Consejos para reducir el contagio de infecciones respiratorias

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El aire más seco y la contaminación, pueden perjudicar el funcionamiento de las defensas naturales de nuestro sistema respiratorio. El clima habitual de otoño e invierno, provoca una sequedad de las vías respiratorias, lo que aumenta la dificultad de formar la mucosidad adecuadamente.

«Esto disminuye la capacidad de defensa de la vía contra los microorganismos», explica el neumólogo Frederico Fernandes, director de la Sociedad Paulista de Neumología y Tisiología.

Las infecciones más comunes son virales, como la gripe y los resfriados. «En general, estos virus circulan más a partir de abril, mayo, con una gran incidencia de la gripe (influenza) a finales de mayo y principios de junio. Empieza en otoño y se extiende hasta el invierno», dice Fernandes.

El neumólogo cree que, con el alivio de las máscaras, estas infecciones virales aumentarán en 2022. Por lo tanto, es fundamental que las personas con síntomas de infección respiratoria sigan protegiéndose y, en consecuencia, protegiendo a su vecino.

Otro tipo de infección frecuente es la bacteriana: amigdalitis, faringitis, sinusitis y neumonía. «Si una infección viral respiratoria comienza a prolongarse y no mejora al cabo de tres días, puede haberse convertido en bacteriana. Hay que prestar atención si los síntomas se prolongan», alerta el neumólogo.

Los signos de alerta son: fiebre alta persistente, disminución del estado general de salud (como falta de apetito), dificultad para respirar o respiración dificultosa y síntomas que no mejoran después del tercer día. Las manifestaciones alérgicas más comunes son la rinitis, el asma y la bronquitis. Algunos desencadenantes estacionales frecuentes son: los cambios de temperatura, la baja humedad del aire, el moho, el polvo y los ácaros.

Aunque no es posible prevenir algunas formas de infección, algunas actitudes pueden reducir la posibilidad de contagio: lavarse las manos con frecuencia; lavarse la nariz con suero fisiológico al menos tres veces al día; mantener hábitos saludables (dormir bien, hacer ejercicio físico y llevar una dieta equilibrada); beber mucho líquido; humedecer el ambiente; tener las vacunas al día; evitar los ambientes cerrados o mal ventilados; evitar los ambientes contaminados; evitar la acumulación de polvo y moho en casa; y evitar las mantas y prendas de punto que sueltan pelo.

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