José Visconti: “sou portugués y bom rapaz”

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Pedro Ricardo Maio

“Numa casa portuguesa fica bem, Pão e vinho sobre a mesa, E se à porta humildemente bate alguém, Senta-se à mesa com a gente”  con esta frase de una de las canciones más importante de Amalia Rodríguez, la reina del fado, recuerdo con cariño al gran José Visconti, un portugués de alma y corazón.

No se necesita nacer en un lugar para quererlo como propio, para sentirlo, para adorarlo y José lo sabía muy bien. Cómo no querer a esta hermosa tierra, si por las venas del amor de su vida corría sangre lusitana y con él, de la mano, vivió los momentos más felices de su vida. María Teresa era la luz de sus ojos, era su razón de ser, era un amor que quizá muchos piensan sólo existe en las novelas.

Amaba el fado y Amalia era su preferida, así me lo confesó en una de las tantas conversaciones que sostuvimos. “Uma Casa portuguesa” nos muestra la calidad humana de su gente, la hospitalidad, la humildad y la capacidad de poder compartir con el prójimo sin importar lo poco que se tenga. “A alegria da pobreza
Está nesta grande riqueza, De dar, e ficar contente”.

José era así y no exagero, era realmente un ser especial, dispuesto siempre a ayudar a quien lo necesitara sin pedir nada a cambio; atento, cordial y en su agenda siempre había un espacio para quien se le acercara. “Todas las personas merecen atención, todos nos enseñan algo”.

De buen diente, José no dejaba pasar “pitcheos” a la hora de degustar los platos da “cozinha portuguesa”, hablando siempre de los bolos de nata, pasando por el inigualable bacalao y por las irresistibles espetadas. Claro acompañado siempre de un “gustoso caldo”.

Muchos lo llamaban el “curita” porque sólo la aparición de su amada esposa le impidió ser sacerdote, aunque jamás dejó de practicar la palabra de Dios y transmitirla durante su existencia. Cada vez que hablaba de la Virgen de Fátima se le iluminaban los ojos y en su oficina, ubicada en aquel momento en el piso 3 del Edificio Bloque Dearmas, conservaba la imagen de la patrona de Portugal y a ella me encomendaba cada vez que nos despedíamos.

Como uno de los tantos navegantes portugueses, José conquistó cada terreno que pisó. En lo profesional sobresalió por su facilidad para encontrar la noticia y desarrollarla de forma amena, agradable sin descuidar detalle alguno. Como buen orador fue capaz de atrapar la atención de multitudes, contando historias de todo tipo y en donde un chiste en el medio ayudaba a digerirlas cuando se extendían.

Como docente se encargó de regalarle a cada uno de sus  alumnos sus experiencias, porque la teoría la encuentras en los libros, lo importante es aprender de las vivencias de quienes tienen más tiempo en esta hermosa profesión.

Pero quizá el logro más importante fue haber conquistado el cariño de todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo, de tenerlo como padre, como hermano, como amigo e incluso de aquellos que sólo lo pudieron ver en las emisiones deportivas de

“ El Observador” en RCTV o en el Noticiero Meridiano.

Visconti nos acompañó en cada encuentro con la comunidad, los pasillos del Centro Portugués lo recibieron varias veces y disfrutaron de su exquisita personalidad. Él llevaba a Portugal en su corazón y estamos convencido que Portugal también lo lleva en el suyo. Feliz viaje, buen amigo.

Y recordando otra canción emblemática de Jorge Ferreira, José fue “portugués y bom rapaz”

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