Alexandre Mendonça: El amigo de la comunidad que será difícil de olvidar

El sacerdote dejó un gran legado para la comunidad portuguesa en Venezuela, siendo responsable de numerosas iniciativas que dignificaron el gentilicio portugués en el país

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Durante el mes de octubre de 2021, el pesar embargó a la comunidad portuguesa en Venezuela, ante el fallecimiento de una de las figuras más importantes de la portugalidad en el país. Entre centenas de personas y representantes de las más variadas instituciones, el último adiós al padre Alexandre Mendonça fue una verdadera demostración de amor y agradecimiento a quien en vida fuera Cardenal, director de la Misión Católica Portuguesa, ecónomo de la Arquidiócesis de Caracas y capellán de la extinta Policía Metropolitana.

Alexandre João Mendonça de Canha nació en São Pedro do Funchal, Madeira, y emigró a Venezuela a los 13 años, trabajando en el comercio formal hasta los 25 años; momento en el que decidió dedicar su vida a Dios y logrando «lo más hermoso e importante» de su vida. «Mi vocación nació conmigo, desde que abrí los ojos al mundo siempre quise ser sacerdote, pero sólo a los 26 años ingresé al seminario por la difícil situación económica de mis padres», explicó a la Agencia Lusa durante el aniversario de su ordenación sacerdotal; un hecho que tuvo lugar en 1988 en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Rosario de Antímano, al oeste de Caracas.

Desde la llegada de la pandemia del covid-19, en marzo de 2020, Mendonça pasaba sus días encerrado en la parte residencial de la Ermita de Nuestra Señora de Coromoto y de Fátima, en San Bernardino, cuyo acceso estaba restringido. Aun así, los fines de semana grababa misas que enviaba a la comunidad portuguesa a través de WhatsApp.

Devoto de Nuestra Señora de Fátima, Mendonça abrió las puertas de la Misión Católica Portuguesa para acoger a decenas de compatriotas que perdieron sus hogares y familias durante las inundaciones de finales de 1999 en el estado Vargas (hoy llamado La Guaira), aun cuando el templo no estaba totalmente listo. “Por decreto personal, prohíbo que se diga ‘la Iglesia del Padre Alexandre’, ya que esta es la iglesia de todos” afirmó al CORREIO previamente, en una entrevista en febrero de 1999.

“Además de ser la casa de todos, sin distinción de ningún tipo, contamos ja con áreas anexas que permitirán ofrecer un servicio de asistencia social a la comunidad más necesitada, asesoría jurídica, consultorios de medicina general, odontología, pediatría y un laboratorio clínico; esto además del despacho parroquial, sala de reuniones, biblioteca y capilla mortuaria” soñaba el sacerdote en aquel entonces.

Durante más de 15 años fue mentor de Campo Rico, una parroquia popular de gente muy pobre en la capital, y ocupó cargos como tesorero del arzobispado de Caracas, director de la Casa Sacerdotal (que acoge a sacerdotes enfermos) y capellán de varios cuerpos de seguridad pública venezolanos. En diciembre de 2016, el arzobispo de Caracas, Jorge Urosa Savino (1942-2021), le confirió el título honorífico de Cardenal.

En junio de 2019, recibió la Medalla al Mérito de las Comunidades Portuguesas, con motivo del Día de Portugal, aprovechando la ocasión para llamar a los lusos a prestar atención a los más vulnerables, en particular a los ancianos luso-venezolanos.

Mendonça fue condecorado como comendador de la República de Portugal (1997) y con la orden Cecilio Acosta en primera clase (1999) por las autoridades del estado de Miranda. En 2006, fue declarado «madeirense ilustre» y recibió una medalla del Concejo Municipal de Caracas durante la Celebración del Día de la Región Autónoma de Madeira en la capital.

Presidió la Fundación Virgen de Fátima y fue asesor del Movimiento Sacerdotal Mariano. También fue guía espiritual de asociaciones y colegios benéficos, del Centro Portugués (Macaracuay) y del Centro Marítimo de Venezuela (Turumo).

En 2006, fue condecorado por el Centro Portugués de Caracas con la Orden del Gran Cordón João Fernandes de León Pacheco. También se le concedió la Cruz de la Policía Metropolitana de Caracas, de segunda y tercera clase.

Mendonca mostró siempre su preocupación por las necesidades de la comunidad local portuguesa y la situación de inseguridad en el país, abogando siempre por la unión: «la peor desgracia de Venezuela es que estamos destruyendo, no estamos construyendo, y hasta que no nos reunamos todos como un solo pueblo habrá situaciones muy difíciles. Los discursos extremos entre Gobierno y Oposición sólo aumentarán el caos en el país».

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