Mi vida así como la de muchos emigrantes no ha sido sencilla. Algunos han tenido suerte mientras que otros hemos pasado por diferentes etapas, superando pruebas difíciles para lograr lo que queremos

María Pereira Da costa es mi nombre. Tengo 69 años de edad y nací na Freguesia do Seixal, concelho do Porto Monis, Madeira. Fui una emigrante más que llegó a Venezuela en el año 1961, dejando atrás mi niñez, juventud y todos los recuerdos vividos.

Llegué hasta la cuarta clase. Mi madre me enseñó a bordar y hacer crochet, además del oficio de la casa. Éramos 6 hermanos y a las hembras nos tocaba cumplir con esta actividad.

Un año antes de venir a Venezuela, me casé con Juan De Andrade Jardim que también era de la misma freguesía. Éramos jóvenes y vinimos en el barco “Sorrento”.

Desembarcamos en La Guaira de noche y todo estaba iluminado. Se veía muy bonito, pero a la mañana siguiente la realidad fue distinta. Subimos a Caracas donde mi esposo tenía un negocio en sociedad con un hermano. Vivimos en una pequeña habitación en el mismo sitio donde mi cuñado se quedaba con su esposa.

Al tiempo, alquilamos un apartamento cerca de La Carlota, en Caracas. A los 12 años de estar en Venezuela, viajamos a Portugal por cuestiones de salud de mi hijo mayor.

Para la fecha, teníamos 2 hijos. Estuvimos 9 meses en nuestro país. Regresamos a tierra de Bolívar y nuestra situación económica era distinta, al punto de regresar, de nuevo, a una habitación.

Juan quedó trastornado con la situación y decidió regresar a Portugal. Después de 3 meses, me fui con mi hijo. Viví arrimada con una prima mientras que él trabajaba de empleado.

Por cosas del destino volvimos a Venezuela, mudándonos a la ciudad de Maracay, estado Aragua, donde Juan compró un negocio cerca de la alcaldía de El Limón. En ese período nació mi segunda hija.

Poco a poco fuimos superándonos hasta poder comprar una modesta casa para vivir, puesto que dormíamos dentro del local.

Dolencia prolongada
Hace 12 años vengo padeciendo una enfermedad llamada Artritis Reumatoidea deformante, diagnostico que me dieron después de un largo tiempo de tratamientos para controlar la osteoporosis.

Mi esposo enfermó de muerte y mi hijo, desde entonces, es quien me atiende, porque no puedo valerme por mí misma. Ha descuidado un poco el negocio por estar pendiente de mis necesidades y la situación económica volvió a decaer.

Mi hija tampoco puede ayudarme, porque ha tenido adversidades en su vida. El esposo no puede trabajar porque tiene problemas en la columna y debe atender a sus 2 hijos.

Lo poco que tenía lo perdí a raíz de una vaguada que azotó Maracay, perdiendo una parte de mi casa así como de mis cosas. Un vecino me auxilio y me encontró sentada en la silla de ruedas nadando entre todos mis recuerdos. No me quedó ni una foto, lo que tengo ahora fue regalado o comprado con el esfuerzo de mi hijo,

Desde hace 2 años, mi hijo y yo hemos realizado diligencias en el consulado honorario de Maracay y Consulado Geral de Valencia, para solicitar apoyo social de Portugal y así cubrir los gastos médicos y de atención que necesito, dejando a mi hijo atender con tranquilidad el negocio.

Tengo la esperanza de lograr este apoyo después de la última entrevista que tuve en Valencia, porque no tengo otra entrada. Un amigo y vecino me ha dicho que le pida a con fe a la virgen do Bom Despacho, para agilice esta documentación.

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