La música envuelve la vida de Liliana De Faria

La cantante luso-venezolana cuenta su trayectoria como artista y sus inicios en la movida musical en Venezuela

0
76

Oscar Sayago

La música tuvo una gran incidencia en la vida de Liliana De Faria. Podríamos decir que fue una chispa que transformó su vida a una temprana edad y, por el momento, sigue siendo un apoyo y una musa que ha dirigido el timón en su vida.

La familia de Liliana es provenientes de la Isla de Madeira, vinieron a Venezuela cuando tenían apenas 16 años. Portugueses trabajadores que llegaron al país a construir nuevos sueños: “Me enseñaron toda la belleza que habita en la religión y de lo importante que es tener un vínculo cercano con nuestros orígenes”, narró la cantante.

La razón por la que hacemos un desvío por los orígenes de la familia de Liliana, es debido a que fue en su casa donde ella descubrió el amor que tiene por la música. La artista cuenta que su principal motor que la encaminó en el mundo musical fue su madre, gracias a que desde muy temprana edad siempre estuvo rodeada de música tradicional portuguesa y fados.

Su primer salto a la movida artística lo hizo cuando tenía apenas 9 años, en la coral del Conservatorio Simón Bolívar. Fue en esta institución que empezó la iniciación musical de Liliana, aprendiendo distintos tópicos como: lenguaje musical y la teoría de la música. En este conservatorio cada estudiante tenía que escoger un instrumento de orquesta; Liliana se apasionó por los instrumentos de viento, especialmente por la flauta transversa que, hasta la fecha, la sigue acompañando en sus presentaciones.

Experimentando nuevos ritmos

Mientras mejora sus habilidades como artista, Liliiana se unió a una orquesta sinfónica que formaba parte del Conservatorio Simón Bolívar. Y, a medida que fueron pasando los años, la luso descendiente fue audicionando en otras orquestas: la Sinfónica Infantil y Juvenil de Venezuela, Orquesta de Cámara Amadís y la Orquesta Nacional de Flauta.

Pero la historia de Liliana tomó otro rumbo cuando tenía 12 años. A esta edad, la cantante formó parte de un curso en el Centro Portugués para aprender a tocar acordeón. Tiempo después formó parte del grupo Danças e Cantares, fungiendo acordeonista; estuvo cerca de un año tocando el instrumento.

“Me acuerdo que un día el director le pidió un receso a los muchachos; ellos se pusieron a tocar una canción. Me acuerdo que esa canción mi mamá me la colocaba cuando era chiquita, era de Roberto Leal. No lo pensé, agarré el micrófono y me puse a cantar. El director se me quedó viendo y me dijo, ¿tú cantas? No sabía cómo responderle”.

A partir de ese día, Liliana se convirtió oficialmente en la cantante de la agrupación. En su recorrido con el equipo, tuvieron distintas presentaciones a lo largo de Venezuela e, inclusive, sacaron un cd conjunto de la agrupación. A los 16 años de edad, su amor por el fado estaba más latente que nunca, ahora experimentando nuevos ritmos con instrumentos que salían de la cotidianidad del género.

“Me considero fadista y me siento como una”

Lliana De Faria expresa que en lo profesional se inclina más por el fado que cualquier otro género. La inspiración originalmente vino de Amália Rodrigues. La empezó a escuchar cuando era adulta y fue cautivada por los melismas que ella hacía con la garganta. De igual forma, en sus repertorios musicales intenta fusionar distintos instrumentos que no son tradicionales en el fado, como lo puede ser la flauta transversa.

“A través del fado tengo una libertad que me deja expresar todo lo que yo quiera en una canción: todo lo que es amor, estrés, nervios, angustias. Estando en las tablas puedo drenar toda esa energía, me conecto con mi parte más íntima y sentimental, hasta tal punto que siento un desahogo”.

No obstante, aunque la pasión de Lliana vive en el fado, la artista también se define como una cantante versátil, pudiendo adoptar distintos géneros a su repertorio. Liliana expresa que en múltiples ocasiones le ha tocado incluir tanto música venezolana como brasilera en sus presentaciones.

“El fado me ha abierto muchas oportunidades, a lo largo de los años he podido cantar en distintos conciertos. A su vez, he formado parte en celebraciones como el día de Portugal y el día de Madeira. Ahora me preparo para nuevos conciertos y proyectos musicales”.

Un descanso necesario

El 2020 se había presentado como un año de proyectos para Liliana, sin embargo, la pandemia dio un giro drástico a sus planes. Encuentros en distintas ciudades de Venezuela tuvieron que cancelarse; conciertos para distintas organizaciones tuvieron que reprogramarse…Simplemente se paralizó toda la movida artística de un día a otro.

No obstante, Liliana cree fielmente que todo sucede por una razón. Por esto, la pandemia para ella se presentó como un break que necesitaba en su vida. “Siento que parar mis actividades diarias me hizo profundizar más sobre mi trabajo. El 2020 no fue un año fácil, pero me puse a pensar y analizar un poco sobre cómo podía mejorar. En vez de quedarme dudando sobre lo que pude haber hecho, decidí nutrirme en otros aspectos para mejorar mis presentaciones”.

Gran parte de su trabajo en cuarentena estuvo enfocado en la fonética. Liliana relata que se tomó varios meses para mejorar y practicar su pronunciación, dado que en ocasiones pasadas se ha presentado como un reto en sus toques, especialmente cuando tiene que interactuar con el público.

“Toda esta pandemia me ha nutrido, me he soltado más en el lenguaje. Empecé a ver cosas que antes no veía por estar sumida por el estrés y mi vida personal. Pero el pararme me hizo darme cuenta de muchas cosas y de percibir detalles que deje pasar por alto”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here