La harina de maíz venezolana también tiene huella portuguesa

Paulino da Costa y Manuel Bonito tuvieron un papel fundamental en el auge de este ícono alimenticio venezolano: uno en el nascimiento del producto y otro en internacionalización

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Hoy en día es imposible imaginar la casa de un venezolano sin harina de maíz precocida. Desde el territorio nacional hasta los más variados rincones de la diáspora criolla, el escenario es siempre el mismo: en toda despensa hay al menos un paquete de este producto, con la finalidad de hacer las tradicionales arepas; ese manjar que hoy brilla en Venezuela y el mundo.

Lo que pocas personas saben es que el trabajo y el tesón de dos ciudadanos portugueses visionarios tuvo un papel fundamental en la producción industrial y en la internacionalización de la harina de maíz precocida. Dos historias importantes que rescatar del archivo del CORREIO da Venezuela, para que la historia sea contada en las próximas generaciones.

Paulino da Costa: El visionario que dinamizó la producción de la Harina de Maíz

El nombre de Paulino da Costa no pasa desapercibido para quienes iniciaron la producción de la Harina Pan Juana en los molinos de la empresa Monaca. Durante muchos años, este ciudadano portugués nacido en Porto, fue uno de los primeros y principales dinamizadores en la creación de la harina de maíz precocida, que facilitaría la vida de quienes pilaban el cereal para producir los platos más tradicionales.

En una entrevista durante el año 2002, Paulino contó al CORREIO que fue una total casualidad el inicio de la producción de este producto, ante la necesidad de desactivar una fábrica que había sido construida en La Encrucijada, estado Aragua, con la finalidad de producir cerveza. “Yo veía a los jóvenes de la época cargando en sus espaldas sacos llenos de maíz, llevándolos para las casas de las personas que tenían molinos. Fue un día de esos que la historia ocurrió, por mera casualidad, como otras que acontecen en la vida. Mi jefe, otro emigrante portugués, me pidió que transformara una materia prima destinada a la industria cervecera, pero quedaba más caro que traerlo de Estados Unidos. Entonces los responsables me preguntaron qué debíamos hacer con aquella fábrica. Fue allí que surgió la idea de producir harina de maíz de mejor calidad, con ingredientes precocidos y lista para la confección de productos alimenticios tradicionales” explicó da Costa.

“Un empleado se llevó a su casa un poco de la harina, todavía en fase experimental. Enseguida fue considerada ideal para la confección de arepas. La palabra fue pasando entre los empleados, las familias, los vecinos, de una señora a otra, pues las arepas quedaban más sabrosas. El negocio de la venta de arepas también aumentó bastante, con la entrada en el mercado de esta nueva fábrica. Cambiamos algunos elementos y, en poco tiempo, Harina Pan Juana se convirtió en la harina de maíz más popular e ideal para la cocina” recordaba Paulino.

Monaca inició su producción del producto en 1958 con 18 toneladas diarias. Ante el gran auge, la empresa compró otra fábrica en Cumaná, siendo este ciudadano portugués el encargado de transformar el espacio. De hecho, a pesar de no ser ingeniero, Paulino fue el mentor de las grandes máquinas industriales de la empresa hasta avanzada edad. Recibió todo tipo de condecoraciones y siempre fue un ejemplo para todos los empleados de la empresa internacional, quedando su nombre ligado para siempre al nacimiento de la harina de maíz en Venezuela e, incluso, al inicio de la aparición del producto en su nativa ciudad de Porto.

Manuel Bonito: Un hombre polifacético centrado en sus ideas

Si bien es cierto que hoy en día se encuentra con facilidad la harina de maíz en Portugal y otros países del mundo, hace algún tiempo atrás no era así. La exportación de la harina de maíz precocida venezolana fue un reto que el empresario Manuel Bonito asumió y trabajó durante muchos años. No fue tarea fácil: le costó encontrar personas que entendieran que el producto servía no sólo para hacer arepas, sino para elaborar muchos otros platos.

Bonito es comerciante por naturaleza y su visión de negocios inició desde que era muy pequeño, cuando le pidió a sus padres que le compraran un pollito. «Se convirtió en gallina y comenzó a poner huevos. Vendía siete huevos a la semana y también ayudaba a mi madre vendiendo su ropa de lana de oveja, hecha por ella misma. Todo iba para la alcancía. Un día decidí romperla y compré una vaca a mi padre, que pronto daría leche y servía de servicio de bueyes a los vecinos por 15 escudos. Hasta vendí caña de azúcar para chupar, que compraba a 5 tostones y la vendía a un escudo” recuerda el ciudadano nacido en Calheta, Madeira.

Luego de un breve período en África, en 1967 Manuel Bonito viajó a Venezuela como turista, pero pronto comenzó a trabajar con su hermano y obtuvo legalmente su cédula de identidad que le permitió quedarse en el país. Ese día dijo «¡Soy un hombre libre!» y comenzó la aventura de emprender en el país, específicamente en la zona de Sabana Grande. A pesar de algunos problemas comerciales en su vida, siempre insistió en lo que quería y en lo que creía: «Nunca he sido un esclavo de lo negativo».

