Cambio de rumbo

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Portugal ha aprobado decenas de medidas para luchar contra el cambio climático, con millones de euros, y ahora cuenta con otros 13.000 millones para una «transición verde», pero pueden ser insuficientes o estar mal orientadas.

Si la lucha contra el cambio climático se considera en la recuperación de la biodiversidad y de los cursos de agua y la gestión del paisaje, la energía limpia y la movilidad, la bioeconomía o la lucha contra los incendios, las medidas fiscales y el apoyo a una economía más verde, hay decenas de millones de euros en juego.

Sólo el Plan de Recuperación y Resiliencia (PRS) destina 6.300 millones de euros a los ámbitos medioambientales, a los que se añade una cantidad idéntica de fondos procedentes del programa de Ayuda a la Recuperación para la Cohesión y los Territorios en Europa (REACT-UE) y del Marco Financiero Plurianual (Portugal 2030).

Esta semana el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha publicado un informe en el que vuelve a advertir, como ya hizo en el documento de 2018, de la necesidad de que la humanidad cambie de rumbo y reduzca sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para mitigar los efectos del calentamiento global. El IPCC afirma ahora que la temperatura global aumentará 2,7 grados en 2100 si se mantiene el ritmo actual de emisiones de GEI. En Europa, advierte el documento, el aumento de las temperaturas será mayor.

En 2015, a través del Acuerdo de París sobre el clima, los países del mundo se comprometieron a actuar, pero las emisiones de GEI han aumentado y las consecuencias son olas de calor, tormentas y lluvias torrenciales y aumento del nivel del mar, entre otras. Las organizaciones ecologistas repiten el llamamiento a una acción enérgica, a una mayor movilización y a un cambio de estilo de vida. Portugal tiene planes, programas, estrategias, hojas de ruta y leyes para hacer frente al cambio climático, uno de ellos (el primer país del mundo en presentarlo), una Hoja de Ruta para la Neutralidad del Carbono 2050, con medidas para que el país sea neutral en emisiones de GEI en 2050.

Y cuenta con un Plan Nacional de Energía y Clima 2030, con objetivos de reducción de emisiones para 2030. Pero también cuenta con una Estrategia Nacional de Adaptación al Cambio Climático, un Programa de Acción de Adaptación al Cambio Climático, un Programa Nacional de Políticas de Ordenación del Territorio, una Estrategia Nacional de Biodiversidad, un Plan Litoral XXI, una Estrategia Nacional del Hidrógeno o una Estrategia Nacional de Educación Ambiental.

Son intenciones, dice João Joanaz de Melo, profesor de la Universidade Nova de Lisboa, doctorado en Ingeniería Ambiental e investigador del Centro de Investigación en Medio Ambiente y Sostenibilidad. Autor de trescientos artículos, informes y comunicaciones científicas, fundador y ex presidente de la asociación GEOTA (Gabinete de Estudios de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio), en una entrevista a Lusa dice que Portugal está realmente por delante de muchos países en lo que se refiere a las intenciones, dice que Portugal conoce el camino, pero añade que falla en la actuación, porque la evolución ha sido nula o muy escasa.

Y da ejemplos. Dice que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero está estancada, lo mismo que ocurre en el sector del transporte, en la eficiencia energética de los hogares. «Lo que vemos es que todos los indicadores están estancados, o avanzan muy lentamente, o empeoran», afirma.

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

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