Médico lusovenezolano integra la comisión para la beatificación de José Gregorio Hernández

El cardenal Baltazar Porras escogió a Pedro Fernandez para formar parte de este grupo

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Delia Meneses

Su carrera científica no fue un obstáculo para crecer en la fe. El urólogo Pedro Fernández se dice católico de crianza y de convicción. Siempre cultivó una relación cercana con la iglesia católica y, en medio de la pandemia, trabajó de la mano con el cardenal Baltazar Porras y con su obispo auxiliar en Mérida, en varios protocolos de formación de estudiantes del seminario y de prevención del coronavirus dentro de la Arquidiócesis.

Después de un largo camino, fue en abril de 2020 cuando se asomó más claramente la posibilidad de beatificar al doctor José Gregorio Hernández. Pero fue solo en junio cuando el Papa Francisco autorizó el tan anhelado reconocimiento. «Es allí cuando el cardenal Porras me hizo el honor de nombrarme médico miembro de la Comisión para la Beatificación de José Gregorio Hernandez», explica el galeno lusovenezolano, de padre madeirense, natural de Ribeira Brava.

Un poco por la tradición, se acostumbra a que en la comisión haya un integrante con la formación u oficio del futuro beato. «Si hubiese sido un ingeniero hubiesen invitado a un ingeniero. En este caso le correspondía a un médico. Mi función es colaborar en todo lo que tenga que ver con la beatificación, dar asesoría en cuanto al área científica y explicar la parte técnica-clínica de los milagros que ha realizado José Gregorio, que es algo que la Iglesia cuida mucho».

Fernandez rescata que en el médico de los pobres, la ciencia y la fe convivieron como fuerzas aliadas para generar el bien común. «Una de las cosas más resaltantes de José Gregorio Hernández es que es una figura universal, que no solamente conocemos por la fe cristiana católica sino por su alta calidad científica».

«El primer microscopio que llegó a Venezuela lo trajo él, la primera cátedra de Parasitología que hubo en Venezuela la fundó él, los primeros estudios de infecciones transmitidas por vectores los realizó él. Fue un científico reconocido que luego por la virtud de su vida y sus valores éticos y morales, aparte de su vocación de servicio, lo han llevado a ser merecedor de este puesto de honor que le brinda la Iglesia universal hoy», dice Fernández, quien se graduó de Medicina en la Universidad de Los Andes y da clases a los futuros médicos.

Resalta que en los portugueses hay una marcada fe y devoción a José Gregorio porque han sido protagonistas de eventos de sanación inexplicables que son adjudicables a un milagro. «Muchos miembros de la comunidad lusa aprendieron a poner su fe en la sanación y a seguir el ejemplo de este médico virtuoso y con eso obtuvieron muchas bonificaciones, sobre todo espirituales».

Luego se encargaron de llevar esa creencia más allá de las fronteras nacionales. «En la segunda vuelta, cuando los primeros emigrantes venezolanos vuelven a su tierra llevaron estas tradiciones culturales, gastronómicas y las tradiciones de la fe, por eso en Portugal y en Europa hay mucha devoción a José Gregorio. En los últimos cinco años, con el retorno de la segunda generación al sitio de origen de sus padres, estos lusodescendientes han dado testimonio de la vida y los milagros del futuro beato».

Como el de Yaxury Solórzano, el milagro que permitió la beatificación. Fernandez, quien también tiene una subespecialidad en andrología y biomedicina reproductiva, detalló que existen comisiones clínicas en todo el mundo que se encargan de buscar la explicación científica del presunto milagro. Y una vez que la ciencia no puede explicarlo de ninguna manera, con ninguna de sus herramientas, la comisión teológica vislumbra la posibilidad de que se trate de un milagro.

Así ocurrió con Solórzano: recibió un tiro en la cabeza, pasó 8 horas sin atención médica y, a los 15 días de haber sido operada, estaba caminando feliz con el ciento por ciento de sus funciones motoras y sensitivas». La curación se atribuyó al médico de Isnotú, el primer hombre y laico venezolano que será elevado a los altares.

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