La ilusión de regresar e invertir en Venezuela

El retorno de comerciantes de origen portugués empuja la recuperación de algunos sectores. Los emprendedores llegan con nuevas ideas en su equipaje. Quienes arriban al país llegan movidos por una percepción de recuperación económica que allana el camino para nuevas inversiones

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A excepción de un espeso manto de polvo, que se posaba sobre cada objeto de la habitación, todo estaba en su lugar. Siete años después, la cama seguía tendida con el edredón azul de siempre, aunque con un tono sutilmente más ceniza. Apenas abrieron la puerta del cuarto, los Gouveia se sintieron entumecidos por una melancólica sensación de abandono. Era como si una atmósfera gris se hubiese tragado parte de su patrimonio familiar. Aunque aquello no dejaba de ser más que eso: una percepción afantasmada que los asaltó durante esa primera semana en la que regresaron de Portugal.

Después de todo, se juraron hacer una vida distinta, lejos de su tierra, donde el menor de sus dos hijos aprendió una lengua diferente a la que se hablaba en casa: portugués, el idioma de sus abuelos paternos. Y ahora están de vuelta. Contra todo pronóstico, el matrimonio Gouveia emprendió un viaje de retorno a los Valles del Tuy, en el estado Miranda. Aspiran a retomar las riendas de un negocio familiar, uno que nunca se detuvo y que hoy, cuando las cosas no dejan de ser difíciles para su entorno, esperan oxigenar: la panificación. Desde hace más de 42 años, esta familia ha puesto todo su empeño en la industria del pan, en los mostradores surtidos de productos recién horneados.

El trabajo, cuenta Manuel, quien está al frente de tres panaderías que abastecen la subregión, demanda constancia. Es, quizás, un salto de fe que le exige una dedicación insondable y que en esta oportunidad lo trajo de nuevo a Venezuela. Cuenta que salió del país para replantearse la vida en Porto. A punta de trabajo corriente supo reponerse de las adversidades económicas que trajeron flaquezas en la producción de su negocio. “En realidad, nunca me fui. Siempre estuve presente, gerenciando las panaderías desde afuera cuando no teníamos suficiente harina para cubrir la demanda. Fueron muchas noches sin dormir, por lo que fue necesario apartarme para recuperar mi estabilidad emocional”.

Su relato no es una isla de resistencia. Al igual que él, José Gomes ve en el regreso un puente entre el negocio que tiene en Madeira y el que puede amasar en Venezuela.  José deja caer su mirada cuando se le pregunta por su futuro en el país donde la energía eléctrica vacila. Sabe que es un reto, pero no un imposible reflotar su patrimonio. Sabe cómo hacerlo. En tres meses se irá a Venezuela. Lo hará después de pasar una estadía ininterrumpida de nueve años en Madeira, donde tiene una heladería.

Cuenta que se devolverá para robustecer una sociedad comercial con dos de sus familiares. Esta vez pretende reabrir una charcutería y una carnicería familiar. Ambos establecimientos fueron cerrados en 2012 en medio de los desabastecimientos de energía eléctrica y apagones. “En mi país tengo todo, mi casa, a los míos y tengo el apoyo de todos los que me rodean para salir adelante”, dice. Y augura un buen comienzo, aupado, hasta cierto punto, por la dolarización de la economía y la plasticidad en el aumento de los precios. “En Portugal, y más aún en Madeira, es muy difícil hacer dinero. Es muy poco o casi nada lo que queda de ganancia. Terminas siendo tu propio empleado de por vida”, se cuestiona.

Tanto Manuel como José son partes de quienes llegan a cuentagotas, un universo que la Universidad Católica Andrés Bello sitúa en por lo menos 3% de los cerca de siete millones que se han ido en busca de una mejor vida.

Al igual que otros lusovenezolanos que retornan al país, Manuel no arriba solo. Llega con nuevas ideas en su equipaje. Pero, sobre todo, con la sed de capitalizar un mercado que se mantiene vigente y está ávido de productos de calidad. Aunque la gente ponga el foco en una Venezuela rota, no se ha perdido el hábito de comer una canilla caliente o un sobado bien fresco, enfatiza el productor.

Es un hecho que en medio del relato de país que dibuja a una Venezuela difícil, están quienes se regresan para retomar un negocio familiar, emprender e iniciar una apuesta económica que supone un nuevo comienzo. Los lusovenezolanos arriban movidos por la esperanza de un crecimiento económico. Algunos emprenden para aliviar las penas tras los fracasos y negocios fallidos en el exterior. La recesión económica que afecta a Venezuela desde 2013 parece haber tocado fondo, según expertos. Pero no la crisis de gasolina. Muchos regresan en busca de oportunidades tras un proceso de migración complejo.

El pago de servicios, impuestos, alquiler y de altas tasas de seguros le tuerce el pescuezo a cualquier emprendimiento fuera del país, insisten quienes retornan. “Si no cuentas con un capital suficiente o un establecimiento propio, es difícil mantener un negocio”, insiste Manuel. De acuerdo con cifras del Centro de Análisis de Datos Mundiales sobre la Migración de la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU, 45% de las personas que regresaron a Venezuela en 2022 lo hicieron por la percepción de mejoría económica. El panorama resulta aún más espectacular si se perfilan las cifras publicadas por la institución. De una muestra de 4 000 retornados consultados, 19% dijo que llegó para invertir y 11% por nuevas oportunidades laborales.

Manuel aún no tiene claro si su retorno a Venezuela es apenas un tránsito o es una decisión definitiva, pero esgrime la mayor de las razones para volver: la nostalgia y la necesidad de reencontrarse con su familia. De los siete hermanos nacidos en Portugal, cinco están en Venezuela. Otro falleció y el mayor vive en Suráfrica. “Voy a ser sincero, no sé si me quede, pero aquí puedo levantar el teléfono y llamar a cualquiera de mis hermanos y eso no tiene precio. No lo consigo en otro lado”.

A decir verdad, el regreso de algunos venezolanos ha abierto un portal de inversiones que ha aumentado la expectativa en torno a la economía del país. Aunque buena parte del discurso que se teje en torno al retorno estriba en una percepción de mejora, la realidad es que quienes regresan lo hacen en busca de sus afectos, amigos y familiares. A ello se le suma el hecho de que en el país ha habido tradicionalmente una visión positiva en torno al emprendimiento como medio de sustento. A propósito de ello, en un informe publicado en diciembre por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, se estima que Venezuela crecería 5% en 2023, más del 1,3% que el organismo estimó para el promedio regional. Otro dato que ayuda a entender la dimensión de esta tímida tendencia es el aportado por el Gobierno en agosto cuando se contabilizaban 31.500 retornados a través del llamado Plan Vuelta a la Patria que desde la pandemia ha dispuesto vuelos para el regreso de venezolanos en 21 países.

Pese a la ilusión que le produce su regreso, Manuel interrumpe la conversación por Whatsapp. Hace 15 minutos que se fue la luz en su casa.  No se permite conversar ni un minuto más conmigo. Le quedan 22% de batería y una llamada pendiente. “Le diré al encargado de la panadería que, hasta tanto no llegue la luz, no abra más los frigoríficos para que no se dañen los lácteos”.

 

Julio Materano

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