequeño pueblo pesquero de Madeira, se fue convirtiendo en un recuerdo para María Salome. Las amistades, los estudios, el trabajo en el abasto familiar, las obligaciones en casa y hasta los sobrenombres que le daban los conocidos se fueron convirtiendo en rutina.

Pasado los años conoció a un paisano, que trabajaba frente a su casa. Perteneciendo a la misma comunidad y con las recomendaciones de algunos allegados a la familia, pareció ser el indicado para ella. Su nombre es Eduardo, y hoy es el tiempo quien escribe la historia de un matrimonio feliz de 28 años, dos negocios y dos hermosos hijos. Quienes los conocen entienden que aún a estas alturas se ven a los ojos con un amor puro. “Todos los días le doy gracias a Dios por los hijos que tengo, porque mejores de lo que son, es imposible”, cuenta María Salome con los ojos llenos de lágrimas, mientras recuerda el momento en que su hija recibió el título como arquitecto Cum laude en la Universidad Central de Venezuela.

Pero no todas las navidades han sido felices para ella, hace 10 años esta época se convirtió en uno de los peores momentos de su vida. Una tragedia había ocurrido en Vargas, hubo miles de muertos y pérdidas materiales irrecuperables, sin embargo esta familia había conservado la vida. Su casa desapareció completamente y con ella sus recuerdos. “Ahora no tengo ni una foto de un bautizo, la primera comunión de mis hijos o mi boda, menos de mi llegada a Venezuela…del pasado no quedó nada, nos quedamos sólo con lo que teníamos puesto” relata, esta vez dejando escapar algunas temblorosas palabras causadas por el dolor que le produce recordar aquellos días difíciles, en los que tuvieron que vivir con unos paisanos desconocidos y hasta caminar descalza con una bata de dormir y un pantalón prestado por alguna calle de Caracas.

Pese al dolor y la desgracia que atravesaron, el amor de esta mujer por Macuto es tan grande que decidieron volver cuando el peligro había pasado. En el año 2001, había logrado comprar una casita en la misma zona. Tal vez fueron los primeros en regresar a vivir y trabajar allí, un lugar que siempre estará impregnado por su presencia incondicional, bien sea por la ayuda que han prestado a la comunidad, o porque se han convertido en verdaderos venezolanos. “Yo no me voy de aquí a menos que la vida nos dé un golpe que nos impida quedarnos. Yo me enamoré de Macuto” comenta sonriente.

Con la ayuda del Gobierno de Portugal abrieron un nuevo negocio en la zona y recuperaron las comodidades que perdieron con el desastre. “Le debo mucho a mi Portugal, también lo amo, pero ésta es tierra bendita. Aqui lanzas una semilla de cualquier cosa y puede retoñar en cualquier época del año” relata Salome, nombre con el que la conocen en Macuto y quien parece que lo único que le queda de Portugal es el acento y las ganas de trabajar para salir adelante. Estas navidades puede que en el hogar de María Salome se coma o no bacalao, pero no faltarán las tradicionales hallacas.

Egresada como Licenciada en Comunicación Social mención Periodismo de la Universidad Católica Andrés Bello (2010). Especializada en Periodismo Deportivo por la Universidad Simón Bolívar y en Dirección de Medios y empresas de Comunicación por la ESAE Business School de España. Inició su carrera laboral como pasante en el departamento de medios y comunicaciones corporativas de Editorial Alfa en 2007 y posteriormente como productora asociada en un programa radial en Radio Caracas Radio 750 AM, junto a los periodistas Javier Conde y Sebastián de la Nuez. Forma parte del equipo de periodistas de planta del CORREIO da Venezuela desde diciembre de 2009. Además se ha desempeñado como correctora y editora de textos de la Revista Ripeando, y asesor de comunicaciones.

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