Los íconos de una cultura e idiosincrasia que se mantienen vivas

Madeira tiene un conjunto de manifestaciones culturales, objetos, creencias y tradiciones que le dan un toque de magia a la región insular

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El archipiélago de Madeira es rico en tradiciones culturales, fruto de la vida y las costumbres del pueblo madeirense. Hay muchas prácticas de carácter religioso, fuertemente arraigadas en la cultura de los madeirenses, pero también hay artesanía, música, fiesta y bebidas.

Una de las experiencias religiosas que caracteriza a los habitantes de Madeira, especialmente de las zonas rurales, es la Navidad. En el tiempo de Pascua, la gente recibe en sus casas la visita pascual, más conocida como la visita del Espíritu Santo. El mes de junio es sinónimo de fiestas en honor a los tres santos populares en toda la isla de Madeira.

Las Agrupaciones Folclóricas de Madeira son grupos dedicados a la conservación y recuperación del patrimonio tradicional. La gran seña de identidad del folclore madeirense es el «bailinho», acompañado de voces y música, y el conocido «despique», donde dos cantantes improvisan alternativamente cuartetas de sátira social. Los miembros de los grupos folclóricos llevan el traje tradicional de Madeira.

Algunos elementos básicos de la historia económica de la isla también forman parte de la cultura madeirense, como el cultivo del lino y el trigo, la viticultura y los bordados de Madeira.

Caralhinho

El caralhinho, mexelote, mexelhote, mexilhote o simplemente palo de poncha, es un instrumento utilizado en la Región Autónoma de Madeira para mezclar los ingredientes en la preparación de bebidas alcohólicas como la poncha, la niquita y el pé de cabra. El nombre de “caralhinho” se debe a su aspecto fálico.

El utensilio es común en cocinas, bares, tabernas y tiendas, siendo fundamental para la elaboración de la Poncha. Es bastante eficiente para extraer el jugo de limón y mezclar los distintos ingredientes. La practicidad del objeto tiene mucho que ver con la ingeniosa forma en que está diseñado el extremo inferior, que recuerda a las cuchillas interiores de algunos electrodomésticos como los molinos de comida o varitas mágicas.

Suele estar formado por una especie de cilindro inicial en el que el artesano marca primero las respectivas divisiones, divide el cilindro por la mitad y sierra su perímetro. Posteriormente es tallada la madera con un cincel y un martillo, cruzando un diente hacia un lado y otro hacia el otro, en una especie de juego de formas y direcciones.

Según los expertos, cuanto más profundos sean los cortes y desgarros de los “dientes”, más eficiente será la mezcla de los ingredientes que van en las bebidas. Su uso es simple: sujetando el mango del Caralhinho con las yemas de los dedos de ambas manos y repitiendo continuamente un movimiento simultáneo hacia delante y hacia atrás sobre todo el preparado, mientras el extremo inferior se encarga de toda la mezcla.

Chápeu dos Carreiros

Desde 1948, en el número 237 de la Rua de Santa Maria, en el municipio de Funchal, estaba instalada la «Fábrica de Chapéus de Santa Maria Maior», fundada por tres hermanos, pero que dejó de funcionar recientemente.

Dos de ellos, José Pestana y João Pestana, trabajaron allí hasta su cierre. En ese espacio se producía y vendía el «chapéu de pala» y las tradicionales «carapuças».

José Pestana aprendió el oficio cuando aún era joven, en una sombrerería situada en la Rua do Carmo. Fue él quien fabricó el «sombrero canotier» o «chapéu palheta», como éste que pertenece a la colección del museo, un modelo que fue durante muchas décadas el sombrero de paja preferido por los hombres.

Hoy en día es más conocido en nuestra Región como «chapéu dos carreiros do Monte», ya que forma parte del traje que llevan los «carreiros», que conducen los «carros de cesto» en la parroquia de Monte.

