«Será muy difícil recuperar tres años de trabajo»

Comerciantes vaticinan cierres de negocios, reducción de puestos de trabajo y caída del poder adquisitivo en Madeira

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Julio Materano

Son poco menos de las 8:30 de la mañana y hace cinco horas que Fausto dos Ramos le ganó la batalla al sueño. En la televisión nacional los noticieros compiten por dar el último balance de la pandemia. Apenas despunta su jornada familiar, empeñada al encierro, y las cifras de los contagios en Europa se multiplican después de cada minuto. Tumbado en la cama e impedido de salir, Fausto jadea el desvelo, se precipita en su angustia por el reto de iniciar su negocio de nuevo y lo asalta la tozudez de anticipar lo que, asegura, es su porción de desgracia en esta tragedia colectiva que se presenta con nombre de virus: COVID-19.

En un contexto marcado por la parálisis comercial y la inactividad turística, un cóctel letal para la economía de Madeira, los pequeños y medianos comerciantes parecen sumergidos en un laberinto de interrogantes sin respuestas. El susurro de la crisis sanitaria, que puso en sobreaviso al sector, confirma lo que es un hecho en el archipiélago y en otras regiones del mundo: el colapso de la economía.

Las calles de aceras vacías y los negocios de santamarías abajo, sin platos por recoger, retratan el desmayo de la economía en la isla cuya prosperidad parece condenada, cada cierto tiempo, al letargo comercial. Entonces las familias reinciden en las historias de recesión y austeridad que marcaron a la región a finales del siglo pasado.

«Si no hacemos el trabajo necesario para recuperar la credibilidad y rescatar la imagen de Madeira como el mejor destino turístico, los visitantes que, en cierta medida, son nuestro mayor recurso y fuente de empleo no van a querer regresar. Es un trabajo de hormiga para el cual necesitaremos todo el apoyo del gobierno y del sector privado», comenta Fausto dos Ramos, un lusovenezolano al frente de una heladería en la avenida Arriaga, un local devenido en neveras vacías con sabor a escasez.

Su negocio, dice, es producto del trabajo entre grandes amigos. En 2017, cuenta, tres venezolanos se unieron para desarrollar la idea de negocio con la que coqueteaba en Caracas, desde donde emigró en 2015. «El nuestro es un negocio que inició desde la inquietud y la necesidad de emprender. Soy informático de profesión y el campo laboral es muy limitado en Madeira y en todo Portugal, así que decidí apostar por lo seguro que, en mi caso era emprender. Mis papás tenían un abasto en Los Chaguaramos y quise aprovechar toda la experiencia de familia para arraigarme en Madeira, a donde llegué para escapar de la inseguridad en Venezuela. Pero ahora pienso que será muy difícil levantar casi tres años de trabajo», dice.

La suya no es una lectura fortuita, al margen del sentir de quienes regentan pequeños cafés, restaurantes y establecimientos de comida en Madeira. Según el Instituto Regional de Estadística, en enero la actividad turística se incrementó en 2,5%, con respecto al mes homólogo de 2019. En términos absolutos, la Región Autónoma de Madeira registró 539 mil dormidas durante el primer mes de 2020. Se trata de una cifra gruesa que no incluye los establecimientos hoteleros modestos, con menos de 10 camas. Las estadísticas oficiales prueban el auge que difícilmente podrá retornar a la región a corto plazo.

Solo los apartamentos particulares, la mayoría de ellos cuatro estrellas, registraron, en su conjunto crecimiento de cerca de 17 mil dormidas, en comparación con enero de 2019. Dos meses después, el escenario es antagónico. Es evidente, según ha admitido el gobierno regional, que la pandemia ha desencadenado una súbita parálisis de la economía regional, lo cual hace estragos en el presupuesto familiar e incide sobre el poder adquisitivo y los niveles de pobreza. Desde el parlamento regional, cuyos diputados acudieron a una sesión extraordinaria para abordar la coyuntura, la lectura es poco alentadora. Los surcos de la crisis en la escena social son profundos y tomará tiempo revertir las consecuencias.

En Portugal, donde la pandemia descabeza la actividad turística, los viajeros, que son el motor de la nación, no llegan a los aeropuertos cerrados. Ahora peligran puestos de trabajo. En Madeira, una región ultraperiférica donde residen unas 250 mil personas, la estampa de la calle es apocalíptica. Nada tiene que ver con aquella isla enérgica, resuelta en aquello de seducir turistas ávidos de entretenimiento. Y los ingleses, franceses y alemanes, que representan más del 35% de los ingresos por servicio de hotelería enfrentan, al igual que otras sociedades europeas, las secuelas de la enfermedad.

Carmen de Abreu es dueña de un concurrido café en la avenida Do Mar, la principal de Funchal. Sabe que el impacto de la crisis no es un saldo aislado en la isla de Madeira. Y cree que se necesitará mucho tiempo para revertir la incertidumbre y la vulnerabilidad económica en la que se encuentran todas las familias. «Algunos no querrán empezar de nuevo, otros simplemente necesitarán de apoyo económico para honrar las deudas con los bancos y pagar los salarios a sus empleados», asegura.

Sin ser especialistas en el área, hay quienes vaticinan el cierre de negocios, la reducción de puestos de trabajo y la caída del poder adquisitivo. Con la liquidez monetaria comprometida, las familias tendrán menos capacidad de compra y disposición para hacerlo. En China, donde la economía empieza a reactivarse tímidamente en algunas zonas afectadas, la producción de bienes y servicios cayó a niveles históricos. En Madeira, donde la carne ha sido regulada a cinco kilos por persona, se incrementó la demanda de artículos de primera necesidad con la oficialización de la cuarentena. Las compras nerviosas provocaron el pánico y algunos artículos han fallado en los anaqueles.

El gran desafío, consideran quienes se sienten amenazados por el cierre de negocios, estriba en la necesidad de revertir el desempleo que al cierre de 2019 registró una media anual de 7%, un dato que supone un descenso de 1,8% en el número de personas inactivas si se compara con 2018 cuando la tasa de paro general de 8,8%, según la Dirección Regional de Estadística de Madeira.La estadística, divulgada en el informe anual de Empleo, fija 2019 como el año con menor tasa de desempleo desde 2011. Este panorama, que suponía una atmósfera favorable para una isla cuya economía está subordinada al turismo y la prestación de servicios, podría verse afectado por la coyuntura.

A juicio del gremio, el cerco epidemiológico que el gobierno cierne sobre toda la región afecta, irremediablemente, el suministro de bienes y servicios. Para algunos es el anticipo de una depresión inevitable que se vislumbraba sobre el aparato productivo. En el centro de Funchal, donde la inactividad se refleja con crueldad, se respira el encierro. Allí la rutina luce extraviada, distante.

Para quienes le toman el pulso a la economía, la rotación de rubros será es el mayor síntoma de inestabilidad. «Algunos comerciantes se verán obligados a mudar de negocio y a reducir su nómina», augura de Abreu, quien hace vida en Madeira desde hace cinco años.

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