Urge articular protocolo de atención para pacientes repatriados

Urge articular protocolo de atención para pacientes repatriados

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Los emigrantes, provenientes de Venezuela, enfrentan dificultades para ingresar al Sistema Nacional de Salud portugués

Delia Meneses

María Gómes y su hijo Cristian son dos de los 11 repatriados provenientes de Venezuela que llegaron a Madeira en enero de 2019. Viajaron en búsqueda de un tratamiento oncológico imposible de administrar en Caracas, una ciudad cuyos hospitales permanecen secuestrados por la emergencia humanitaria que apaga todo el país. Junto a ellos viajaron ancianos y personas en condiciones de extrema pobreza. Todos con la prisa de quien tiene los días en contra.

Fue un proceso largo que tuvo como anticipo varias reuniones con las autoridades del Consulado de Portugal en Caracas, quienes redoblaron esfuerzos para concretar la propuesta de un viaje, que se realizó el 12 de enero, gracias a la colaboración de la aerolínea TAP. Ya en 2018 habían sido repatriadas 7 personas, para un total de 18 en los últimos dos años, según cifras oficiales.   

A la familia Gómes le tocó organizar un viaje internacional en unos pocos días. Lo que más les preocupaba era encontrar alojo pues no tienen vivienda en Madeira. “Al final, una hermana de mi mamá, que vive en Venezuela, nos ofreció prestarnos una casa de su propiedad, que estaba desocupada, en la freguesía de Calheta. Aceptamos la propuesta del viaje por la situación de emergencia en la que se encontraba mi madre”, relata Cristian.

María es una paciente con cáncer de mama metastásico y para su tratamiento oncológico necesitaba unas pastillas, cuyo valor ronda los 5 mil dólares, y que no se venden libremente por su alto costo. El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), quien entregaba este y otros medicamentos de forma gratuita a los enfermos crónicos, dejó de hacerlo por la falta de divisas. Desde 2014 la institución flaquea en la entrega de medicamentos para trasplantados, enfermos renales y con VIH/SIDA. A partir de ese año, cuando se recrudeció la crisis, el déficit de drogas oncológicas superó el 80%.

“Con amigos que tengo en diferentes países averigué que este medicamento no se adquiere en las farmacias sino que es entregado por la Seguridad Social de cada país debido a su elevado costo y mi mamá necesitaba una caja mensual. Por eso recurrimos al Consulado en busca de apoyo, allí nos atendió la doctora Marlene de Almeida, de Ayuda Social. Luego de casi tres meses de conversaciones y reuniones, los primeros días de enero nos habló de la posibilidad de un viaje a Portugal”, cuenta Cristian, quien recibió los pasajes de avión dos días antes del vuelo. 

El joven recuerda que en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía estuvieron acompañados por Almeida y otras autoridades del consulado. En el grupo de repatriados había gente de edad muy avanzada que no sabía, literalmente, ni a dónde iba y que no tenía contacto con ningún familiar en Portugal. Muchos debían llegar a casas de abrigo y tenían la instrucción de llamar al 112 (número de emergencia) cuando llegaran a la isla o al Continente para poner al tanto de su situación a las autoridades. 

 Un día después de su aterrizaje en Madeira, Cristian inició una travesía llena de obstáculos que casi le cuesta la vida a su madre. “Fue una pesadilla ingresar al Sistema Nacional de Salud portugués. No existe un protocolo para la atención de los pacientes provenientes de Venezuela. En su mayoría son personas con enfermedades graves que deberían tener un salvoconducto para llegar de forma más directa a la especialidad que realmente necesitan. Es difícil entrar a un sistema que no entiendes y que es complicado, sobre todo para personas mayores”. 

En el Hospital de Funchal no estaban al tanto de ningún vuelo especial de TAP con pacientes crónicos por lo que a Cristian y a su madre le pidieron realizar el proceso rutinario: acudir al centro de salud de su localidad, en este caso el de Calheta, y solicitar la atención de un médico de familia.  

“Allá fuimos y entendieron un poco mejor lo que sucedía. Para ser atendida, mi mamá debía cambiar la dirección que tenía en su cartão de cidadão, pero considerando su situación le dieron un número provisional. La vio un médico de familia, quien revisó los informes que trajimos de Venezuela, hizo la traducción de la historia médica y la introdujo en el sistema de salud portugués, cuyos archivos están digitalizados”, cuenta Cristian.

El joven argumenta que un médico de familia no es una persona calificada para atender un caso como el de su madre, quien llegó de Venezuela con un cáncer de mama metastásico. “Para la urgencia que ella tenía se tardaron demasiado en atenderla. Para un paciente oncológico cada día que pasa cuenta. Mi mamá debía esperar dos meses por una cita y al estar sin tratamiento, por las características de su enfermedad, presentó un cuadro febril. Fuimos al centro de salud, le administraron un antibiótico oral y la mandaron para la casa. De verdad que nos sentimos desamparados al llegar aquí. La fiebre empeoró, pues no se trataba de una infección de garganta. Al pasar de los días, el cuadro febril se salió de control, y se la tuvieron que llevar en ambulancia al centro de salud y de allí la mandaron finalmente al Hospital de Funchal”.

María estuvo tres días en terapia intensiva al filo de la muerte. Entonces, dice su hijo, la falta de atención inicial pudo haber sido una sentencia de defunción. Varios de los repatriados coinciden en que la ayuda no está articulada o engranada entre las diferentes instituciones y que falta comunicación. “Eso le pudo haber costado la vida a mi mamá”, alerta. 

Gómes se incorporó a un sistema de salud que arrastra deficiencias. Los usuarios locales reclaman atención oportuna pues las listas de espera son numerosas y hay personas que esperan años por una intervención. 

El joven destaca que una vez en el Hospital de Funchal su madre fue bien atendida, le colocaron antibióticos y todo lo que requería. “No tengo ninguna queja del hospital, lo difícil es lograr que te atiendan, si no llegas en una ambulancia, literalmente muriéndote, no te hacen caso”. 

“Sin embargo, en el hospital no faltan insumos, no te cobran un centavo y el personal ofrece un buen trato. Lo único que uno extraña es que el médico es muy inaccesible, es imposible hablar con él  y que te explique los resultados de un examen o cualquier otra duda. Todo es computarizado. Mientras el paciente está hospitalizado no puedes acompañarlo a menos que lo autorice el gabinete de enfermería si se trata de un caso muy delicado”, relata Cristian. 

Actualmente, María ya tiene un médico oncólogo asignado así como consultas periódicas cada dos o tres semanas. Está recibiendo quimioterapia y se le practicaron muchos exámenes para determinar si la pastilla que venía tomando era la que en realidad necesitaba. Se encuentra estable aunque con los malestares propios asociados a esta enfermedad. 

En Venezuela, Cristian dejó su negocio, prácticamente en la quiebra. En Madeira están asumiendo sus gastos y ya iniciaron las gestiones para que María reciba una pensión por invalidez, pero son trámites que se tardan. 

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