«Personas bien atendidas y motivadas no quieren morir»

Delia Meneses

Rafael Macedo, médico especialista en Medicina Nuclear, es enfático. «Nadie debe morir con dolor. Si ocurre es porque no hubo inversión. Personas bien atendidas y apoyadas no quieren morir», dice el profesional de la salud quien nació en Venezuela y llegó a Madeira cuando tenía 7 años con sus padres naturales de Ribeira Brava.

Para Macedo es sintomático que en una región donde 1200 personas, en al menos 4 años, murieron esperando una cirugía, pueda haber personas a favor de la eutanasia. Recalca que  la mayoría de las personas en la isla no tienen acceso suficiente a la salud y saca a relucir los ejemplos de Bélgica y Holanda donde «la eutanasia mata a personas pobres muy a menudo».

A juicio de este especialista, quien estuvo a cargo de la Unidad de Medicina Nuclear del Servicio de Salud de Región Autónoma de Madeira, la llamada muerte asistida afectará a los más pobres. «Los que no tienen dinero para costear servicios básicos de salud son los más vulnerables», asegura y piensa que la eutanasia es igual a decir: vete rápido porque solo ocasionas gastos.

Portugal es el quinto país de Europa que decide dar luz verde a la Eutanasia y de lejos el más pobre, dice Macedo, quien destaca las declaraciones de su antiguo profesor de medicina, Walter Osswald, quien da clases en la Facultad de Porto.

Según Osswald, entre 20 a 30% de los casos de eutanasia en Bélgica y Holanda son homicidios de naturaleza social. Al analizar la realidad de estos países, desde que entró en vigencia la legislación, el experto concluye que buena parte de las personas que mueren por eutanasia no lo solicitaron. «El mayor problema es que toda la eutanasia presupone que la persona pide ser asesinada, pero eso no sucede en Holanda y Bélgica: una gran parte de las personas sacrificadas nunca lo pidieron, son asesinadas por decisión de familiares, médicos y enfermeras», denuncia Osswald.

Macedo defiende que en Portugal todos deberían de tener el derecho a optar por los cuidados paliativos y tener acesso a atención domiciliaria y a los apoyos sociales adecuados, pero apenas 15% de los portugueses que necesitan de cuidados paliativos tienen acceso a ellos.

«Una persona enferma que tiene un sufrimiento profundo y prolongado es responsabilidad de los trabajadores de la salud pero sobre todo del Estado. Si los portugueses no tienen acceso a medicamentos ni a un tratamiento oportuno, ¿cómo se puede discutir ahora sobre la eutanasia? Si yo tengo una piedra en un riñón que me produce un dolor permanente seguramente que querré morirme después de tres horas de sufrimiento. Pero cuando me quiten el dolor, lo agradezco y me arrepiento», opina Macedo, quien argumenta que se trata de un proceso holístico que implica hacer un buen seguimiento al paciente, apoyo social y psicológico, además de suministrar los medicamentos adecuados para una determinada enfermedad.

Para Macedo, la forma ilusoria de utilizar el concepto de «elección personal» es curiosa pues la «elección» de la muerte no es una opción, sino el resultado de la «exclusión» externa de todas las demás opciones. El lusodescendiente cree que los más vulnerables se sentirían presionados a escoger la inyección fatal como un acto desesperado.