«Venezolanos somos un canal de comunicación entre Europa y América»

El artista plástico, Jorge Gonçalves, radicado en Viena, ha participado en más de 49 exposiciones en Estados Unidos, Austria, Hungría, España, Alemania, Venezuela, Islas Vírgenes e Italia.

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Delia Meneses

Jorge Gonçalves Romero se define como un artista productivo. Ha realizado hasta cinco exposiciones en un año y participado hasta la fecha en más de 49 muestras en países como Estados Unidos, Austria, Hungría, España, Alemania, Venezuela, Italia e Islas Vírgenes. Pero el lusodescendiente, que comenzó a pintar desde muy niño, asegura que siempre ha llevado una doble vida.

Es Ingeniero Eléctrico, graduado en 1981 en la Universidad Simón Bolívar y con estudios de doctorado en Electrónica en la Universidad de Paderborn en Alemania (1983-1988). Las artes plásticas y la ingeniería se fueron desarrollando en la vida de Gonçalves sin rivalidades. Fue una dualidad gestada en casa, en el seno de una familia que no le tenía miedo al trabajo y donde se hacía de todo.

Su padre, un madeirense (natural de Quinta Grande) que emigró a Venezuela, tanto arreglaba carros como hacía trabajos de grifería o se disponía a levantar un muro. En los Andes venezolanos, fue socio fundador de la Gran Parada Andina, un negocio de carretera que gozó de gran popularidad en su tiempo. Su madre era una andina polifacética: elaboraba retablos y marcos para cuadros, confeccionaba muñecas, cosía y cocinaba.

«Así crecí yo. En una familia en que era posible hacer cualquier actividad, desde la albañilería hasta la creación de retablos». Cuenta que en su casa había un cuarto en el que reinaba el espíritu de la creación y la invención, donde había desde cinceles hasta microscopios. Allí todo era posible y permitido, excepto limpiarlo y ordenarlo, «ya que la creación necesita de otro tipo de orden, dando espacio a otras formas y estructuras. Mis padres nunca escatimaron en la compra de materiales, se sentían orgullosos de que pintáramos y creáramos «.

Por eso no resultaba descabellado que Jorge, con 16 años, planteara su deseo de construir una chimenea. Su papá lo animó a ir a la ferretería, comprar los materiales y poner manos a la obra. «Era un ambiente de confianza que permitía y estimulaba la creatividad. Yo y mis cinco hermanos somos el resultado de eso».

Gonçalves nació en Caracas en 1958. A los seis años realiza un viaje que amplió sus horizontes y cambió su manera de ver el mundo. Una travesía que duró más de un año y cuyo destino era Madeira, donde compartiría con los abuelos paternos. Partieron en barco desde el Puerto de La Guaira hacia los Estados Unidos de América, visitando las islas caribeñas de Aruba, Curazao y Puerto Rico, hasta llegar a la ciudad de Miami, en Florida, donde comenzó la travesía transatlántica.

El trayecto no solo lo llevó a descubrir nuevas latitudes, también lo transportó a una etapa viva de la historia, dándole la posibilidad de viajar con su mente y sus sueños a través de los tiempos para abstraerse y así comenzar, a una edad temprana, viajes a otras dimensiones. Estos, más adelante, quedarán plasmados en sus obras, donde la realidad se mezcla con una forma onírica en la que el tiempo puede ocurrir en cualquier momento, presente o futuro.

«Fue a principios de la década de los 90 cuando decidí que iba a pintar sobre el ser humano. Antes pintaba bosques o calles, no había tomado la decisión de especializarme, veía la pintura como algo naiv. Después fui tomando conciencia del rol de este arte, que en mi caso, está relacionado con la rama expresionista, la sensibilidad, la conexión con el subconciente, con los sentimientos, los miedos, el erotismo, lo subliminal, las cosas intangibles», explica Gonçalves, cuya obra está marcada por el uso de los colores y el manejo de la figura humana de una forma surrealista, casi abstracta, lo que da la sensación inmediata de que lo que se ve «sólo puede ser un sueño», además de la in­te­racción hombre-mu­jer, quie­nes se fu­sionan en un so­lo ser.

«Pinto mis impresiones del ser humano. A veces unos temas sonsos, otras veces profundos y empleando diversas técnicas y materiales: acrílicos, arenas, materiales con textura, óleo, acuarela, entre otros», cuenta el artista, quien en agosto de 2019 visitó Madeira y compartió con sus tíos. «Soy un ciudadano portugués, me encanta la cultura y la gastronomía lusa, así como la sencillez y el carácter amigable de su gente».

Desde hace 28 años, Austria se convirtió en el lugar de residencia de este lusovenezolano y el territorio que le permitió desarrollarse como persona, como artista y como profesional. Llegó en 1991 para trabajar durante dos años en el departamento de Computación de la OPEP, pero la estadía se hizo permanente. Por un tiempo trabajó como consultor, luego formó parte de la OFID (Fondo de la Opep para el Desarrollo Internacional), ha sido curador de exposiciones de otros artistas. Ahora está jubilado y se dedica a su arte. En los años 90 organizó la Semana Cultural de Venezuela en Austria, un evento que gozó de gran receptividad.

«Cuando llegué a Austria en 1991 éramos 64 venezolanos residenciados aquí ahora el número debe rondar los mil», precisa Gonçalves, quien ve el arte como una forma de ayudar y de conectar a la gente que quiere ayudar. Recuerda que su primera exposición fue en  1976 en Venezuela y se organizó para recaudar fondos destinados a Guatemala a raíz del terremoto que afectó a este país. Para ese momento, él era voluntario de Protección Civil.

Piensa que en estos momentos están ocurriendo cosas interesantes en el área cultural y artística en Venezuela. «El arte es una forma de catarsis, de plantear soluciones que la gente recibe como gritos de auxilio». Considera que se rompieron las élites y que eso ha permitido el surgimiento de rostros e iniciativas nuevas. Cuando se produzca un cambio en el país cree necesario encauzar lo que se ha venido haciendo y tomar en cuenta, también, la obra de tantos artistas venezolanos que están en la diáspora.

«Los venezolanos somos un canal de comunicación entre Europa y América. Siempre somos mestizos. Y cuando un venezolano pinta está pintando con ojos internacionales. Transmite la imagen de Suramérica a través de un prisma europeo. No ocurre lo mismo en otros países como Perú, Bolivia o México. El venezolano tiene una visión global y Venezuela debe sentirse muy orgullosa de ser un país de inmigrantes. Somos el pan francés, la pastelería vienesa, el gusto por el calzado italiano, los muebles Luis XV, una mezcla de muchos estilos».

Para más detalles de la carrera artística de este lusovenezolano está su cuenta en Instagram:@jorgegoncalves1958

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