La carne roja, en su justa medida

Los consumidores se quejan por la forma en que la OMS transmitió la información, con pocos pormenores y con estadísticas alarmantes

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Ommyra Moreno Suárez

El mercado mundial de la carne ha sufrido una sacudida inesperada con el análisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los posibles efectos cancerígenos de la carne (la tratada como las salchichas, embutidos y adobos y la roja o procedente de los músculos de los animales).

Las reacciones asustadas y airadas no se han hecho esperar, desde quienes acusan a la OMS de poca seriedad hasta quienes proclaman simplemente que la carnes es buena, pero nadie hasta ahora ha ofrecido un discurso argumentado que contradiga las conclusiones de la OMS.

Las carnes tratadas presentan una elevada tasa de carcinogénesis, detectada en procedimientos estadísticos. Lo que se debe aclarar es dónde está la causa del riesgo, porque es de suponer que no procede de la materia prima (la carne) sino de los aditivos con los  que se rocía dicha materia prima. En el caso de la carne tratada, el riesgo es muy claro (conservantes, antioxidantes, excipientes, tratamientos de ahumado, etc.); pero en la carnes sin tratar, el riesgo que debe precisarse es el asociado a la alimentación del animal o los anabolizantes, esteroides y otros engordantes que se le suministran para aumentar la producción. Cualquier información del tipo “la carne roja mata” confunde al ciudadano. Lo que sí afecta la salud es el componente químico utilizado para conservar las carnes.

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