Para este madeirense Venezuela ha sido su hogar desde 1953, cuando llegó desde Brasil

Rufino Coelho encara la vida siempre con una gran sonrisa. “Hay que ser positivo ante todas las cosas. Lo mejor es lo que sucede” afirma este alegre madeirense, nacido el 29 de marzo de 1934. Su padre se llamaba Antonio Coelho y su madre Carolina da Silva, quienes legaron “sentimientos de amor hacia la tierra que nos vio nacer”.

Salió de Portugal porque su familia tenía miedo por la situación económica que vivía el país en aquel momento y por la guerra que les tocaría enfrentar en unos años. Viajó en el barco Zerpa Pinto (un buque de 8.267 toneladas que hizo muchos viajes a Sudamérica) con destino a Brasil y allí se establecieron un tiempo. Luego se  mudó a Venezuela, en la época de Pérez Jiménez, en 1953. “Por cuestiones de la vida llegué aquí y agradezco esa vuelta del destino porque me sentí en casa desde el primer día”.

Esta vez llegó en avión, “uno tan viejo que salimos a las 11 del mediodía de San Pablo a Rio de Janeiro , Trinidad y luego a La Guaira, para llegar a las 7 de la mañana del día siguiente. Bien, lo importante es ‘llegar sano y salvo”, afirma Coelho. “Cuando vine a esta tierra vi que era una maravilla porque se ganaba poco pero se vivía tranquilamente”.

Primero llegó a Las Adjuntas y luego a Caricuao, donde conoció a la dama que hoy en día es su esposa y que casualmente se vino a Venezuela en el mismo año que Coelho. Sobre esa época relata que “todo era tan seguro que a veces llegaba a Antímano y no había autobús  para donde yo vivía y podía dormir allí mismo, nada pasaba, podías quedarte con la cartera, dinero y los papeles”.

Pasó más de 20 años trabajando en el Mercado de Coche y no solamente se encargaba de vender sino de adquirir los productos y hasta de sembrarlos. “Trabajé en la agricultura y sé sembrar papas y todo lo que se necesite”.

También pasó  dos décadas como camionero, recorriendo las distancias más largas que pudo imaginar. “Conocí cada rincón de Venezuela y aprendí mucho de esa experiencia, por eso cuando digo que conozco a este país es porque de verdad lo he recorrido y sé de sus bellezas naturales, de sus ciudades y campos”.

Tanto compromiso sentía Coelho por su trabajo que llegó a conducir 36 horas seguidas y solía hacer viajes de 10 o 15 horas, “he manejado bajo la lluvia y bajo el sol, por todas las regiones, desde Maracaibo hasta Tumeremo y El Palmar del estado Bolívar”.

Un corazón, dos tierras

“Actualmente vivo en el estado Miranda y siento un gran orgullo” afirma, y no solamente siente una conexión por esa región sino por todo el país. “Hice mi vida en Venezuela: aquí tengo a mi esposa, mis cinco hijos, casi 12 nietos, ya tengo bisnietos, en fin, no me voy aunque otros sí lo hagan porque esta es mi tierra”.

 De hecho, ha ido a Portugal a ver a su familia y si bien es cierto que siente mucho amor por su isla, sabe que va de visita. “La primera vez que regresé fue en 1958, luego tuve 20 años sin ir y cuando volví ya Portugal estaba muy cambiada, me sorprendí, era otro país y me encantó ver tanto progreso en Madeira. No me quedé, pero fue muy emocionante”.

Es que su amor por Venezuela es un lazo muy difícil de romper y alcanza hasta el fútbol, una disciplina deportiva que le gusta inmensamente. “En la Copa del Mundo yo iba ante todo por Portugal, por supuesto, porque es mi país de nacimiento, luego por Brasil porque viví allá y tengo bonitos recuerdos; pero una vez terminado el Mundial vuelvo a ser de la Vinotinto, esa una selección muy importante para mí porque representa a mi querida Venezuela”

Cifras

  1. Ese fue el año cuando Coelho y su esposa llegaron a Venezuela, pero cada uno por su parte pues aun no se conocían.
  2. Era el número de horas de trabajo que resistía, varias veces llegó a manejar por un día y medio.

“Una vez terminado el Mundial vuelvo a ser de la Vinotinto, esa una selección muy importante para mí porque representa a mi querida Venezuela”

Periodista de Planta vurdaneta@correiodevenezuela.com Egresada como Comunicadora Social de la Universidad Católica Andrés Bello y con un postgrado en Gerencia Educativa en la Universidad Santa María. Ha trabajado en medios como Meridiano, La Voz y Radio Capital. Fue miembro del Instituto Portugués de Cultura y se ha desempeñando como docente universitaria, además de impartir talleres literarios a niños y adolescentes. Forma parte del equipo de periodistas del CORREIO da Venezuela desde 2004. Se declara una admiradora de la cultura portuguesa, sobre todo de su literatura y su fado. “Gracias al periódico he conocido una gran comunidad, ejemplo de trabajo y perseverancia”.

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