La materia prima utilizada en su confección, la paja de trigo, se importaba del norte de Portugal. Allí el trigo se siembra con el fin de que su paja se trence a mano, por lo que se cosecha antes de que la planta «dé espiga», para que no adquiera un tono oscuro.

El proceso de elaboración de este tipo de sombrero comenzaba con la operación de enrollar la trenza, que se realizaba con la ayuda de un pequeño martillo con el que el artesano golpeaba la paja para enderezarla y ajustarla. Luego, la trenza se cosió en la máquina de coser. Mientras lo cosía, el artesano le daba un movimiento giratorio constante, dándole forma con la mano desnuda para obtener la forma deseada. Comenzaba el proceso de fabricación del sombrero haciendo la «copa» y luego el «ala».

Por último, se colocaba en el respectivo sombrero de madera (las formas correspondían a diferentes tamaños, que iban del 48 al 64), se protegía con un paño húmedo y se planchaba.

Para terminar este artefacto, el artesano cosió una banda de tela negra, en la que se imprimió la palabra «Madeira», que identifica el origen ya que, hoy en día, es un producto que se vende esencialmente a los turistas.

Bordado Madeira

Los orígenes del Bordado de Madeira se remontan al inicio del poblamiento del Archipiélago de Madeira, y se cree que comenzó a ser realizado por las mujeres de la nobleza, como forma de decorar los artículos del hogar además de la ropa, y también por influencia de las obras conventuales.

Sin embargo, sólo a partir de la segunda mitad del siglo XIX este producto comenzó a ser reconocido no sólo a nivel regional y nacional, sino también internacional, ya que algunos comerciantes ingleses establecidos en Funchal exportaban bordados a Inglaterra.

Con la nueva dinámica que adquirió el negocio, aparecieron casas de bordado y un creciente interés por parte de extranjeros, concretamente ingleses, alemanes y norteamericanos, hecho que contribuyó a un cambio radical en el sector productivo, en la evolución del proceso artesanal al industrial.

Los exportadores especializados en su comercio, distribuyen a las bordadoras el tejido ya estampado, trabajo realizado por los diseñadores que tras ser trabajado por las hábiles manos de las bordadoras, vuelve a la fábrica donde es revisado, cortado, lavado y planchado, en una sucesión de verificaciones que terminan con la colocación del sello por parte del IVBAM (Instituto del Vino, Bordado y Artesanía de Madeira), garantizando así su calidad y autenticidad.

Los tejidos utilizados en la industria del bordado de Madeira son: lino, seda natural, organdí y algodón.

Las diversas influencias de los encajes de Inglaterra, Milán y Brujas pueden haber servido de inspiración a los diversos puntos utilizados en el bordado de Madeira, a saber, el richelieu, el caseado, el arrendado, el punto de cuerda, el francés, el garanito, etc.

El Bordado Madeira ofrece una variada gama de piezas, que incluye ropa de mesa, de cama, de baño y de niños, entre otras.

Con cerca de 150 años de historia el proceso de producción del Bordado de Madeira continúa con la misma autenticidad desde sus inicios y se estima que hoy en día hay cerca de 30 empresas productoras de Bordado de Madeira y cerca de 3000 bordadoras dedicándose diariamente al arte del Bordado.

Traje Regional

El traje tradicional de Madeira es objeto de muchas especulaciones sobre su origen y evolución. Se estima que ha sufrido diversas influencias nacionales y extranjeras, principalmente de Minho, moras, africanas y flamencas. Es habitual encontrar vendedores de flores y personal de restaurantes vestidos con el traje típico de Madeira.

En la ropa de mujer, el color predominante es el rojo. Las mujeres casadas y las solteras de Ponta do Sol llevaban capas rojas, mientras que las viudas llevaban capas azules.

El tipo de vestimenta en Funchal, Machico y Santa Cruz se componía de una falda de lana, coloreada o a rayas, un chaleco y un corpiño rojos y una capucha azul.

