La imagen del portugués en Venezuela

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Digna Tovar / Docente portugués lengua extranjera UCV

Portugal es sinónimo de mar, libertad, encuentro, intercambio, saudade… es un pequeño gigante cuyos navegantes continúan trazando rutas al servicio del encuentro, el intercambio y la interacción respetuosa con el otro.

Los otrora navegantes portugueses son hoy inmigrantes en cuya maleta transportan sus sueños, su visión de mundo, su identidad. Es esta la que facilita su integración a cada lugar, por lejano que sea, al que arriban para anclarse y echar raíces con su familia.

El inmigrante portugués parece entender a cabalidad que al llegar a un país con costumbres, lengua y tradiciones diferentes a las suyas, debe resguardar el tesoro de su identidad sin colocar barreras que obstaculicen su interacción y relacionamiento con el otro. Este, en mi opinión, es el elemento que ha determinado que las diferencias lingüísticas y culturales no hayan sido impedimento para la integración de los portugueses a la sociedad venezolana.

Los lusitanos adolecen de una enorme capacidad de adaptación e integración a espacios ajenos a su Portugal natal, de donde han partido en masas para radicarse en los más recónditos lugares del planeta, dictando, en cada lugar que habitan, cátedra de trabajo, constancia y desarrollo… ellos son un buen ejemplo de perseverancia y capacidad para administrar recursos humanos y económicos. Una muestra fehaciente de esto lo constituye el portugués aldeano, proveniente en su mayoría de la Isla de Madeira y de pequeños pueblos del Norte de Portugal, convertido en pequeño comerciante próspero al frente de una panadería o de un abasto atendido por él y su familia en cualquier ciudad, pueblo o barrio venezolano.

Son numerosas las historias de portugueses que arribaron a esta tierra con poco o nada de dinero, ayudados por paisanos y se dedicaron a trabajar duro para poder luego traer a la esposa e hijos que esperaban pacientemente el llamado para venir al reencuentro y comenzar a trabajar juntos de cara al futuro. La familia una vez junta, se amalgamaba y centraba en un solo objetivo: procurar labrarse un futuro mejor. Para lograr el objetivo era necesario, obviamente, sacrificar muchas cosas, esforzarse mucho, trabajar sin descanso doce, quince o mas horas. La familia entera tenía que ayudar en el negocio para poder producir y ahorrar al máximo. Pero lo más importante es que la ayuda de los hijos en el negocio no impedía su ingreso a la educación media y a la posterior formación universitaria. Para la familia portuguesa residente en este país, el estudio, la profesionalización de los hijos, fue siempre una prioridad, una condición sine qua non. La preocupación de que mi hijo tenga la oportunidad que yo no tuve ha sido una constante en la comunidad portuguesa.

Estos venezolanos híbridos – nacidos aquí o en Portugal-, pero de padres portugueses se mueven en un mundo que se caracteriza por ser bicultural. Es decir, crecen y se educan en contacto directo con las costumbres y tradiciones venezolanas y portuguesas simultáneamente. El entorno los sumerge en nuestra realidad nacional; al estudiar en escuelas, liceos y universidades venezolanas están inmersos en la visión de mundo, la manera de ser, de vivir, venezolanas. Este contacto directo los seduce, les enseña a amar a Venezuela, su clima agradable, sus paisajes hermosos, incluso a ser magallaneros o caraquistas…

No obstante, esta realidad no implica un desconocimiento de las costumbres, tradiciones, gastronomía y lengua portuguesa, a las cuales tienen acceso permanente en el entorno familiar. O conforto do lar funciona como una isla que retrata a casa portuguesa descrita por Amália Rodrigues en el famoso fado así titulado. En esa isla es posible degustar um caldo verde, acompañado por un bom bacalhau com natas, vinho tinto ou verde el respectivo y delicioso pastel de natas y un cafezinho. Ah, muy importante: en esa isla fala-se portugués. Los habitantes de la casa portuguesa están expuestos simultáneamente al castellano, que es la lengua de comunicación cotidiana y al portugués que funciona como lengua de comunicación familiar. No siempre sucede así, pues cuando se trata de parejas mixtas (1 conjuge portugués y 1 conjuge venezolano), es común hablar castellano también en el entorno familiar.

Vamos a detenernos para caracterizar ese portugués que se habla en el entorno familiar.

Antes debemos aclarar que una lengua es un vehículo de comunicación, un ente vivo que evoluciona constantemente y que dicha evolución es determinada por el uso que los hablantes hacen de ella. La evolución es un proceso natural que el hablante activo, casi sin percatarse, promueve y consolida con el paso del tiempo.