El emigrante trabajó en varios establecimientos: desde suministros, pastelerías, librerías, cervecerías y restaurantes, hasta en agencia de lotería y alquiler de casas. En 1984, ante el inicio de devaluación de la moneda venezolana, decidió volver definitivamente a Madeira con una idea en la cabeza: vender harina de maíz precocida no sólo entre los portugueses que volvían a la isla desde Venezuela, sino también a los madeirenses que producían el “milho”. «Cada vez que visitaba mi tierra y hablaba con un antiguo inmigrante, siempre me decían que en Madeira todo era muy tranquilo, pero que lo que más extrañaban era la arepa venezolana». Por ello, este producto no podía faltar en la maleta de un viajero portugués.

Manuel realizó tres viajes a Venezuela con la finalidad de negociar con Empresas Polar la exportación de la Harina PAN a Madeira. “Las dos primeras veces, me sacaron tarjeta roja. En la tercera ocasión, decidí comprar dos contenedores y pagué por adelantado, encargándome de todo el proceso de exportación. Yo me regresé feliz en el avión, porque tenía la seguridad de que la harina ya iba camino a Portugal en un barco” cuenta el empresario lusitano.

Ante la incredulidad de los directivos de Polar, Bonito tuvo el valor de demostrar que no estaba equivocado. «No fue fácil cambiar los hábitos de preparación del maíz», confiesa el emigrante. No había nada que inventar en torno a la preparación del plato típico del archipiélago y parecía difícil romper los esquemas mentales de las amas de casa y en el ámbito de la restauración. Pero con el maíz precocido se facilitaba el trabajo, lo que significaba perder menos tiempo dando vueltas con una cuchara de madera mientras el maíz hervía.

El comerciante aún recuerda el trabajo de promoción que tuvo que hacer a las puertas de las iglesias para convencer a las señoras de que introdujeran la famosa harina de maíz en los menús de Madeira. “Muchas veces iba después de misa, la gente se reía, pero él promovía la harina precocida. Preguntaba quién conocía ese maíz y les pedía que lo levantaran en sus manos. A los que no conocían la harina PAN, les enseñaba a prepararla y les mostraba las ventajas sobre el maíz tradicional. Pero no fue fácil», confesó el ciudadano, quien tuvo que ganarse la confianza de una población cuya principal prioridad era el producto final, pero no el proceso de creación.

Bonito invirtió en la promoción de la harina precocida y lanzó algunas recetas en anuncios publicitarios. «Yo mismo fui a la televisión, acompañado de mi esposa, para mostrar cómo se hacían las arepas y cómo se cocinaba el maíz con Harina Pan. Al principio pensé sólo en el consumo de los que volvían a Madeira desde Venezuela, pero luego me di cuenta de que era un producto dirigido a la población en general».

Treinta y siete años después, este hombre visionario siente orgullo de haber alcanzado el objetivo y siente que conoce la Harina PAN como las palmas de sus manos. Hoy en día, según fuentes contactadas de Empresas Polar, el nombre de Manuel Bonito está grabado en la historia de la empresa: no sólo fue el primero en apostar a la exportación del producto, sino que también estuvo involucrado en el proceso de mejoramiento del producto con miras a la internacionalización, cambiando algunos elementos para extender su fecha de caducidad y mejorando el empaque para hacerlo más resistente. De hecho, el ciudadano portugués fue invitado a la inauguración de la planta de la empresa en Colombia, siendo parte de la optimización de la misma.

Una historia que no todo el mundo conoce, pero que definitivamente permitió la llegada del producto a la mesa de propios y extraños, primero en Madeira y luego al resto del mundo.

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Editor - Jefe de Redacción / Periodista sferreira@correiodevenezuela.com Egresado de la Universidad Católica Andrés Bello como Licenciado en Comunicación Social, mención periodismo, con mención honorífica Cum Laude. Inició su formación profesional como redactor de las publicaciones digitales “Factum” y “Business & Management”, además de ser colaborador para la revista “Bowling al día” y el diario El Nacional. Forma parte del equipo del CORREIO da Venezuela desde el año 2009, desempeñándose como periodista, editor, jefe de redacción y coordinador general. El trabajo en nuestro medio lo ha alternado con cursos en Community Management, lo que le ha permitido llevar las cuentas de diferentes empresas. En el año 2012 debutó como diseñador de joyas con su marca Pistacho's Accesorios y un año más tarde creó la Fundación Manos de Esperanza, en pro de la lucha contra el cáncer infantil en Venezuela. En 2013 fungió como director de Comunicaciones del Premio Torbellino Flamenco. Actualmente, además de ser el Editor de nuestro medio y corresponsal del Diário de Notícias da Madeira, también funge como el encargado de las Comunicaciones Culturales de la Asociación Civil Centro Portugués.

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