Curiosidades sobre la misión espacial Apolo 11

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A las 13.32 horas del 16 de julio de 1969, hace exactamente 52 años, Buzz Aldrin, Neil Armstrong y Michael Collins partieron de la plataforma 39A del Centro Espacial John F. Kennedy para una misión que cambiaría la historia. El trío no sólo empezaba a poner fin a la Carrera Espacial, sino que también formaría parte de «un salto gigantesco para la humanidad».

A pesar de la importancia del 16 de julio, la misión comenzó a planificarse ocho años antes, en 1961, cuando, en plena Guerra Fría, el presidenteJohn F. Kennedy pronunció un discurso en el que afirmaba que a finales de esa década Estados Unidos sería el primero en llevar un hombre a la Luna. «Antes de que termine esta década, aterrizaremos un hombre en la Luna y lo devolveremos sano y salvo a la Tierra», dijo en un discurso, según un informe de la CNN. Así, ese año se creó el Programa Apolo, que incluyó 11 misiones tripuladas y se cerró en diciembre de 1972.

Tras el lanzamiento del día 16, el Apolo 11 pasó por varios procesos, no todos ellos fáciles. En unos 12 minutos, por ejemplo, la nave ya estaba en condiciones de orbitar la Tierra, por lo que el siguiente paso sería aprovechar el movimiento de rotación de nuestro planeta que, junto con el encendido de la tercera etapa de motores, serviría para superar la velocidad de 40.000 kilómetros por hora y sumergirse en el vacío. De este modo, «sólo» tendrían que seguir 384.000 kilómetros para llegar a la Luna. Pues bien, las cosas no fueron tan sencillas, ya que el viaje no fue en línea recta. Así que, como explica Richard Orloff en ‘Apollo by the Numbers: A Statistical Reference’, tendrían que calcular dónde estaría nuestro satélite natural dentro de tres días, que es cuando los motores de desaceleración empezarían a funcionar.  Otro punto importante es que el viaje no se haría a velocidad constante, ya que la gravedad de la Tierra «robaría» parte de la energía del Apolo 11 hasta aproximadamente la mitad del trayecto. Cabe imaginar que el más mínimo error pondría todo en peligro, haciendo que los astronautas se perdieran en el espacio.

Como ya se ha dicho, el viaje del trío no será un mero desplante. Al final del tercer día, explicó Orloff, debían establecer una órbita alrededor de la Luna a una altura de unos 112 kilómetros. Después, cada astronauta tendría una mini misión: mientras Collins se quedaría a bordo del módulo de mando, Armstrong y Aldrin descenderían a través de un módulo lunar. Sin embargo, al módulo Eagle, que les llevaría al suelo lunar, sólo le quedaban unos 14 minutos de combustible. A unos 150 metros del suelo, Neil renuncia al piloto automático -la máquina que iba a realizar el viaje ya emitía un pitido incesante en señal de sobrecarga- y decide pilotar el Eagle por su cuenta, como si fuera un helicóptero. En «El Águila ha aterrizado», el ingeniero Jack Garman, que guió a los astronautas para que ignoraran las alarmas del Águila, explica que, si se compara con los equipos actuales, el procesador del módulo sería similar al de un teléfono actual. Por otro lado, el Mainframe en Houston no sería mucho más alto que un portátil.

El tiempo que tardó el Eagle en aterrizar en el suelo lunar fue de 14 minutos, tiempo en el que el módulo tenía combustible. Sin embargo, cuando Armstrong tomó el control, los técnicos de Houston se quedaron sin más información durante bastante tiempo. Con cada segundo que pasaba, las expectativas aumentaban. Finalmente, a falta de 20 segundos, se oyó la voz de Neil: «El Águila ha aterrizado». Como señala un reportaje de la BBC, la respuesta que obtuvieron fue: «De acuerdo, recibimos su mensaje. Habéis dejado un puñado de chicos casi azules por aquí. Volvemos a respirar». Quince minutos después de que Armstrong se convirtiera en el primer hombre en pisar la Luna y soltara su famosa frase: «Es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad», le tocó a Aldrin tener el mismo sentimiento. «Magnífica desolación», dijo al encontrarse con la inmensidad de nuestro satélite natural. Permanecieron allí durante unas 22 horas, en las que recogieron 21 kilos de muestras de suelo que se llevarían a analizar.

Una vez cumplida la misión, era hora de regresar. Sin embargo, hay dos puntos que preocupan. La primera es que Águila se detuvo sobre una formación rocosa, cuando debería haber volado sobre el Mar de la Tranquilidad. La otra son las pruebas anteriores con el motor de despegue del módulo, que indicaban un 50% de posibilidades de fallo. Para hacerse una idea, la posibilidad era tan plausible que el entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, ya tenía preparado un discurso por si esto ocurría: «La fatalidad ha determinado que aquellos hombres que fueron a la Luna a explorar en paz se queden en la Luna para descansar en paz», dice un documento filtrado por la web The Smoking Gun. Sin embargo, el discurso no fue necesario, ya que el trío regresó sano y salvo el 20 de julio de 1969.

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