Un hablante activo es aquel que se comunica permanente y cotidianamente en una lengua determinada. Es decir, en el caso de los lusitanos aquí radicados, dejan de ser hablantes activos de portugués para convertirse en hablantes activos del castellano, pues su día a día, se verbaliza en castellano y no en su lengua materna. Esto implica una pérdida para los lusitanos ya que al quedar restringido el uso de su lengua materna apenas al entorno familiar, se va olvidando paulatinamente el léxico no utilizado y toda la carga semántica, sintáctica y pragmática inherente al mismo; esta pérdida es palpable en la gran mayoría de los portugueses que dejaron de frecuentar Portugal y hablan portugués sólo en el entorno familiar.

Lo que sigue a este olvido involuntario, pero paulatino e inevitable de significados y significantes en portugués es la aparición del renombrado portuñol; ese código de comunicación intermedio entre el portugués y el castellano es provocado, probablemente, por la proximidad existente entre estas lenguas. Ambas, provenientes de la misma raíz – el latín -, se asemejan tanto que los lusitanos son presa fácil de esa semejanza, lo que se verifica con el uso que ellos desarrollan del portuñol en Venezuela.

Es un hecho que con el paso de los años, los portugueses aquí radicados, comienzan a comunicarse por medio de una lengua híbrida en la que se refleja simultáneamente su aprendizaje y consecuente adquisición de competencia comunicativa en castellano y la incorporación de semas propios del portugués, que parecen reemplazar aquellas lagunas de significados y/o significantes que aún persisten en el uso de la lengua castellana.

En otras palabras, los portugueses comprenden que la comunicación consiste en entender al otro y hacerse entender; para lograrlo adoptaron como estrategia más común sustituir las palabras que ellos desconocen en castellano por palabras de su lengua materna. De allí que pronuncien con naturalidad frases en las que se verifica, a menudo, esa mezcla castellano / portugués a que nos referimos y de la cual les podemos dar los ejemplos siguientes.

• Ella no ha llegado ainda (= aún).
• O que queres que te diga?
• A que horas llegas filho?
• El dotor no me diz que tengo que ficar (= permanecer) acostado.

Mas allá de la mezcla lexical vehiculada por el portuñol, la cual, sin duda alguna, trasciende el plano semántico y pragmático, se incorpora de manera notable al habla híbrida de los lusitanos, el elemento fonético, explorado en los comerciales de tv que bromean con el habla de El portu. Un castellano nasalizado, impregnado de sonidos vibrantes y marcado por la pronunciación de la (s) a la española. Todas estas son características fonéticas propias de la lengua portuguesa transplantadas a la lengua castellana, que ellos aprendieron a puro oído en contacto con nosotros.

Lo cierto es que el portu ha logrado vencer la barrera de la lengua, ha consolidado su competencia comunicativa, no en los predios académicos, sino en la universidad paralela –la calle-, esa universidad que le ha mostrado generalmente la cara sonriente del venezolano, pero que, en ocasiones, le muestra también la cara de la violencia y la discriminación; fenómeno este que lastimosamente marca presencia en cada rincón de nuestro país y la comunidad portuguesa no está exenta de ella, basta ver la publicidad de nestea y otras en las cuales se ridiculiza la figura del portugués esforzado, trabajador, pequeño comerciante solo por su acento al hablar, sus cejas abundantes, etc.

Sin ánimos de victimizar sino de reivindicar los valores del trabajo, el esfuerzo, la paz y la amalgama familiar que encarna la comunidad portuguesa residente en Venezuela, bendigo al portu; ese personaje popular que se ha ganado el respeto, el cariño y la aceptación de los venezolanos. Hasta en los barrios más humildes y peligrosos es posible encontrar a este personaje sencillo, bonachón, bromista trabajando incansablemente en su abasto o panadería y dando ejemplo de buen ciudadano.

Él portu es un venezolano más y así lo demuestra su pasión por la arepa, el pabellón, la hayaca y su amor por Venezuela, mi país, su país.

En suma, el portu es una figura de la cual tenemos, los venezolanos, mucho que aprender. Sin duda, él evoca la valentía de Viriato, el ingenio de Camões, la tenacidad de D. Afonso Enrique. Es un varón respetable; representa a una comunidad digna de elogios que ha sabido dar en la misma medida en que ha recibido y que ancló el barco de su corazón en el mar caribe, sembrando entusiasmo, constancia y trabajo en esta hermosa tierra latinoamericana.

BIBLIOGRAFÍA REFERENCIAL
1. De Abreu Xavier, Antonio (2007). Con Portugal en la maleta. Caracas: Alfa.
2. Acosta Saignes, Miguel (1959). Historia de los portugueses en Venezuela. Caracas: Dirección de cultura de la UCV.

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