Bibiana Lucas, la estratega que hace política detrás de cámaras

La lusovenezolana realiza trabajo social desde los 21 y, a sus 30 años, es la diputada más joven del Parlamento

0
1460

Delia Meneses

Bibiana Lucas Freitas, a sus 30 años, es, junto a Marialbert Barrios, la más joven de esa camada que en 2015 fue candidata a diputada de la Asamblea Nacional y ganó.

Auténtica, natural y sin poses, forma parte de las nuevas caras de la política en Venezuela. Aunque a veces pocos las miran, las mujeres del Parlamento son parte esencial en este momento histórico.

Lucas, de padres madeirenses naturales de Cámara de Lobos, viene realizando un trabajo de hormiguita desde que se graduó a los 22 años de Ciencias Liberales en la Universidad Metropolitana.

Se ha dedicado a hacer política detrás de cámaras, pensando cómo lograr que las personas asistan a las movilizaciones, ideando estrategias y planes.

Está clara que no se le puede poner fecha y hora al cambio de gobierno y piensa que se debe manejar la ansiedad de los ciudadanos pues se vive un momento de gran complejidad.

Trabaja duro y sin querer figurar, algunos dicen que se dedicó a hacer política para honrar el amor de sus padres por esta tierra y está convencida de que se quiere dedicar a eso toda su vida.

Su papá, Fernando Lucas, murió en Madeira en 2018 y su mamá pasa más tiempo allá que en Caracas. Bibiana sigue en las calles trabajando.

Su vocación surge en una típica familia portuguesa, de esas que no están familiarizadas con la política. «Mi papá me decía yo no entiendo lo que tú haces pero confío en ti. Al principio decían: ese es el hobby de la niña. Después comprendieron que era mi forma de vida y me apoyaron al mil por ciento pero siempre con muchísimo miedo de que me pudiese pasar algo».

La diputada confirmó su vocación por lo público cuando tenía 21 años al aceptar un cargo en la alcaldía de Sucre para realizar trabajo social en Petare, la parroquia donde su padre se desarrolló en el área comercial.

«Mi papá además de amar a Venezuela, amaba a Petare. Él toda la vida trabajó allí y por eso yo, históricamente, he tenido un vínculo muy especial con esa zona. Haciendo trabajo social allí, descubrí que mi pasión era estar en una posición de poder para cambiar las cosas y la vida de la gente».

Hoy, Lucas es la Coordinadora Nacional de Estructura y Movilización del partido Primero Justicia, un cargo que compara con la prima fea con la que nadie quiere bailar. «En un momento tan complicado como éste para hacer política, encargarse de que todo esté en su sitio es muy complejo. Trabajo en los planes de movilización y en la activación de los dirigentes para que tiendan puentes con las comunidades».

Quienes la conocen la consideran toda una estratega. Le ha tocado desarrollar un olfato distinto y definir estrategias y cree que lo ha hecho bien. «Dicen que soy inteligente».

De su época de estudiante recuerda que fue muy activa protestando. En 2007 conoció por primera vez lo que era una bomba lacrimógena, esto ocurrió en el marco de las protestas en contra de la reforma constitucional y en rechazo por el cierre del canal RCTV.

En los encuentros vecinales que organiza casi todas las noches en diferentes urbanizaciones de clase media y en barriadas, las necesidades de inclusión y de coexistencia son una constante. «En el pasado la dirigencia opositora, incluyéndonos, cometió muchos errores, entre ellos no reconocer al que pensaba distinto. El régimen ha logrado sembrar la rabia. La tragedia que hoy vive Venezuela es producto del odio, no queremos volver a cometer ese error. Por eso estamos promoviendo herramientas como la Ley de Amnistía, para los funcionarios civiles y militares. Pero esa ley también debe trasladarse al vecino común, hay familias y vecinos que se dejaron de hablar porque pensaban distinto». Asegura que están luchando por rescatar la libertad de escoger, que cada quién pueda decir con quién está de acuerdo, «ocupándonos todos de lo público, pero sin hacer que la política separe familias o amigos. Como ciudadanos tenemos que elevar nuestra conciencia política», dice Lucas, a quien muchos tildan como un «burrito» de trabajo, un valor que dice haber heredado de su familia. «Puedo trabajar días seguidos, sábados y domingos, sin ningún tipo de complejos y además lo hago con mucho gusto».

De su padre, quien se esforzó por mantener en Venezuela las tradiciones de sus paisanos de Cámara de Lobos, heredó la honestidad y el ejercicio de ganarse la vida fruto del esfuerzo.

Su familia también le ha permitido mantener los pies en la tierra. «Como ellos nunca han estado involucrados en política, yo llegaba a la casa y me tenía que encargar de mil cosas: los problemas con el agua, ayudar a mi mamá con los quehaceres domésticos y otras responsabilidades».

En la agenda de Bibiana no hay espacio para una cita más. El viernes tuvo un recorrido casa por casa en Chacao; el sábado una asamblea en Mamporal y el domingo otra en Charallave. Aunque su vocación política parece arrebatarle todo su tiempo, la diputada no desatiende sus compromisos familiares. «Las últimas cuatro navidades las he pasado en Madeira, exceptuando la 2015, que fue la de la elección. «Yo de chiquita le criticaba a mi papá que solo me llevaba a Madeira. Me conozco la Isla de cabo a rabo, casi mejor que las calles de Caracas».

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí