Mensajes transmitidos a los niños influyen en su personalidad

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La vida cambia para siempre en cuanto nos convertimos en padres: empezamos una jornada única con cada hijo y a medida que crecen les enseñamos y transmitimos mensajes de diferentes maneras. Dichos mensajes pueden ser poderosos al momento de compartir un principio o al hacerles cumplir ciertas reglas. Sin embargo, muchas veces pasamos por alto el hecho de que el modo en que reciben estos mensajes afecta su disposición para obedecer, entender y sentir el deseo de hacer lo que es correcto. Además de influenciar la manera en que actúan, también moldeamos la personalidad de nuestros hijos.

Cualquier mensaje que damos a nuestros hijos queda registrado para siempre no solo en su mente, sino en su corazón. Si queremos criar hijos felices, saludables y estables, por consiguiente, podemos poner en práctica las mejores virtudes, a fin de brindarles ejemplos favorables y sinceros, que los hagan sentir valiosos y queridos, como verdaderamente son.

Los mensajes positivos son expresiones que debemos desarrollar como progenitores porque tienen grandes recompensas con los hijos y la familia en general, ya que incrementan la armonía en el hogar. Algunos ejemplos de mensajes positivos son el aprecio por el trabajo que hacen, la actitud ante el estudio o las buenas calificaciones que logran. Si eres un padre de pocas palabras podrías escribir una nota o dar un abrazo a tu hijo cuando logra algo por mérito propio, dado que esto habla más fuerte que las palabras en algunas ocasiones, y es muy válido para el niño que lo recibe. Existen buenos resultados cuando los padres utilizan mensajes positivos, porque los hijos se sienten más dispuestos a cumplir con sus responsabilidades, establecen vínculos duraderos con sus padres y hermanos; aprenden además a divertirse de forma sana al tiempo que desarrollan buenos sentimientos hacia los demás.

Existe una variedad de mensajes negativos que de forma consciente o inconsciente pueden salir de nosotros hacia nuestros hijos y herirlos emocional, psicológica o verbalmente. Algunos ejemplos son el uso de palabras que destruyen la autoestima, la imposición autoritaria de consecuencias o castigos sin ninguna explicación o diálogo al respecto; la expresión de malos sentimientos y pensamientos. Es necesario que como padres cuidemos los mensajes negativos que podríamos comunicar a nuestros hijos porque los resultados son, también, perjudiciales. Algunos hijos tienden a dudar de su valor individual, pueden perder la autoconfianza e incluso demostrar conductas inadecuadas no solo en el hogar, sino en otros ambientes, como la escuela y otros lugares de recreación.

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