El traje masculino no ha sufrido muchas transformaciones. Consistía en unos pantalones cortos blancos con flecos por encima de la rodilla, una camisa con pliegues que podía estar bordada o no.

Las botas, llamadas «bota-chã», hechas de piel de vaca curtida, las llevaban tanto hombres como mujeres. La caña de la bota está girada hacia fuera y llega hasta el tobillo; en el caso de las mujeres, está adornada con una cinta roja.

Carapuça

La carapuça es un gorro de forma cónica utilizado en Madeira en los siglos XVIII y XIX, influenciado por el gorro medieval y los carapuços portugueses. Se trata de un gorro de lana sin ala que adornan tanto hombres como mujeres, ajustándose a la cabeza y contando con una larga coleta que se balancea desde el centro del gorro. Tiene la forma de un embudo invertido. El sombrero está hecho de lana negra, azul oscuro o roja.

El origen de la carapuça no es bien conocido y hasta 1782 no existe ninguna información concreta sobre este complemento.  Algunos etnógrafos le atribuyen raíces griegas, mientras que otros ven una influencia oriental.  Sin embargo, algunas fuentes remontan la carapuça a la época de la inquisición: los condenados eran obligados a llevar trajes ridículos cuando asistían a sus juicios, incluyendo una túnica con forma de poncho y un sombrero o gorro largo y puntiagudo.  Así lo dice el refrán portugués «vestir a carapuça» (asumir la culpa).

La capucha aparece perfilada en algunos dibujos que datan de 1820. Las jóvenes solteras decoraban su carapuça con la riqueza de su familia en joyas y pendientes de oro para atraer a posibles maridos más ricos. La capucha cayó en desuso desde 1870 y le suceden el pañuelo y la mantilla para las mujeres y para los hombres el «sombrero de orejas», el «gorro de pico» traído de las Américas por los emigrantes, y el «gorro de lana negro» y otras variaciones.

Hoy en día, estas carapuças son utilizadas por los grupos folclóricos y son un recuerdo turístico muy popular. Sin embargo, los colores y materiales son diferentes para turistas y folcloristas.

Arraiais

En Madeira, los meses de verano están marcados por las fiestas tradicionales y las romerías, conocidas tradicionalmente como «arraiais».  Estas festividades son en su mayoría de carácter religioso, sin embargo hay otras que no lo son.

En el archipiélago de Madeira se celebran fiestas religiosas o peregrinaciones en todas las parroquias, la mayoría de ellas organizadas por el «festeiro», que es la persona que sufraga los gastos de las fiestas y celebraciones religiosas.

En estos festivales no falta el entretenimiento, a cargo de bandas filarmónicas y bandas de ritmo moderno.

 Las calles que rodean a la Iglesia o incluso el recinto se adornan con coloridas banderas que se colocan en postes de madera decorados en su base con laurel o boj.

Los puestos, hechos de madera y decorados con laurel y otra vegetación, son un punto de paso obligado para la mayoría de los visitantes. En estos pequeños espacios de venta se puede encontrar un poco de todo, desde dulces, juguetes, bebidas, variedades gastronómicas, entre otros.

Los puestos de comida y bebida son uno de los más solicitados en las fiestas populares de Madeira. No puede faltar la espetada, el bolo do caco con mantequilla de ajo, el vino regional o la tradicional «laranjada». La típica «Espetada Regional» se elabora con carne de vacuno cortada en dados, colocada en un asador de laurel y asada directamente en los braseros instalados cerca de las tiendas. Junto al fuego se reúnen hombres y mujeres en un ambiente festivo.

Bom Jesus

La Fiesta del Santísimo Sacramento, también conocida como «Arraial do Bom Jesus», se celebra siempre el primer fin de semana de septiembre, en la localidad de Ponta Delgada, en São Vicente, evento que tiene lugar entre los días 3 y 4 de septiembre.

