Para esta portuguesa, el país criollo es su segunda tierra y el lugar donde desarrollo su vida

Fue en la freguesia Dos Canhas, en el sitio fragueses novos, isla de Madeira, que nació María Teresa Días Vieira. Con 68 años de edad, se mantiene activa, llena de alegría y agradece a la vida por todo lo que tiene.

María Teresa contó que su niñez fue feliz. “Era la niña de los mandados”, puesto que no quiso estudiar de niña. Ya en edad adulta logró culminar la tercera clase. Esta portuguesa nació en una familia numerosa, siendo la tercera de los menores del grupo de 10 hermanos.

María Teresa expresó que su papá era zapatero pero sólo tenía zapatos para ir a misa. Un día se le dañaron y no hubo tiempo para arreglarlos y al momento de ir a misa se colocó unas vendas en los pies diciendo que había sufrido un accidente.

A los 22 años, se casó por poder con Manuel Dias Baeta, ya que éste se encontraba en Venezuela. María Teresa dijo que un tío representó al novio en la ceremonia colectiva que se hizo para 11 parejas, en la iglesia Nossa Senhora da Piedade en los Canhas.

Aseguró, entre risas, que su noche de bodas durmió con una amiga. “Era tan libre y alegre que la hermana de Manuel fue a pedir mi mano y yo me subí a una mata de higos y desde allí le respondí que si aceptaba”, recordó.

Cuando era joven, a María Teresa le gustaba bordar telas y compraba mercancía a los adelos. Esta portuguesa trabajaba el doble de tiempo, especialmente en invierno, para pagar la mercancía.

Nuevo destino
María Teresa llegó a Venezuela en el año 1963, en el barco Sorriento dos meses después de su matrimonio. Una vez en tierra de Bolívar fue a vivir a un terreno que su suegro tenía en la encrucijada de Maracay, estado Aragua.

Al tiempo, se mudaron a una casa alquilada en Cagua, también en el estado Aragua, donde pagaban de alquiler 50 bolívares de alquiler. Un año después quedó embarazada de su primera hija, Goretti. “Al principio me costó mucho adaptarse al clima y a la situación. Tuve 5 hijos, dos varones y tres hembras”.

Su esposo adquirió un local en el mercado principal de Maracay donde María Teresa compartía el trabajo con él. Vendían verduras. Goreti, por ser la mayor, se quedaba en casa cuidando a sus hermanos.

María Teresa recuerda que su esposo le gustaba cocinar. “Algunas veces era Manuel quien regresaba a casa a preparar la comida y ver cómo estaban nuestros hijos, mientras yo era quien se quedaba atendiendo el puesto en el mercado”.

Con mucho esfuerzo, María Teresa y Manuel compraron una casa en el sector El limón de Maracay, donde actualmente reside. Cuando su esposo enfermó dejó de trabajar para atenderlo.

“Al cabo de un tiempo murió y me dediqué a mis hijos. Él era un hombre ejemplar, muchos amigos lo querían para padrino de sus hijos. Fue muy estricto en la educación, pero les enseñó a nuestros hijos las costumbres y tradiciones portuguesas igual que la gastronomía”, comentó.

Vida tranquila
En la actualidad, María Teresa comparte su tiempo con sus hijos 8 nietos. Además, asiste a las fiestas en honor a la virgen de Fátima, puesto que es una buena excusa para salir en familia donde sea que se celebre.
“He viajado a Madeira en varias oportunidades, siendo la primera con su esposo y dos hijas 4 años después de haber llegado a Venezuela. Después volví a ir 3 veces más”.

María Teresa solicitó, en una oportunidad, apoyo social y la pensión, pero no la obtuvo porque no contaba con los puntos requeridos. Esta portuguesa ha vivido tranquila porque cuenta con algunos ahorros y la ayuda de sus hijos.

“Me siento muy bien y tranquila. Venezuela tiene todo para vivir bien pero no pasa un día en que no piense y recuerde a mi tierra, Portugal”.

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