El sueño de Sophia es conocer a Cristiano Ronaldo

La lusodescendiente de 9 años, que nació con espina bífida, continúa su recuperación luego de la cirugía a la que se sometió en el Hospital de Funchal

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Delia Meneses

Vivir con espina bífida implica estar en tratamiento constante, en terapias diarias que permitan mejorar la calidad de vida de la persona. Tras la operación a la que se sometió Sophia da Silva, el pasado 27 de diciembre en el Hospital de Funchal, el siguiente paso es la rehabilitación, como lo prescribió la fisiatra.

La meta es optimizar la movilidad de esta lusovenezolana de 9 años, que nació con mielomeningocele, el tipo más grave de espina bífida, y garantizar que pueda seguir desplazándose con la ayuda de su andadera.

Mientras continúa su recuperación, Sophia intenta retomar la rutina. Es fanática de Internet y tiene su propia cuenta en Instagram @sophiaelizabette. La cuenta es manejada por su mamá, Rosa Goncalves, pero muchas veces la pequeña responde directamente a sus amigos, familiares y conocidos que le envían mensajes de aliento.

La niña, que llegó a Madeira a finales de septiembre, con sus padres y su hermano menor, estudiaba en un colegio en la ciudad de Valencia. Al poco tiempo de llegar a la isla, su madre hizo las gestiones para que ingresara a la escuela más cercana de su casa, en el sector de São João, en Ribeira Brava.

«Era la forma de mantener su rutina y estar activa. La relación con los otros niños ha sido regular, ellos la ven con la andadera y eso dificulta un poco la interacción», cuenta Rosa, quien junto a sus hijos formaba parte del grupo folclórico del Centro Social Madeirense de Valencia.

«Yo apoyo a la agrupación, mi hijo de 14 años baila en el grupo y mi hija Sophia solía llevar el estandarte», recuerda.

A Sophia le gusta la tranquilidad y los paisajes de la isla, disfruta viendo los cruceros y caminando por su calles sin temor a la inseguridad, pero extraña sus rutinas y a sus familiares en Venezuela. Aguda y madura para su edad, algunos comentan de forma jocosa que parece una vieja en el cuerpo de una niña. «Desde pequeña ha convivido más con adultos que con niños, por eso tiene conversaciones muy maduras».

También tiene un sueño: conocer a Cristiano Ronaldo. Con frecuencia se pasea por los alrededores del Museo CR7, en la Avenida do Mar, se fotografía con la estatua del futbolista y no pierde la esperanza de encontrar, en algunos de estos recorridos, a la mamá de su ídolo, Dolores Aveiro, para expresarle en persona toda su admiración y su deseo de conocerlo.

En las redes sociales son muchos los que intentan ayudar a Sophia a hacer su sueño realidad, etiquetando a la mamá de Cristiano y al propio jugador y reiterando el anhelo de la niña de conocerlo.

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