Aunque en términos litúrgicos la solemnidad del Senhor Bom Jesus se celebra en enero, debido a las condiciones meteorológicas adversas de principios de año, la fiesta se celebra el primer fin de semana de septiembre, uniéndose así a las celebraciones en honor del Santísimo Sacramento en la localidad.

Durante estos días, los distintos grupos de peregrinos de toda la isla acuden a la parroquia norteña para pagar sus promesas y disfrutar de la típica convivencia madeirense.

Es un acontecimiento religioso realmente rico en tradiciones y con gran animación. Una de las mayores peregrinaciones religiosas de la isla de Madeira.

Nossa Senhora do Monte

Cuenta la leyenda que a finales del siglo XV, a un kilómetro por encima de la iglesia de Nossa Senhora do Monte, en la localidad de Terreiro da Luta, una pastora jugaba por la tarde con una niña. La pastora ofreció su merienda a esta niña. La pastora, muy contenta, contó lo sucedido a su familia, que no creyó su historia, ya que era improbable que una niña apareciera en aquel bosque desierto tan alejado del pueblo. Por la tarde del otro día, la niña volvió a jugar con la pastora que volvió a darle la merienda y la pastora volvió a contárselo a su familia.

Al día siguiente, a la hora indicada por la pastora, su padre fue a observar la escena en secreto. Fue entonces cuando vio, sobre una roca, una pequeña imagen de María Santísima y, frente a ella, a la inocente pastora que se apresuró a decirle que aquella imagen era la niña de la que hablaba.

El padre, perplejo, no se atrevió a tocar la imagen y comunicó el hecho a la autoridad, que ordenó que la imagen fuera colocada en la Capilla de la Encarnación, cerca de la actual iglesia de Monte. Desde entonces, creció la devoción en torno a Nossa Senhora do Monte.

Colar de Rebuçados

Los tradicionales «colares de rebuçados» se pueden encontrar a la venta en cualquier «arraial» (fiesta) de Madeira. En otros tiempos, cuando el dinero era escaso, el collar de dulces era la alegría de los más jóvenes. Hoy en día, los tiempos han cambiado y el número de vendedores y la variedad de dulces han aumentado.

Bonecas de Massa

Estas muñecas se encuentra tradicionalmente en los «arraiais», y estaba en proceso de desaparición porque durante mucho tiempo la actividad no era continuada por los niños. Esta tradición fue recuperada recientemente por la Casa del Pueblo de Curral das Freiras, que invitó a algunos habitantes de la parroquia a aprender a moldear estas figuras. Se elabora con harina, agua, levadura, huevo o colorante de mandarina y un poco de sal. Los ingredientes se mezclan y la masa resultante se trabaja a mano para dar vida a la tradicional muñeca. Las semillas se utilizan para los «ojos» y las cintas de colores para hacer el pelo y la ropa. Luego se mete en el horno durante 20 minutos y está listo para ser vendido.

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Editor - Jefe de Redacción / Periodista sferreira@correiodevenezuela.com Egresado de la Universidad Católica Andrés Bello como Licenciado en Comunicación Social, mención periodismo, con mención honorífica Cum Laude. Inició su formación profesional como redactor de las publicaciones digitales “Factum” y “Business & Management”, además de ser colaborador para la revista “Bowling al día” y el diario El Nacional. Forma parte del equipo del CORREIO da Venezuela desde el año 2009, desempeñándose como periodista, editor, jefe de redacción y coordinador general. El trabajo en nuestro medio lo ha alternado con cursos en Community Management, lo que le ha permitido llevar las cuentas de diferentes empresas. En el año 2012 debutó como diseñador de joyas con su marca Pistacho's Accesorios y un año más tarde creó la Fundación Manos de Esperanza, en pro de la lucha contra el cáncer infantil en Venezuela. En 2013 fungió como director de Comunicaciones del Premio Torbellino Flamenco. Actualmente, además de ser el Editor de nuestro medio y corresponsal del Diário de Notícias da Madeira, también funge como el encargado de las Comunicaciones Culturales de la Asociación Civil Centro Portugués.

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