Rincones Lusos: Aldea de Pena

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Situada en un valle profundo en el corazón del macizo de Gralheira, la “Aldeia da Pena” es uno de esos lugares que solo creíamos que existían en nuestra imaginación. Cubierto gran parte del día sobre la penumbra del Valle, ya que el sol llega a las casas solo unas horas al día, el pequeño pueblo es un lugar mágico que invita a la contemplación. La falta de luz natural, especialmente en invierno (tres horas al día), no quita mérito a su singular belleza.

Para llegar a la mítica Aldea de Pena, ubicada en un profundo valle de la Serra de São Macário, es imprescindible pasar por São Pedro do Sul, por la IP5. El camino que conduce a este lugar es empinado y solo pasa un automóvil a la vez, a pesar de tener dos direcciones. No te alarmes porque después de bajar a las profundidades, está garantizado que la visita valdrá la pena. Todo el pueblo invita a la contemplación, con su enclave único en el paisaje combinado con las casas típicas. Las casas de pizarra bien conservadas se pueden ver desde lo alto de la colina.

Con poco más de una docena de casas para igual número de habitantes (según la época del año), el pueblo vive de las ventajas de haber nacido en un valle. El río corre cristalino, en medio del silencio que es tan fácil de encontrar aquí. El caudal de su arroyo nunca seca, siendo utilizado en los meses más calurosos del año, por lugareños y visitantes, para bañarse.

Piérdete por los estrechos senderos, mira a tu alrededor e inspírate en este rincón escondido entre montañas. Camina por estas calles con horizontes que se extienden a lo largo de tantos kilómetros; haz una foto mental y lleva siempre contigo el recuerdo de este hermoso cielo azul durante los meses grises que están por llegar.

A la entrada del pueblo, la Adega Típica da Pena es el tapete de bienvenida para el visitante y sirve las delicias de la gastronomía local: el jamón, el queso da Serra y los embutidos, pero también platos más preparados como la feijoada, el arroz de cabidela, el cocido portugués al estilo de Pena, la ternera asada en horno de leña y el cordero asado con patatas, siempre en buena compañía de vino verde. De postre, asegúrese de probar el dulce de sopa seca y las rosquillas de Pena. Además de la bodega, hay otras tiendas que venden artesanías locales, como las miniaturas representativas del pueblo. No olvide abastecerse de miel allí producida.

En el pasado, los habitantes de Aldeia da Pena iban a enterrar en Covas do Rio, una ruta que se hacía a pie y que tardaba aproximadamente una hora y media en recorrer. Los habitantes del pueblo de Pena llevaban el ataúd sobre sus hombros por esos estrechos y empinados senderos. Como el camino era muy estrecho, el ataúd era llevado solo por dos hombres, uno al frente y otro detrás. La ruta entre el pueblo de Pena y Covas do Rio tenía valles muy profundos, con molinos de viento y cursos de agua. En muchas áreas, el sol apenas estaba allí y las rocas siempre estaban mojadas y resbaladizas. Dice la leyenda que en una ocasión, al descender una de las cuestas, una persona que avanzaba con el féretro se resbaló, perdió el equilibrio y el féretro cayó encima de él, matándolo. De ahí la expresión popular de la localidad: el lugar donde el muerto mató al vivo.

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